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Entre privilegios y decisiones que rayan en lo absurdo, la diputada Aurora Villeda vuelve a destacar por sus incomodas y arbitrarias decisiones ahora por presuntamente ser la autora intelectual de emitir restricciones que han indignado al personal administrativo del Congreso.
De acuerdo con testimonios, no solo bastó la implementación de un sistema de acceso con huella digital para sanitarios, con una peculiar “exclusividad” donde solo diputadas pueden utilizarlos sin restricciones, mientras que el resto del personal queda prácticamente relegado.
Pero eso no es todo. La molestia creció cuando, según versiones que se gritan en los pasillos del Palacio Legislativo este miércoles la diputada supuestamente habría dado la instrucción junto con otro grupo de legisladores para impedir el acceso del personal administrativo al comedor mientras los diputados desayunan o comen. Es decir, primero la “élite legislativa” y después, si sobra espacio, el resto.
El mensaje es claro, para congresista hay niveles y los empleados del Congreso no están invitados. La ironía no pasa desapercibida entre los inconformes, quienes ya hablan de un Congreso donde la “prole” debe esperar turno mientras la “realeza” política disfruta de sus privilegios.
Más allá del tono sarcástico que ha tomado el tema entre el propio personal, lo cierto es que estas decisiones reflejan una creciente distancia entre representantes y trabajadores. Un contraste que, lejos de dignificar la labor legislativa, alimenta la percepción de abuso, opacidad y desconexión total con la realidad.
Atrás quedaron los discursos de la diputada de que el congreso es la casa del pueblo, al contrario demuestra que no tiene calidez humana para convivir con personal del mismo poder legislativo, menos aún con ciudadanos, que dicho sea de paso se dicen decepcionados de ella como representante, quien no otorga apoyos y menos conoce las necesidades de la ciudadanía que padece de muchas cosas mientras ella dedica tiempo a decisiones cómicas, faltas de respeto y soberbias.


