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Xochitécatl, Tlax.- El espacio se ha denominado “La Casa del Pórtico” y se supone que funcionaba como una casa sacerdotal, donde acudían sus habitantes a practicar auto sacrificios con finas navajas de obsidiana.
Lo anterior fue revelado por Mari Carmen Serra, investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la UNAM.
Desatacó el hallazgo de un taller de cerámica de grandes dimensiones, dentro de las terrazas de la zona popular.
Este taller fue detectado durante las más recientes excavaciones y se sabe que comenzó a funcionar entre el año 800 y 400 a.C., mide cerca de 400 metros cuadrados.
Es uno de los más grandes que se ha logrado documentar hasta el momento.
Otro hallazgo importante ha sido la localización de tres tinas monolíticas hechas con una sola roca de basalto.
Una de las cuales tiene la forma de un corazón y considera que pudieron ser utilizadas para realizar baños rituales con agua consagrada.
Dos de las tinas monolíticas se ubican al pie de la escalinata de la Pirámide de las Flores y la segunda al pie de la Pirámide de la Serpiente.
Para explicar su función, la investigadora señala dos hipótesis.
Una, es que eran utilizadas para recoger agua de la primera lluvia y estarían relacionadas con algún ritual de agua y fertilidad; y la otra es que sirvieran como espejos, para observar el movimiento de los astros.
“Este tipo de tinas son muy particulares en la región, por ejemplo tenemos una en San Francisco Totimehuacán, Puebla y en algunos sitios de la región olmeca, pero aquí son tres”, advierte.
La de mayores dimensiones tiene un diámetro de casi tres metros y una profundidad de metro y medio, lo que implica una piedra de grandes dimensiones, casi del tamaño de una cabeza colosal olmeca.
Aunque el análisis y la interpretación de estos hallazgos aún continúa, Serra Puche explica que “La Casa del Pórtico” seguramente fue utilizada alrededor del año 600 d.C.
Se le llamó así porque está acompañada de un pórtico, algunas columnas, un patio estucado y algunas habitaciones a su alrededor.
El espacio data del periodo Epiclásico y cuenta con un altar, donde se han rescatado cientos de sahumerios y una enorme cantidad de navajas de obsidiana muy finas.
“Estas evidencias nos están diciendo que se trató de un patio donde se hacía algún tipo de ritual; por ahora nuestra primera hipótesis es que podría tratarse de una casa sacerdotal donde todo mundo tenía acceso a este ritual”, comenta.
En cuanto al taller de cerámica donde también se recuperaron importantes piezas de cerámica, se conforma de casi 40 formaciones circulares excavadas en el tepetate.
Ahí, estaban almacenadas piezas de cerámica completa, seguramente era un almacén de cerámica que se producía en ese mismo lugar, dice.
Por ahora se deberá analizar los resultados y conocer qué hacían con las piezas de cerámica, cómo la producían, cómo la intercambiaban y su relación con el valle de Oaxaca y la costa del Golfo.
Han pasado 22 años desde que Mari Carmen Serra inició las excavaciones en la zona arqueológica de Xochitécatl-Cacaxtla, pero aún quedan algunas incógnitas.
Faltan muchas cosas por saber.
Por ejemplo: la identidad étnica, con todo el problema para saber si podemos definir si sus habitantes eran otomíes y así contrarrestar la idea de los olmecas xicallancas.
¿Cómo denominan entonces a los habitantes de esta zona?
Se les refiere como habitantes de Xochitécatl-Cacaxtla. Ha habido una enorme tendencia a decir que los olmecas xicallancas son de Cacaxtla, pero con la información que ha aportado este proyecto, se ha demostrado que no es así.
Además de que hasta ahora no se sabe quiénes fueron en realidad los olmecas xicallancas y tampoco existe evidencia de que existieron.
Así que quizá en el futuro se podrían hacer estudios de ADN y determinar su verdadera identidad o su relación con los olmecas.
Otro pendiente es profundizar más en el papel que tuvieron las mujeres.
Necesitamos más información para poder afirmar si en verdad hubo un sistema matriarcal o un gobierno femenino en esta zona, tal como lo insinúan las diversas representación de las figurillas y la cosmología con el volcán Popocatépetl.
Además, existe un hiato de 200 años, entre el año mil100 y mil 300, donde aún no se sabe cómo se movió la población de Xochitécatl y por qué se mudaron de un valle a otro.
Sólo se sabe que el origen fue una erupción del volcán Popocatépetl, pero ese periodo aún está poco estudiado.
Casi siempre vemos el cielo en relación con los asentamientos prehispánicos, pero Xochitécatl nos ha enseñado que hay un entorno donde existen fenómenos geográficos como los volcanes, que influyeron en esta zona.
“Xochitécatl es una reproducción del paisaje.
Su Pirámide de la Espiral es una reproducción de Popocatépetl; la Pirámide de la Serpiente sería Iztaccíhuatl y la Pirámide de las Flores es una reproducción de la Malintzi.
Aquí hay una relación entre los cerros, las montañas, los valles y el alineamiento de los edificios”, destaca.
Mari Carmen Serra, integrante del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, publica la segunda edición de su libro Xochitécatl, donde cuenta la historia de este sitio arqueológico, detalla los materiales encontrados y las características de su sociedad.


