“La verdad, tarde que temprano siembre sale a flote”, es una de las frases preferidas de Mariano González y tiene razón, porque poco a poco se revela la realidad como esa “cajita de cristal” o de esos informes cada cuatro meses.
Pero el asunto es lo que ha pasado en el Congreso, decía la abuela que “cuando se enojan las comadres, salen las verdades.
La diputada del PAN Rebeca González, acusó al periodista Leonel Tlalmis de El Sol de Tlaxcala quien es el que cubre la fuente del Poder Legislativo, de ser golpeteada,
Aseguró que esto es debido a que no cedió a pretensiones económicas; “exhortó al compañero del Sol de Tlaxcala me deje de estar golpeteando por una situación de una dadiva que no tuve que haber dado…no compro periodistas”.
“No compro periodistas entonces no necesito que los medios me estén diciendo y poniendo palabras que no digo en la boca”, insistió la panista desde la tribuna.
Incluso, rompió las formas la representante de uno de los poderes del Estado ya que retó al periodista y le dijo que carece de varonilidad al faltarle pantalones;
“Si quiere una aclaración aquí estoy compañero de El Sol de Tlaxcala para que lo hagamos de frente y no a través de los medios periodistas, tengo los suficientes pantalones para darte la cara compañero”.
Y ardió Troya, en una nota donde aparece el dirigente de la Unión de Periodistas de Tlaxcala Moisés Morales del Razo, también reportero de esa casa editorial, aparece junto a un indignado ombudsman,
Por cierto, el vocero del ombudsman, es o fue reportero de esa misma casa editorial, total que anunciaron que el presunto afectado y difamado ya presentó las denuncias correspondientes y que espera la actuación de la PGJE.
Moisés Morales del Razo, envió un oficio al presidente de la Mesa Directiva del Congreso del Estado, Tulio Larios Aguilar para exigirle, a nombre del gremio periodístico, que en el ámbito de las facultades que le confiere la ley como representante legal de la LX Legislatura, evite que los congresistas usen la tribuna para descalificar y difamar a quienes ejercen el periodismo en la entidad.
En los asuntos generales, el diputado local del Partido Socialista, Víctor Morales Acoltzi, leyó el documento enviado por el presidente de la UPET, debido a que el diputado Tulio Larios Aguilar no lo incluyó para darle lectura en tribuna, pese a que el pasado lunes se comprometió con el líder de los periodistas a hacerlo.
El escrito a la letra señala que: "quienes nos dedicamos a esta profesión solo somos portavoces del diario acontecer de Tlaxcala y la información que se difunde a través de los diferentes medios de comunicación para los que prestamos nuestros servicios, únicamente representa la opinión y acción de quienes informan, declaran y emiten mensajes que, desde su particular punto de vista, representan la verdad de lo que viven cada día".
Expone además que el párrafo VI del artículo 29 dentro del Capítulo Segundo de la Ley Orgánica del Poder Legislativo, referente a la ética, disciplina y sanciones parlamentarias, establece que los diputados deberán respetar la integridad física o moral de cualquier persona dentro del Recinto del Congreso del Estado, "por lo que, como gremio periodístico, apelamos al cumplimiento de éste y otros mandatos que brinden las garantías a la libertad de expresión".
"Sobra agregar en el presente escrito lo acontecido en la sesión ordinaria del pasado 21 de noviembre, cuando la diputada suplente del PAN por el Distrito XVIII, Rebeca González Hernández, arremetió en contra del compañero Leonel Tlalmis Robles, reportero de El Sol de Tlaxcala".
El oficio ventilado por el socialista agrega que de manera puntual ya fue interpuesta la denuncia penal correspondiente para dirimir el caso en los términos que la ley disponga y reitera el respeto que el gremio periodístico tiene hacia las instituciones del Estado y sus representantes.
El documento firmado por Moisés Morales del Razo, presidente de la UPET, fue enviado con copia para el presidente de la Junta de Coordinación y Concertación Política, Juan Javier Potrero Tizamitl, así como a cada uno de los líderes de la
Hasta aquí, para los afectados todo está bien, solo que hay una cuestión, quien o quienes son los integrantes de la UPET, para coartar la libertad de expresión de un diputado.
Pues no que se desgarran las vestiduras y se arrancan los cabellos porque en Tlaxcala no se respeta la libre expresión, entonces hay que ser mesurados y esperar el resultado de las investigaciones.
Como sea, si una diputada se decide por esa medida desesperada de ventilar este asunto en tribuna, está en su derecho de hacerlo, así sea en una esquina o frente al palacio de gobierno, es libre de manifestar su inconformidad.
