Como un fantasma, el recuerdo de la banda de “Los Gavilanes” vuelve a rondar el campus universitario, eran otros tiempos cuando las luchas encarnizadas a balazos y golpes entre gavilanes y “carolinos” mantenían en zozobra a los tlaxcaltecas.
Las balaceras, con saldo sangriento dejaron huella allá frente a la entrada principal de Sedesol, aún se aprecian los orificios de las balas, lo mismo que en una barda frente a lo que era el departamento de Derecho, a un costado de la ribera del Zahuapan.
Parce flotar en el ambiente el recuerdo añejo de apodos como “El Gavilán Mayor”, “El Toro”, “El Calenturas”, “El Canelo”, “El Chava” y tantos protagonistas de una lucha que se acabó con el ímpetu de la juventud.
Ahora son intereses políticos, como antes, por el control de las masas para lograr objetivos políticos, para seguir utilizando a esa masa de gente muy mansa, que tal pareciera que no piensa o reacciona, hasta parece que les gusta que los utilicen como carne de cañón.
Al grito de la defensa de la autonomía, se han instalados esos ridículos campamentos, las, los estudiantes y algunos de sus maestros están en pie de guerra contra un enemigo invisible, que les quiere quitar su coto de poder, que tarde que temprano se tiene que acabar, todo cambia.
Gracias a una profunda investigación del maestro Raúl Jiménez Guillen, atizábamos un poco el pasado, para saber de qué se trata la mentada autonomía universitaria.
Como se recordará, Ernesto García Sarmiento formó parte del grupo denominado “Los Gavilanes”, el cual fue eliminado de la vida universitaria por el gobierno del estado cuando se fundó la UAT
El nacimiento de la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UAT), sin duda, se encuentra entre las paredes del Instituto de Estudios Superiores del Estado (IESE).
Pero no ocurre como en otras entidades en donde éste se transforma para dar origen a la universidad.
Al IESE se le arrebatan las escuelas superiores y se le deja seguir existiendo, la razón: el gobierno estatal busca eliminar al grupo que promovió su creación y se encuentran enquistado en el IESE: los llamados gavilanes.
Los años 1964, 1967 y 1976 marcan la historia de la Universidad Autónoma de Tlaxcala.
En 1964, el entonces director del Instituto de Estudios Superiores del Estado de Tlaxcala señala que: “aproximadamente un 25 por ciento de los alumnos egresados hace dos años, se marcharon a las universidades de Puebla y México para inscribirse en una carrera.
Por lo que la creación de la Universidad Autónoma de Tlaxcala está muy próxima y no sería remoto mencionar que posiblemente para el año entrante comenzará a funcionar como tal”; y anuncia que:
“Fueron escogidas para funcionar en primer lugar las escuelas de Comercio y Administración y la escuela de Derecho y Ciencias Sociales, en virtud de que su mantenimiento es más económico y actualmente hay material seleccionado de personal docente”.
Tres años después, en 1967, el gobernador Anselmo Cervantes promueve la creación de un patronato pro universidad de Tlaxcala; para ello convoca a las “fuerzas vivas de la entidad” en el teatro Xicoténcatl donde se realiza la primera cooperación que alcanza la cifra de dos mil 200 pesos que se depositan en la cuenta número 1546 del Banco de Oriente.
El gobernador dedica tiempo para localizar un terreno para la universidad e impulsa la construcción a través de aportaciones en especie.
Con el objeto de “imprimir un espíritu de mayor solemnidad”, el 20 de noviembre se realiza un desfile donde están representados los 44 municipios de la entidad.
Unos niños depositan, en el sitio en que se construirá la universidad, un puñado de tierra traído desde todos los rincones del estado y siembran lo que será el “árbol de la unidad tlaxcalteca”.
En los albores de 1976, el grupo del IESE anuncia su interés por presentar ante las autoridades de la Secretaría de Educación Pública “los estudios de la futura Universidad de Tlaxcala”.
La Dirección de Relaciones Institucionales sugiere al gobernador nombrar una comisión para “estudiar el proyecto”.
El gobierno designa al secretario general de Gobierno, Samuel Quiroz de la Vega y a los “tlaxcaltecas distinguidos” Crisanto Cuéllar Abaroa, Salvador Domínguez Sánchez y Antonio Álvarez Lima.
El IESE nombra a los profesores: Armando Prado Montiel, Tomás Munive Osorno y Rodrigo Preciado Corona, y a los estudiantes José Juan Montiel Portillo, José J. Cruz García y Ángel Luciano Santacruz.
