• Pedro Morales
Carlos Ixtlapale Gómez como los avestruces esconde la cabeza.

Es inaudito que las peleas de las pandillas en Huamantla hayan superado a los heridos por asta de toro y conste que fueron 25 los que fueron soltados en la Huamantlada, familias y visitantes fueron presa del terror ante la violencia.

Solo quedan dos alternativas, reglamentar con dureza este evento, para evitar la venta indiscriminada de alcohol, sobre todo en las 17 calles donde se instala el circuito.

La otra es suspender definitivamente el festejo, porque el sábado Huamantla fue un pueblo sin ley, sin vigilancia, sin orden y sin autoridad.

La venta de bebidas embriagantes fue indiscriminada desde temprana hora, a medida que se acercaba el festejo grupos de jóvenes ya presentaban los efectos del alcohol.

Con la mirada perdida no midieron el peligro, sin embargo a muchos de ellos la suerte los cobijó, pero una vez que concluyó el recorrido de los toros, la violencia se desató por varias calles.

Los vándalos se enfrentaron y no respetaron a hombres, familias, mujeres y niños, se dieron con todo, con piedras, palos tubos y lo que tuvieran a la mano, sin miramientos en un acto de salvajismo que no se debe repetir.

Los policías municipales se desaparecieron, era imposible contener a los pandilleros, los pleitos se multiplicaron porque las bandas de los barrios esperan ese día para saldar cuentas.

 Mientras el alcalde se escondía, no daba la cara y menos sus funcionarios, por momentos Huamantla fue un pueblo sin ley, sin autoridad y como siempre al final de todo llegaron los policías estatales y no se sabe de un solo detenido.

Salvo los heridos que fueron hospitalizados, uno de ellos resultó con una herida muy grave en el abdomen, causada por una navaja, muchos más se fueron a curar a sus casas.

El ambiente era tenso hasta entrada la noche, se veía deambular a jóvenes totalmente alcoholizados o drogados insultando a la gente y provocando, fueron horas de terrible caos.

Es la hora en que el área de comunicación social del municipio de Huamantla no dice esta boca es mía, no existieron garantías para nadie y el caos y la desinformación fueron una muestra de lo que no debe ocurrir.

Lo mismo pasó en Sesa, se limitaron a ofrecer una conferencia de prensa, pero tampoco se mostró capacidad profesional para el manejo de la información que requerían los familiares de los lesionados.

Este detalle llama la atención, porque está de moda que en oficinas del gobierno, federales y en los municipios, se contraten a cientos de personas, con buenos sueldos y no operan.

Este es un reflejo de lo que pasa en la actual administración, el ostentar un cargo de comunicador, significa una gran responsabilidad, lo malo es que cuando los llamados “enlaces” ofrecen sus servicios, pintan un panorama que no existe.

Los resultados saltan a la vista, no hay capacidad para atender las emergencias, pero eso sí, a los voceros les encanta salir en la foto, invariablemente se paran junto a su jefe en caso de las entrevistas, para justificarse.

Pero los resultados saltan a la vista, la desinformación como en el caso de Huamantla genera caos, desorientación y es el principio de muchos de los males que se viven en Tlaxcala.

Ahí tenemos a Papalotla, donde niegan lo que es evidente y solo es cuestión de tiempo para que la bomba explote, en el Carmen Tequexquitla la violencia está latente, lo mismo que en San Pablo del Monte.

Ahí la llevan, algunos ya casi se van, pero siguen saliendo camadas de comunicadores, algunos merecen un reconocimiento por su constancia y responsabilidad, pero otros como en el caso que nos ocupa merecen…PRESENTAR SU RENUNCIA.