• José Vicente Sáiz Tejero
Tiempos de Democracia

 

  • Las ociosas especulaciones sobre una alianza sin futuro tienen distraida a la opinión pública 
  • Nada indica que no se pueda repetir el “efecto Peje” que en Tlaxcala arrasó al PRI en el 2012
  • La presencia en Tlaxcala de Beatriz Paredes, factor a considerar en la elección del 2016

  Al día siguiente de las elecciones federales del pasado junio, se comenzaron a gastar en Tlaxcala toneladas de papel y de tinta en el ocioso ejercicio de hacer las más variadas conjeturas en torno a una eventual alianza opositora, con fuerza suficiente para vencer la propuesta oficialista en el 2016. Sin embargo, luego de semanas de vanas especulaciones lo cierto es que, en materia de coaliciones, se está en el mismo sitio que al principio. La realidad no se ha modificado, ni ha surgido indicio alguno que lo modifique. Y la verdad sea dicha, al no surgir nuevos elementos de interés, tantas variaciones sobre el mismo tema llegan a aburrir. En este espacio -va ya para tres meses- se enumeraron las razones que hacían inviable, no la constitución de la alianza -para la que sólo basta un acuerdo cupular- sino la articulación de un programa político común, y -lo más difícil- la selección consensuada de un líder -mujer u hombre- que la pudiera encabezar. Y en esas estamos.

Alianza opositora, un proyecto sin futuro

  Hasta el momento, ninguno de los que buscan abanderar esa entente partidista de oposición se ha manifestado dispuesto a declinar en su aspiración, ni tampoco a aportar su capital político y sus recursos financieros a la causa aliancista. Y es que nadie de los que hasta ahora han alzado la mano tiene entre sus planes que, a cambio de su sacrificio solidario, se le relegue a la retaguardia del proyecto. La pasión de los aspirantes por Tlaxcala y por la democracia, no alcanza esos extremos de abnegación. Reitero mi opinión: sin un objetivo que justifique, valide e inspire ética y políticamente la unificación de intereses que por definición son disímbolos, y sin un líder que destaque entre los convergentes, la concreción de un pacto que satisfaga las ambiciones de todas las partes es imposible. Por lo demás, cualquier acuerdo al que arriben será moralmente impresentable, de cara a una sociedad convencida de que, quienes dicen luchar a favor de los tlaxcaltecas, no los mueve otro afán que luchar, sí, pero a favor de sí mismos. Se trata de la conquista del poder por el poder mismo, y no hace falta gran perspicacia para adivinar con qué innobles propósitos.  

Conciliación imposible

  Asusta imaginar la clase de equipo gobernante que se armaría a partir de esa quimérica fusión de partidos que ni siquiera han podido resolver sus propias e interminables divisiones internas. Agréguese que, entre los muchos que se han apuntado para ponerse al frente de la multicitada coalición, no se ve a ninguno con la suficiente ascendencia política y moral para arbitrar la lucha que -por las mayores tajadas del botín- se desataría entre panistas, perredistas, orticistas, ex petistas, y demás subgrupos sin filiación precisa que, al no tener cabida en otras opciones, buscarían integrarse a tan informe amalgama de ideas y ambiciones. Concluyo: sea quien fuere el que encabece un engendro político de esa naturaleza, no sólo le resultará imposible organizar una campaña eficaz, sino que además tendrá como adversarios a los elementos de las fracciones partidistas que se queden fuera del reparto aliancista. En suma: se trata de un proyecto fatalmente destinado a la humillación electoral.  

Tlaxcala, en los planes de López Obrador

  Mientras se pierde el tiempo en estériles divagaciones en torno a la tan traída y llevada alianza, hay una alternativa que, en el 2016, sí sabe adonde ir, y con quien. Me refiero a Morena, el partido de López Obrador. El tabasqueño se ha tomado en serio la alternativa tlaxcalteca y, a juzgar  por el tiempo que le dedicó a su reciente y extensa gira por varios municipios de la entidad, parece inclinado a apostar en serio para llevar -a su partido y a su candidata- a la que sería su primera gubernatura.  No creo incurrir en una inconveniencia si cuento aquí que, cuando apenas se esbozaba la posible postulación de doña Martha Palafox, la senadora me hizo llegar -a través de un amigo común- una petición para conversar acerca de sus expectativas políticas. En la breve charla que con ella sostuve le hice saber mi concisa opinión: sólo si Andrés Manuel hacia suya su campaña y se ponía a trabajar a su lado, sólo entonces, repito, su candidatura sería competitiva. Y hoy sigo pensando lo mismo.            

Perfil de Andrés Manuel

  Es cierto que a López Obrador se le pueden señalar múltiples defectos. Yo mismo lo he hecho, y en no pocas ocasiones. A ello me ha movido el que con frecuencia propende a asumirse como un iluminado, lo que con razón atemoriza a quienes sabemos hasta donde puede llegar con esa mesiánica tendencia. Además, el reservar para sí decisiones importantes que debieran tomarse colegiadamente, pero que él juzga de su competencia exclusiva, es una actitud propia de un autócrata que -debo decirlo- riñe con mi personal concepto de democracia. Mas así como su vertical forma de conducirse como líder partidista -y como gobernante que fue del Distrito Federal- le han hecho blanco de innumerables críticas, también debe reconocérsele su carisma personal y su fino instinto político, amén de la proverbial astucia que a veces inspiran sus sorpresivos pronunciamientos.

El “efecto Peje” en Tlaxcala

 ¿Por qué podría haber elegido Andrés Manuel a Tlaxcala como el mejor campo de pruebas para comprobar -a cuatro años de distancia- si aún retiene la misma fuerza con la que arrasó electoralmente al PRI en el 2012? Recordemos que en nuestra entidad no sólo venció con holgura a Enrique Peña Nieto, sino que además -gracias al llamado efecto Peje- también ganaron sus respectivas elecciones las candidatas al Senado que postuló el PRD -una de ellas Martha Palafox- y dos de los tres nominados por el sol azteca para competir por las diputaciones federales que estuvieron en disputa. A esos antecedentes añádase que el reducido territorio de Tlaxcala le permitirá recorrer -si así se lo propusiera-, varias veces y sin mayores problemas logísticos, sus sesenta municipios en apoyo a su candidata. Hablo de una posibilidad nada remota cuyo mejor indicador será el tiempo que dediqué López Obrador a dejarse ver por estos lares.

El factor Beatriz Paredes

   La embajadora de México en Brasil, doña Beatriz Paredes Rangel, ha decidido darse una vuelta por Tlaxcala, justo en los momentos en que los partidos se hallan a la búsqueda de estrategias y de candidatos para participar en la elección en que se disputará la gubernatura del estado. Su presencia, obviamente, no tiene nada de casual; la determinan consideraciones de índole política que, de entrada, ya están generando inquietud al interior no sólo del PRI, su partido, sino de otras formaciones que igualmente se encuentran inmiscuidas en sus procesos preelectorales. De acuerdo con lo hasta ahora divulgado, la ex gobernadora se dice que será ponente en un Congreso de carácter internacional al que convoca la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Será interesante seguir sus palabras… y sus movimientos.

 

 

 

Para la Primera Plana:

 

Andrés Manuel se ha tomado en serio la alternativa tlaxcalteca y, a juzgar  por el tiempo que le dedicó a su reciente y extensa gira por varios municipios de la entidad, parece inclinado a apostar en serio para llevar -a su partido y a su candidata- a la que sería su primera gubernatura.