Sería sano dejar el beneficio de la duda y que sean las autoridades las que investiguen, hay que tomar en cuenta que con 32 diputados, más los que se fueron y ganaron una elección, que hablen, que denuncien.
Fuera máscaras y que caiga quien caiga, si un diputado difama de ese tamaño, debe ser sancionado y si es verdad que hay esa práctica de solicitar “apoyos” a los diputados que lo digan.
Eso nos recuerda al mundo bizarro del cómic de Superman, donde todo era duplicado, de una manera distorsionada, por eso pensamos que hay un mundo bizarro en el Congreso.
En ese mundo, que no es la realidad, existe una hermandad de periodistas, que son como una secta, sus directores están muy contentos porque las notas son iguales, mismos temas, mismas entrevistas.
Son como una manada, tienen por supuesto a su líder feral, es quien da las órdenes de a quien hay que castigar, es más sugiere los temas y al final de la jornada o de la sesión se reparte el botín informativo.
Tienen tan educados a los diputados, que más de uno se ha disculpado al decir, “por el momento no cuento con efectivo”, o “cuánto es por la entrevista”, eso no es de apenas, la duda ofende y hace sospechar que las entrevistas y las notas tienen un precio.
Pero la hermandad es impenetrable, por eso tal vez de este mundo bizarro donde también podrían figurar jefes de información y directores, cuyo tren de vida con lujosos autos y mansiones, no corresponde a un salario modesto de reportero.
En el mundo real, en 1993 el director de Proceso, Rafael Rodríguez Castañeda publicó su libro Prensa vendida. Una historia del periodismo mexicano y su vínculo con el poder. La sentencia introductoria es vigente:
“De sexenio a sexenio, de presidente a presidente, la situación prevalece: un gobierno que ejerce el autoritarismo prácticamente sin limitaciones; una prensa en su mayoría domesticada, y un público que desconfía por igual de la prensa y del gobierno”.
Con el trasfondo del festejo del 7 de junio, fecha en que se celebró por cinco décadas –y en la mayoría de las entidades del país, sigue ocurriendo— la “libertad de expresión”, Rodríguez Castañeda recuperó muchos de los episodios más vergonzosos para el periodismo mexicano, que hoy resultan fundamentales para comprender la relación del poder político y la prensa o de, en palabras del autor, “la tarea de buscar una prensa sumisa e incondicional”.
Sin embargo, a partir del gobierno de Vicente Fox la situación cambió. La celebración presidencial dejó de efectuarse y se eligió el 3 de mayo, Día Internacional de la Libertad de Expresión conforme a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para entregar el Premio Nacional de Periodismo con base en un jurado ciudadano. Hasta entonces, el 7 de junio, fue considerado el Día de la Libertad de Prensa.
El origen de la connivencia
Rodríguez Castañeda ofrece en su libro una explicación. El 7 de junio de 1951, los dueños y directores de medios de comunicación ofrecieron una comida de homenaje al entonces presidente Miguel Alemán. Entre los anfitriones destacaban el escritor, diplomático y periodista Martín Luis Guzmán; el coronel José García Valseca y el empresario Rómulo O´Farrill.
Además, en el comité organizador figuraban los directores de Novedades, Alejandro Quijano; de El Universal, Miguel Lanz Duret; de Excélsior, Rodrigo de Llano; de La Prensa, Mario Urdanivia, entre otros prohombres del periodismo mexicano.
En discursos y declaraciones, todos elogiaron a Miguel Alemán. Ahí, el llamado cachorro de la Revolución devolvió la moneda colocando al periodismo mexicano a la altura de los mejores del mundo, testimonio del progreso del país.
Y también patentó:
“En este acto espontáneo y trascendente, el gobierno y la prensa nacionales quieren dejar un testimonio de que en nuestro país se ha convertido en una realidad inexpugnable la libertad de pensamiento, cumpliéndose los principios de la Revolución Mexicana”.
Luego prosiguió a propósito de su responsabilidad, exenta de ánimos opresores:
“Más vale tolerar y soportar los yerros que en la difusión de ideas se cometan, que disminuir, así sea en parte mínima, la libertad de expresión”.
El encuentro tuvo lugar en el restaurante Grillón. Agasajo entre el poder presidencial a su instrumento, la prensa complaciente que lo homenajea. Un menú de exquisiteces dignas de un principado:
Hígados de ganso con jalea de champaña; huevos rellenos de caviar ruso; langosta americana; arroz a la criolla; timba de jamón York a la florentina; pato en salsa de Curazao; crepas de cajeta de almendras. Vinos: Chablis 1946; champaña Charles Heidsek. Amenizó el sexteto de cuerdas del maestro Pedro García.
