Llamó la atención de algunos comunicadores esa llamada del titular del ejecutivo para el compañero Fabián Robles Medrano, al aire, el alto funcionario habló para felicitarlo por sus 25 años de trayectoria.
Nos queda claro que en sus trincheras el comunicador ha puesto su mejor esfuerzo, bien por él, todo cuesta, recordamos esa frase de Roberto Rock en El Universal, en periodismo “no solo hay que llegar, lo difícil es mantenerse”.
Pero sobre todo vigente, con esfuerzo y en la talacha diaria, Fabián es gente de trabajo y nos consta, tal vez por eso causó cierta extrañeza esa llamada, en verdad que no es fácil que Mariano González tenga esa atención.
No es que sea mala educación, es cuestión de carácter, lo que hace reflexionar que ese apenas fue un asomo de intento por mejorar sus relaciones con los medios, tal vez más rotas que ese tejido social del que tanto habla.
Qué bueno que a un compañero se le reconozca su trabajo, pero en el fondo la verdad es que nadie le cree, porque el comportamiento del político ha sido de franco desprecio para los comunicadores que lo critican.
Ramón Nava Flores ya sintió el rigor, la mano aterciopelada de hierro, por criticar al mandatario ya dejó de escribir su adenda política en Agenta Tlaxcala, dijo que le dijeron que fue por cuestiones administrativas.
Pero en el fondo todos sabemos que se atrevió a criticar al mandatario, bueno a sus ayudantes por no dejar que lo entrevistaran, eso les pasa a quienes en algunas ocasiones intentan abundar en la información.
A veces no es por molestar, pero la verdad es que los problemas de Tlaxcala son tantos y tan complejos que se busca la opinión adecuada, pero en lugar de hallar una guía, viene la reprimenda, el enojo, el alejamiento, la cerrazón.
Ahora vinieron los empujones, el marcaje personal cuando detectan a periodistas que no han sido invitados, por ejemplo a esas giras de información ¿a qué le tienen miedo?
En otras los periodistas buscan la entrevista para ver de qué forma se solucionan los problemas, pero el muro ciego y sordo se eleva cada vez más, en tres años ya tiene una altura considerable.
Pero nada es para siempre y al final la verdad siempre flota, como esa caja de cristal que no aparece por ningún lado, menos esos informes cada cuatro meses, porque es la hora en que no hay informe de gobierno.
El pueblo tiene memoria, no olvida, como tampoco olvida que los integrantes de la Caiptlax ya van de salida, que vienen otros y que esos personajes dejan tras de sí una cauda de irregularidades.
Este ente de la función pública, que se supone es el vigilante de que se transparente la información, tiene más cola que un lagarto, es una pena para los tlaxcaltecas contar con gente en el servicio público de esa calaña.
Todo va de la mano, si la cabeza está mal, el cuerpo está peor, basta analizar y observar a las y los diputados cediendo al mejor postor su voto para aprobar las cuentas públicas.
Si la cabeza no rinde cuentas, los angelitos menos, por eso Tlaxcala se ha convertido en tierra de la impunidad, donde cada quien hace lo que quiere porque ese miedo que dicen tenerle al mero mero, es pura simulación.
Se tienen contralorías, federales, estatales y de nada sirven, porque aunque se detecten irregularidades, en Tlaxcala no pasa nada, eso está más que probado, por eso ya es tiempo de que los ciudadanos tomen cartas en el asunto.
De risa loca fue la payasada de propuesta del PAN para iniciar juicio político en contra de los integrantes del IET, que vergüenza que a estas alturas se crea en fantasmas y brujas, parece que regresamos a la época medieval.
A ver que nos digan los panistas en qué parte del país ha progresado un juicio político, quien ha sido castigado en Tlaxcala por abusar del poder, por enriquecerse ilícitamente.
Por tirar el dinero en obras que no sirven para nada como ese parador turístico en San Miguel del Milagro, es lo mismo que la plaza del bicentenario, que la frustrada central de abasto y sí mucho nos apuramos para allá va la ciudad judicial.
Es por eso que no creemos que sea con alabanzas, sino con hechos que no solo demuestren buena voluntad, porque es mejor el desprecio, pero que cumplan con su obligación que mantener relaciones perversas.
Ya les comenzó a ir mal, lo malo es que a todos los tlaxcaltecas nos llevan entre las patas, no se vale que un pueblo trabajador y noble tenga a esa clase de gobernantes… ¡QUÉ VERGÜENZA!
