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Con un mensaje cargado de emotividad, gratitud y reconocimiento político, Tlaxcala dio el último adiós al exgobernador Alfonso Sánchez Anaya, una figura que fue recordada por su familia, exmandatarios y la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros como un hombre que entendió el servicio público como una vocación y no como un privilegio.
Durante la ceremonia póstuma efectuada en patio central de palacio de gobierno, las intervenciones coincidieron en un mismo punto: el legado del exgobernador permanece vivo en las instituciones que impulsó, en las políticas públicas que marcaron una época y en el cariño que, aseguraron, sembró entre los tlaxcaltecas.
La gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros expresó que Tlaxcala despedía "a un hombre que hizo del servicio público la razón de su vida", al describirlo como una persona sencilla, humana y cercana a la gente.
"Dejó una huella en miles de familias tlaxcaltecas y su legado seguirá vivo", afirmó la mandataria estatal, al señalar que su nombre quedó ligado a una generación que fortaleció la participación ciudadana y consolidó instituciones que continúan dando resultados.
Recordó que durante su administración se impulsaron proyectos con la convicción de que el poder solo tiene sentido cuando mejora la calidad de vida de las personas, y sostuvo que muchas de esas instituciones siguen acompañando el presente de Tlaxcala.
Cuéllar Cisneros también destacó que durante su gobierno el estado alcanzó el quinto lugar nacional en desarrollo económico, se fortalecieron los programas sociales y se sentaron bases para conducir a Tlaxcala hacia el siglo XXI sin perder de vista a las comunidades, sus raíces y su gente.
"Se queda su ejemplo, sus ideales y su legado. Como bien dice el dicho: es de bien nacido ser agradecido. Expreso mi solidaridad y cariño a su familia por el amor que le dio a Tlaxcala", expresó.
Uno de los momentos más emotivos fue el mensaje de su hijo, Alfonso Sánchez García, presidente municipal de Tlaxcala con licencia, quien dejó de lado la política para hablar desde el sentimiento.
"Antes que cualquier cargo, fue mi padre", expresó con la voz entrecortada.
Señaló que la mayor enseñanza que recibió fue entender que el verdadero privilegio de una persona es servir con honestidad y amor a su tierra.
"La política cobra fuerza cuando se hace con amor y cuando se ejerce cerca del pueblo, mirando a las personas a los ojos", afirmó.
Añadió que su padre dejó una huella profunda porque entendió que el cariño de la gente no se obtiene con discursos, sino con años de trabajo y servicio.
"Al terminar su responsabilidad como gobernador podía caminar por Tlaxcala con la tranquilidad de quien había cumplido con honestidad. El verdadero legado no está en el poder; quien transforma la vida de una persona nunca se va del todo, permanece en la memoria y en el corazón. Su legado permanecerá en quienes tuvimos la fortuna de conocerlo", expresó.
Durante la ceremonia también intervino la senadora y exgobernadora de Zacatecas, Amalia García Medina, quien recordó los principales logros de la administración de Alfonso Sánchez Anaya.
Destacó los avances en materia de salud y educación, así como el hecho de que Tlaxcala alcanzó los primeros lugares nacionales en aprovechamiento académico en secundaria durante su gobierno. También recordó la creación del Instituto Tlaxcalteca de la Juventud (ITJ), el fortalecimiento del Instituto Estatal de la Mujer y la elaboración del primer Catálogo de Arte Sacro del estado, acciones que, dijo, reflejaron una visión de desarrollo integral.
La legisladora también resaltó que el liderazgo del exgobernador trascendió las fronteras de Tlaxcala a través de su participación en la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), donde impulsó acuerdos en favor del federalismo y el desarrollo de las entidades.
Entre aplausos, recuerdos y muestras de afecto, el homenaje dejó claro que más allá de la política, Alfonso Sánchez Anaya fue recordado como un hombre de convicciones, cercano a la gente y convencido de que gobernar solo tiene sentido cuando se transforma la vida de las personas. Ese fue el mensaje que marcó una despedida en la que el reconocimiento a su trayectoria se mezcló con la gratitud de quienes compartieron parte de su historia.