La comida fue un éxito y, un año después, el 7 de junio de 1952, la celebración se repitió, institucionalizando el Día de la Libertad de Prensa. A Miguel Alemán se le entregó un pergamino firmado por 111 directores de diarios y revistas, en el que reconocían el respeto del mandatario a la libertad.
Del puño de Rodríguez Castañeda:
“El Día de la Libertad de Prensa quedó así instituido mediante la unión, aparentemente indisoluble, de los empresarios periodísticos con el poder político representado por el Presidente”.
En esa época, la tolerancia de Alemán quedó probada: Dos años después de los festejos cerró el semanario Presente, dirigido por José Piñó Sandoval, donde se había expuesto la corrupción del régimen alemanista; cinco periodistas fueron expulsados de Tiempo, dirigida por Martín Luis Guzmán, quien evitó publicar los hechos del 1 de mayo de 1952, cuando hubo muertos y heridos durante una marcha alternativa a la oficial, del Día del Trabajo.
El internacional 7 de junio
En 1953, los empresarios periodísticos mexicanos fungieron como anfitriones de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), convocando además a representantes no miembros de 25 países.
En Prensa vendida, Rodríguez Castañeda explica sobre la SIP:
“En el marco de la Guerra Fría, cumplía en el ámbito periodístico un importante papel de control y tenía precisamente su sede permanente en Washington”.
El informe sobre el estado de la libertad de expresión en el continente ocultaba los graves ataques al ejercicio profesional en numerosos casos, entre otros, destacaba el caso del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo.
La delegación mexicana propuso a la SIP instituir en todo el continente el 7 de junio como Día de la Libertad de Prensa. Hubo revuelo, pues Jorge Piñó, director de Presente quien sufrió la represión, expuso su caso, en tanto otros abordaron el asesinato del director del Mundo de Tampico.
Los críticos fueron vapuleados verbalmente y, sin mayor trámite, la asamblea adoptó por mayoría la fecha, en un acto que se presentó para “expresar a don Miguel Alemán, don Manuel Ávila Camacho y don Lázaro Cárdenas, expresidentes de México, la simpatía que los periódicos de América Latina profesan hacia todos aquellos que han sabido ser, por la virtud de sus actos, paladines de la libertad de prensa”.
Episodios vergonzantes
A través de los años, la obsecuencia con el gobierno se refrendó cada 7 de junio. Del libro de Rafael Rodríguez Castañeda, algunos episodios:
–1959. Reprimido el movimiento ferrocarrilero y encarcelados sus líderes Demetrio Vallejo y Valentín Campa, ambos comunistas, Federico Barrera Fuentes fue orador en la comilona del gremio con Adolfo López Mateos. En alusión a lo anterior, dijo:
“Hubo días angustiosos y turbulentos en que fue puesta a prueba la serenidad y la energía del régimen. En esas jornadas pudo estimarse mejor la acción periodística como elemento coadyuvante en la defensa de nuestras instituciones y de la integridad económica del país, puesto que los periódicos y revistas explicaron espontáneamente a sus lectores, y sin discrepancia fundamental entre ellos, cuál era la naturaleza real del conflicto, cuáles sus raíces extranacionales, que se encubrían bajo la apariencia de un simple movimiento de huelga, y con cuánta justificación actuaba el poder…”
–1969. Perpetrada la matanza de Tlatelolco, el gremio periodístico acude, como cada año, al banquete presidencial. Los meses han sido críticos para la prensa mexicana que ve crecer la consigna de “¡prensa vendida!”. Martín Luis Guzmán fue el orador:
“El gobierno, en ningún momento, coartó o intentó coartar la libertad de prensa. Dejó, consciente de sus deberes, que los periódicos asistieran libérrimos al conflicto; que libremente reflejaran en sus páginas según el criterio o las inclinaciones de cada uno o que, incluso, participaran en él. Ninguna de nuestras publicaciones recibió consigna alguna, franca o velada, ni la más leve advertencia o indicación… así pues, nos sentimos obligados a declarar, cosa que hacemos satisfechos y orgullosos –satisfechos como periodistas, orgullosos como mexicanos—, que la libertad de prensa no ha sufrido el menor menoscabo por parte del gobierno de la República, ni en la horas más sombrías del año comprendido entre el 7 de junio de 1968 y hoy…
“…No titubeamos en reconocer que, frente a tamaña coyuntura, nuestros periódicos siguieron usando su libre albedrío para discrepar en lo que para cada uno de ellos era la verdad: la verdad de los hechos y la veracidad o falsedad con que el movimiento subversivo y sus simpatizantes, disimulados o francos, los explotaban para acrecentar la agitación, para explicar y aun justificar los desmanes y la violencia, y para presentar a los supremos depositarios de la legalidad como a funcionarios incomprensivos, injustos, ciegos en el desempeño de su cargo, y a tal punto transgresores de la ley que ni la Constitución misma respetaban.
