Dicen que el ex alcalde capitalino Pedro Pérez Lira, una vez que concluyó con la entrega recepción de su administración municipal, recibió un llamado urgente de uno de sus más cercanos colaboradores.
“Oye presidente, te informo que dejaste o se te olvidaron en el cajón de tu escritorio dos billetes de a 200 pesos”, la respuesta fue “verdá de Dios que no los vi, lo juro”, esa fue su triste respuesta.
La verdad es que en las 59 alcaldías que ya fueron entregadas y seguramente en la de Acuamanala, que es la que falta, hay un triste despertar, el desmantelamiento fue total.
De entrada hay mobiliario que no aparece como en Chiautempan, donde la mesa de la sala de sesiones de cabildo fue cambiada como por arte de magia; en el Pueblo Mágico de Huamantla, lo mismo, la magia ocurrió con los bienes de la comuna que desaparecieron.
Lo más triste es que Tlaxcala, además de ser ahora “La Cuna de los Padrotes”, gracias a los reportajes de cadenas internacionales de televisión, también es la “Cuna de la Opacidad”, por la falta de información en ese sentido.
La “Cajita de Cristal” no se olvida, ni se olvidará por ser una frase acuñada al inicio de un sexenio, que a final de cuentas se volvió en una leyenda, igualito que la “Isla de la Fantasía” de los tiempos de doña Bety Paredes.
Ahora podemos constatar que Tlaxcala también es la “Cuna de la Impunidad”, prueba de ellos ahí están las denuncias en la PGJE, en contra de alcaldes que han abusado de las arcas y han causado daño patrimonial.
No es de admirarse, ya estamos acostumbrados que desde tiempos de Emilio Sánchez Piedras, marcadamente en los de José Antonio Álvarez Lima los abusos fueron generalizados, por parte de los alcaldes.
En aquellos tiempos gobernaba el municipio de Cuapiaxtla un personaje conocido como “El Tigre”, a quien se le acusó de haber dispuesto indebidamente de los recursos para obras, algo así como tres millones de pesos, de los viejos.
Cínicamente el sujeto reconoció, con su sombrero de palma cubriéndole parte del rostro “pues la verdá si los tome, me los gasté porque le hice su fiesta de quince años a una de mis hijas… pero los voy a pagar”, prometió.
Tan parece que desde ese momento se desató el cinismo y la impunidad, de tal forma que las denuncias se acumulan cada trienio y es la hora en que ningún alcalde ha pisado la cárcel.
Los delitos ahí están como malversar los fondos, desviar recursos y mucho menos por habérsele comprobado enriquecimiento inexplicable, lo cierto es que cuentan con su respectiva patente de corzo.
La patente de corso era un documento entregado por los monarcas de las naciones o los alcaldes de las ciudades, en su caso a las corporaciones municipales.
Por el cual el propietario de un navío tenía permiso de la autoridad para atacar barcos y poblaciones de naciones enemigas.
De esta forma el propietario se convertía en parte de la marina del país o la ciudad expendedora.
Las patentes de corso fueron muy utilizadas en la Edad Media y en la Edad Moderna cuando las naciones no podían costearse marinas propias o no lo suficientemente grandes.
De esta forma Francia, Inglaterra y España las utilizaron ampliamente.
También fueron utilizadas por las naciones americanas durante las guerras de Independencia.
Se abolieron en 1856 en el Tratado de París, que dio fin a la guerra de Crimea.
Solo que en Tlaxcala la patente de corzo fue para atracar los recursos de las alcaldías, se llevaron archivos, equipo, computadoras, los parques vehiculares están inservibles.
Se robaron partes, llantas, refacciones, los equipos fueron cambiados, en especial los de computación, tuvieron buen cuidado en no registrar facturas, solo colocaban una etiqueta con un número.
De esta forma ante la descripción del bien, solamente fue cosa de cambiar o pegar etiquetas y consumar el saque, ni se diga en las listas de los beneficiarios de los programas sociales.
Se llevaron todo, hasta el perico, lo malo es que las nuevas administraciones deben iniciar de ceros, así es cada tres años, así ha sido en Tlaxcala, “Cuna de la Impunidad”, donde ahora podemos constatar que el saqueo es parecido al robo en despoblado.
En el colmo de los abusos, dejaron sin pagar cuentas de luz, teléfono, incluso de toda mala fe los sistemas operativos de las computadoras que sobrevivieron fueron dañados, el caos y la desinformación son totales… AL FIN Y AL CABO QUE NO HAY RESPONSABLES.