El gobierno del estado cuenta con proyecto propio y nombra a Alfonso Sánchez Anaya para que se ponga en contacto con la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), con el propósito de crear una “facultad” que interese “a los jóvenes tlaxcaltecas en carreras de agronomía y veterinaria”.
Expropia y ofrece la ex hacienda de Santa Elena, municipio de Natívitas, como sede.
Las autoridades de la UAM nombran a Francisco Trueba Lanz para que en coordinación con el representante del gobierno se encarguen del proyecto.
El gobierno del estado “acondiciona los locales” de lo que la UAM denomina una “extensión”, ya que ahí sólo se “realizarán prácticas experimentales de acuerdo con los planes de estudio de las carreras de Agronomía, y Veterinaria y Zootecnia”.
El presidente Luis Echeverría plantea la creación de la Universidad del Tercer Mundo y considera posible una “facultad” en Tlaxcala”.
Comisiona a Rafael García Quevedo y Rafael Minor Franco como encargados del proyecto.
El 19 de abril se determina la fundación del Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo (CEESTM).
Frente a estos dos proyectos, el grupo del IESE presiona al gobernador para que: “agilice su promesa solemne de que el IESE se transforme en la UAT” y demandan públicamente al presidente de la República, “se sirva acordar en este acto la creación de la Universidad Autónoma de Tlaxcala”.
En manifiesto publicado se anota que “la institución que anhelamos, deberá conjugar las aspiraciones y realidades basadas en estudios que al efecto han realizado la Secretaría de Educación Pública y la Comisión de Planeación designada para el efecto”.
El presidente de la República autoriza un subsidio de 8 millones de pesos y solicita al gobernador “abrevie el proceso legal para que en el mediano plazo regrese a Tlaxcala a hacer la declaración inaugural”.
Situación que se cumple el 13 de noviembre cuando el secretario general de Gobierno entrega al Congreso local la iniciativa para la creación de la UAT, la que es aprobada el 20 de noviembre y publicada en el Diario Oficial el 24 de noviembre.
El 29 de noviembre, a dos días de entregar el poder, el presidente de la República realiza una gira por Tlaxcala y “pone los cimientos de lo que serán tres grandes instituciones de enseñanza superior”: la UAT, la extensión de la UAM y el CEESTM.
En el documento “Bases para la elaboración de un anteproyecto para la planeación y organización de la Universidad Autónoma de Tlaxcala (1976)”, se perfila que la Universidad deberá tener un alto grado de integración, constituyéndose por grandes unidades interdisciplinarias, denominadas departamentos.
Esta permitirá garantizar la calidad del aprendizaje, al concentrar la docencia, de un mismo tipo de asignaturas.
Corresponde al departamento ofrecer y organizar las asignaturas y actividades de aprendizaje e investigación que conforman una licenciatura universitaria.
Dichas actividades se integran en tres núcleos sucesivos que cumplen funciones particulares en la formación del estudiante y permiten cumplir tres objetivos académicos:
a) una sólida formación metodológica en las disciplinas básicas de cada profesión;
b) una mayor variedad de posibilidades de especialización; y c) el establecimiento de salidas laterales.
El decreto número 95 que crea la Universidad Autónoma de Tlaxcala anota en su artículo transitorio tercero que: “el primer rector de la Universidad Autónoma de Tlaxcala será designado por el ciudadano gobernador constitucional del estado”.
El gobernador presenta al Consejo Técnico del IESE una terna integrada por Joaquín Cisneros Molina, Germán Escobar Ramírez y Luis Carvajal Espino, situación que molesta al grupo del IESE, pues considera que entre ellos no se encuentra ninguno de los “promotores de la Universidad”.
Este hecho, marca la ruptura entre el IESE y el grupo que había hecho de él su territorio y la naciente Universidad Autónoma de Tlaxcala para iniciar uno más afín al gobernador y alejado de los gavilanes, que se habían posesionado del IESE.
Formalmente la UAT no es una prolongación o transformación del IESE, sino una ruptura, pues se toma a las escuelas de educación superior que éste tiene para darle sustento.
Pero se desplaza a todas las autoridades, y representantes de maestros y alumnos del IESE en la integración de las autoridades unipersonales y colegiadas, lo que provoca una reacción violenta de los gavilanes, que en la sesión del Consejo Universitario de marzo de 1979 hacen su último intento por recuperarla y fracasan:
“En esos momentos, se empezaron a escuchar voces, porras, gritos y golpes violentos en las mamparas y puertas, así como insultos e improperios en contra del Consejo Universitario y especialmente en contra del director del departamento de Comercio, Javier Lima Paredes.