“Lo felicitamos a usted, señor; y si, efectivamente, en algo fallamos a esa hora, lo lamentamos sin la menor reserva, y esto hace que nuestra felicitación resulte aún mayor. Lo aplaude a usted una prensa que al ejercer plenamente su libertad demostró no ser prensa vendida, como la malicia y la subversión nos gritaban, y la hubieran querido, dentro del cálculo de sus planes. Lo aplaude una prensa cuyas experiencias últimas la confirman en su postura independiente, y la cual, gracias a su independencia misma, cree servir bien al régimen democrático e institucional del México de hoy, al México de libertades, realidad y promesa, que debemos a nuestra revolución, la Revolución Mexicana, todavía en marcha”.
De esa comilona, el fundador de Proceso, Julio Scherer García, narró en su libro Los presidentes:
“Conocíamos a la gran mayoría de nuestros colegas, inclinados ante el poder. El 7 de junio de 1969, Día de la Libertad de Prensa, aprovecharon la oportunidad para rendirle otro acto de acatamiento al presidente Díaz Ordaz, como si lo necesitara tan explícito y servil. Una ovación como no se había escuchado en estas celebraciones premió sus palabras. Inimitable maestro del lenguaje, Martín Luis Guzmán había dedicado su genio a la exaltación de Díaz Ordaz. Qué no le debía la República. Libertad, tranquilidad, paz, orden, progreso.
“La ovación seguía y seguía. Igual que una lluvia tenaz, obsesiva. De frente a centenares de periodistas, entre el secretario de la Defensa, general Marcelino García Barragán, y el secretario de Relaciones Exteriores, Antonio Carrillo Flores, yo permanecía con los brazos desmayados. Nada me haría aplaudir”.
–1976. La cúpula del periodismo mexicano tiene un viejo anhelo: que el presidente instituya el Premio Nacional de Periodismo y lo entregue el 7 de junio. Luis Echeverría, ese año, lo hace posible. La algarabía desborda hasta que un periodista chiapaneco, Augusto Villarreal, denuncia a talamontes en su estado, una matanza de indígenas perpetrada por el Ejército, entre otras cosas, que revelan la barbarie gubernamental y el silencio cómplice de la prensa. El presidente toma la palabra:
“Podemos afirmar que a nadie se ha perseguido, o siquiera molestado, por la expresión de sus ideas. La crítica no ha sido simplemente tolerada, sino se ha convertido en fuente y motor de muchas decisiones gubernamentales, cuando ha sido producto del estudio, la reflexión y la responsabilidad verdaderas, así como cuando se ha caracterizado por sus finalidades constructivas y patrióticas”.
Unas semanas después, el gobierno de Luis Echeverría perpetraría el “golpe a Excélsior”.
–1982. La economía del país va en picada y las críticas a la petrolización iniciadas desde años atrás en las páginas de Proceso van realizándose ante la indignación gubernamental. El presidente José López Portillo ordena suspender la publicidad en las páginas del semanario (práctica que asumirían después Vicente Fox, Felipe Calderón y, actualmente, Enrique Peña Nieto). En la reunión anual con la prensa nacional, el mandatario, en un desplante de franqueza sobre su noción del manejo patrimonialista del gasto gubernamental, la personalización de la crítica y su noción sobre el ejercicio del periodismo, expresó:
“¿Una empresa mercantil organizada como negocio profesional tiene derecho a que el sistema le dé publicidad para que sistemáticamente se le oponga? Esta es, señores, una relación perversa, una relación morbosa, una relación sadomasoquista que se aproxima a muchas perversiones que no menciono aquí por respeto a la audiencia: te pago para que me pegues. ¡Pues no señor!”
–1985. El asesinato de Manuel Buendía y diversos episodios de represión contra periodistas críticos. Ese año, el orador es Regino Díaz Redondo –el que encabezó nueve años antes el golpe a Excélsior con patrocinio de Echeverría Álvarez–, dice a Miguel de la Madrid a nombre de “la prensa seria del país”:
“Cuenta usted con una prensa noble y seria, analítica y plural, crítica y respetuosa de la democracia en que vivimos y, sobre todo, con la inteligencia y el ánimo dispuestos a trabajar por el bien del país.
“En sus esfuerzos por vencer la crisis tiene usted a su lado a los periodistas independientes de México”, presumió Díaz Redondo.
En fin, que en Tlaxcala hay indignación, pero ya es tiempo de que esto cambie, que hablen los afectados, que de la cara quien esté libre de culpa, porque falta abundar en el caso de los presidentes municipales… LA CLOACA SE DESTAPA.