Violaron la cerradura de la puerta de la Rectoría y forzaron también la cerradura de la puerta de acceso a la sala de Consejo, donde éste se encontraba deliberando en torno a este asunto”.
La fuerza del gobierno del estado dispersa a los gavilanes y los elimina de la vida universitaria.
El 20 de noviembre de 1976, el Congreso del estado libre y soberano de Tlaxcala, vía el decreto número 95, aprueba la Ley Orgánica de la Universidad Autónoma de Tlaxcala.
En su artículo primero deja bien claro: “Se erige la Universidad Autónoma de Tlaxcala”; y en el siguiente artículo perfila de manera clara y contundente: “La Universidad Autónoma de Tlaxcala es un organismo de servicio público descentralizado, con personalidad jurídica, patrimonio propio y plena autonomía en su régimen jurídico, económico y administrativo”.
Producto de la experiencia conquistada por el movimiento de los estudiantes de Córdoba de 1918 y como señala el artículo tercero constitucional, al crearse la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UAT) es dotada de autonomía, otorgándole las siguientes características:
a) Ser un organismo de servicio público descentralizado,
2) con personalidad jurídica, patrimonio propio, y
3) plena autonomía en su régimen jurídico, económico y administrativo.
¿Qué significa esto?
La autonomía reviste un doble sentido: por un lado la UAT es una institución creada por entidades de legitimidad democrática, es decir, por el Congreso local cuyos integrantes han sido electos por la ciudadanía; y por el otro, no está subordinada a ellos porque se le reconoce una competencia técnica específica, que en este caso es el servicio público de educación superior.
La personalidad jurídica y el patrimonio propio, se refieren a que a esta entidad se le concede independencia orgánica, lo que significa que en su régimen interno puede libremente organizar sus funciones a efecto de cumplir con la competencia reconocida, pero no le faculta para modificar la ley fundamental que le da origen, porque esa potestad la tiene el órgano que lo crea, o sea el Congreso local.
La plena autonomía en su régimen jurídico, económico y administrativo, es la confirmación de que a la Universidad se le otorga la capacidad para definir y ejercer su presupuesto, el cual es asignado con recursos públicos a través de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión y del Congreso local, lo que a su vez lo obliga a la transparencia y a la rendición de cuentas.
La autonomía se constituye en el eje central de la Universidad, pero no es, como lo señalan algunos estudiosos del Derecho, una patente de corso para que sus actos o decisiones rayen en la arbitrariedad o la ilegalidad, razón por la que sus acciones quedan sujetas a la normas que le dan origen y a la responsabilidad como cualquier otro ente público. La autonomía no es extraterritorialidad.
En el capítulo tercero de la Ley Orgánica de la Universidad que se refiere al gobierno de la universidad, se establece que las autoridades de ésta son de carácter colegiado y unipersonal, dentro de las unipersonales destaca el rector, al que en el artículo 19 se le reconoce que:
“El rector de la Universidad será su Autoridad Ejecutiva máxima y el representante legal del Consejo Universitario; durará en su cargo cuatro años y podrá ser reelecto por una sola vez, pero no en el periodo inmediato”.
La prohibición de la reelección, una vez concluido el periodo del primer rector, va a suscitar una polémica en torno a la interpretación del transitorio segundo de la Ley Orgánica de 1976, que a la letra dice:
“El primer Rector de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, será designado por el Ciudadano Gobernador Constitucional del Estado”, situación que para darle un tinte democrático se había presentado una terna por el gobernador ante el consejo técnico del IESE, a efecto de designar al primer rector, pero al no existir acuerdo asume la potestad que la ley le otorga y designa a Luis Carvajal Espino, el que al término de su periodo decide reelegirse.
El argumento que Carvajal Espino desarrolla es que él no había sido electo, sino designado por lo que tenía derecho a la elección; para validar esta interpretación se le paga, con recursos de la Universidad, a un connotado constitucionalista, la cantidad de 100 mil pesos para que haga una interpretación del artículo en cuestión, a efecto de confirmar la idea de la elección del rector en funciones.
Con la intención de amortizar los efectos de esta decisión y contar con espacios para incorporar a quienes se habían convertido en sus adversarios, el rector presenta al Consejo Universitario, en la sesión del 28 de agosto de 1980, la propuesta para “la revisión de la Ley Orgánica y los estatutos”, misma que es aprobada en febrero de 1981 por el Consejo Universitario y seis meses después, en agosto, por el Congreso del estado.
Entre las reformas presentadas y aprobadas por el Legislativo se encuentran:
1) transformar la Secretaría General en cinco secretarías: Académica, Administrativa, de Finanzas, de Extensión Universitaria y de Investigación Científica;
2) eliminar del rubro de autoridades universitarias a los directores de organismos de Investigación y de Difusión Cultural de la Universidad, para dejar únicamente a los directores de departamento académico;
3) ampliar la representación de los estudiantes de uno a dos por departamento académico, así como incluir en el Consejo Universitario al representante del sindicato mayoritario;
4) quitarle competencias a los consejos académicos divisionales, y
5) concederle al rector voto de calidad.
Lo que el rector pretende, con estas modificaciones, es contar con espacios para ubicar a un mayor número de personas en los puestos directivos de la Universidad, a efecto de disminuir la inconformidad que generó su “re–elección”.
En tanto eso sucede, en la sesión ordinaria del Consejo Universitario, celebrada el 26 de noviembre de 1980, “se declaró electo como Rector al Dr. Luis Carvajal Espino para el cuatrienio 1980– 1984”.
El alumno “consejero de Trabajo Social ... añadió que como representante de la comunidad estudiantil del Departamento de Trabajo Social se abstendría de votar en la elección del Rector, ya que era el deseo de la mayoría de sus compañeros por considerar que se trata de reelección a pesar de que se ha manejado como primera elección de Rector”.
Paradójicamente el periodo apenas dura 15 meses, en los que coyunturalmente se presentan los primeros problemas financieros de la Universidad, y se producen las primeras movilizaciones encabezadas por el Sindicato de Trabajadores de la Universidad Autónoma de Tlaxcala (STUAT).
El 2 de febrero de 1981 surge el problema: el Consejo Universitario en pleno se traslada al Palacio de Gobierno para sostener una reunión con “el gobierno del estado para solicitarle su apoyo al Lic. Tulio Hernández Gómez, Gobernador del Estado (ante) la falta de cumplimiento de la Secretaría de Educación Pública en cuanto al financiamiento presupuestal”.
Situación que se prolonga durante todo el año, y en la sesión extraordinaria del 18 de enero de 1982, “Participa el Rector dando la bienvenida a los presentes explicando el objeto de la reunión que es en relación al grave problema económico que se padece, debido a que el gobierno no ha entregado el total del presupuesto del año pasado y a la fecha no se ha dado un solo centavo del gasto corriente, por lo que no se han pagado aún los sueldos correspondientes a la primera quincena”.
Se acuerda que:
1) la Comisión de Presupuesto se entreviste en un máximo de dos días a partir de la fecha, con el señor gobernador del estado, para que dé solución al problema financiero de la Universidad;
2) en caso de que los compromisos superiores del gobernador no le permitan recibir a la comisión, se publicará una carta abierta en los principales diarios del país, dirigida al ciudadano presidente de la República;
3) si se logra entrevistar al C. gobernador y no puede solucionar los problemas económicos de nuestra Universidad, se hará una carta abierta de protesta a la Presidencia de la República y autoridades de la Secretaría de Educación Pública, en un plazo no mayor de dos días;
4) si la carta abierta ... no da resultados, se iniciará un paro indefinido en la UAT y se pedirá apoyo a la ANUIES; y 5) si no existe una solución con lo anterior se hará una marcha a México.
Un mes después, agobiado por los problemas internos y externos, el 26 de febrero de 1982, “el C. Rector Dr. Luis Carvajal Espino presentó su renuncia con carácter de irrevocable y pidió se le permitiera retirarse, renuncia que fue aceptada por los miembros del Consejo”.
La reforma de la Ley Orgánica de la UAT aprobada por el Congreso del estado en 1981, no constituye más que la formalización de las decisiones de una autoridad unipersonal que había decidido prolongar su mandato, pero no fue producto de las necesidades o expectativas de la comunidad universitaria.
Ni siquiera una propuesta que permitiera avanzar en las tareas que la sociedad le había encomendado a la institución. Lo que refleja la prevalencia del peso de lo unipersonal por sobre lo colegiado que se subordinan a la figura individual del poder representado por el rector, ya que en él se reúne la autoridad y representación legal de la Universidad.
La historia de la UAT es larga e interesante, en esta entrega solo es parte de los inicios, de cuando nacía la institución, a la distancia todo parece regresar, la historia parece repetirse, ya veremos de que están hechas las nuevas camadas de universitarios… OJALÁ Y NO LOS MANIPULEN.
