- Adriana Dávila no halla la fórmula para llegar a una candidatura azul a la que nadie se sumaría
- Margarita Zavala, carta del calderonismo para volver a la política… por dentro o fuera del PAN
- Lorena Cuéllar, en pos de un pacto imposible, y Martha Palafox, elegida del mesías tabasqueño
No se que tanto haya llamado la atención a la gente de Tlaxcala la visita del ex presidente Felipe Calderón pero, en todo caso, lo que interesa es dilucidar qué lo movió a venir a esta tierra del pan y el maíz. En lo personal creo que el objetivo poco tuvo ver con el respaldo a las muy inciertas aspiraciones electorales de Adriana Dávila -su fiel correligionaria-, pues aunque localmente se vendiera la idea de que acudía para darle un respaldo mediático a su pupila, lo cierto es que la estrategia del michoacano actualmente se orienta a reducir las distancias con el grupo que -diga lo que diga la comentocracia oficialista- seguirá controlando el mando nacional panista hasta el 2018. De ahí su cautela al tocar el tema de la posible candidatura de la senadora Dávila, claramente ubicada como una activista del bando que constantemente ha hostilizado a Gustavo Madero y sus adeptos. No nos engañemos: la finalidad de Calderón al dejarse ver por aquí -y por otros escenarios del país- no fue otro que valorar las posibilidades de su esposa Margarita Zavala para ser la candidata del PAN en el 2018.
Adriana Dávila, sembradora de vientos
Calderón podrá tener muchos defectos -desconfiado, obsesivo, de mecha corta, etc., etc.-, pero no es tonto. Si rotundo fue el fracaso de Adriana Dávila en su anterior aventura electoral -pese al apoyo que le dio desde la presidencia de la República-, en la circunstancia de hoy existen por lo menos dos razones de peso, a saber, para que el ex mandatario no se coloque otra vez en el lado equivocado: 1) dar a la senadora un espaldarazo público sería ahondar la brecha que lo separa de la dirección nacional de su partido ahora a cargo del joven queretano Ricardo Anaya, y 2) que a la apizaquense no la repudian sólo los panistas locales adictos al maderismo -y ahora al anayismo- sino además grupos y partidos políticos -v. gr. el orticismo-, elementos indispensables para hacer competitivo ese frente común que tanto la derecha como la izquierda dicen estar dispuestos a analizar.
Los méritos de la ex Primera Dama
Pero sigamos con Calderón y sus expectativas. La idea de postular a Margarita tiene en realidad como sustento único la discreción con que actuó al lado de su marido. Eso, es cierto, le granjeó el afecto popular, reflejado en una encuesta reciente que la sitúa apenas a la zaga de López Obrador, y por encima de los demás aspirantes priístas y panistas. Empero, una cosa es que sea grata su sencillez, y otra muy diferente es que se la considere idónea para guiar los destinos de la Nación. No desdeño sus virtudes ni su digna pero corta carrera política, mas la verdad es que sus positivos derivan exclusivamente de su papel como Primera Dama. Y obra también en su contra la dependencia conductual y política respecto de su cónyuge, cuyo obnubilado ejercicio del poder perdió a México en un laberinto de violencia del que no hemos acertado a salir.
La política es de circunstancias
La lógica y la razón no son los únicos condicionantes de ascensos y descensos en este desconcertante juego de escaleras y serpientes que es la política mexicana. Son las circunstancias del momento las que suelen decretar los más significativos parteaguas del acontecer nacional. Baste citar el caso del propio Calderón, muy distanciado de su adversario López Obrador a pocas semanas de la elección del 2006, y al que jamás hubiera vencido de no haber mediado, por una parte, la soberbia triunfalista del tabasqueño y, por otra, la intromisión de Vicente Fox y de la cúpula empresarial con una contra-campaña ilegal de última hora. De no haber sido por esos, llamémoslos, sucesos imprevistos, Calderón no habría podido revertir la tendencia que predominó a lo largo de todo el proceso y, por tanto, nunca hubiera llegado a Los Pinos. Si el controvertido desenlace fue para bien o para mal, ya lo sentenciará la historia…, pero lo que sí dijo el presidente del Trife donde se ventiló el caso es que la injerencia de Fox sí determinó el resultado final.
Los que van por la grande…
A dos años de que se caliente el tema de la sucesión presidencial, los partidos han visto cómo se desvanece el prestigio de sus figuras. El tricolor tenía dos sólidos aspirantes -Videgaray y Osorio-, pero el devenir reciente los colocó en una situación de precariedad política de la que no se sabe si lograrán recuperarse. Está, ese sí, Beltrones, el caballo negro del PRI en caso de que el delfinario del presidente no lo provea de algún prospecto con tamaños suficientes. Del lado azul sigue adelante Gustavo Madero, no obstante que el fuego amigo y la metralla oficialista dañaron severamente su reputación. Y ahí está Rafael Moreno Valle, el mandatario poblano, que hace lo indecible por no rezagarse, pese a algunos eventos desafortunados ocurridos en su gestión. Y en el PRD, fuera del asediado Miguel Ángel Mancera, no hay nadie. Pero volvamos al terruñó y a las perspectivas de quienes se alistan a competir en el ya cercano 2016.
El pronóstico para Tlaxcala
Adriana sabe bien que no será ella la que encabece la coalición opositora que se pretende fraguar. Sola, o por la ruta independiente, no tendría nada que hacer. No le quedaría mas que sumarse en un plano secundario… o bloquear el pacto anti PRI, asociando su causa a la del partido en el gobierno. Pero si hiciera esto último, dudo que la militancia azul la siga por la vía de la deslealtad a su partido, pues esa inclinación no la detecto en el ADN panista. Sin embargo, una cosa es cierta: sin Acción Nacional, a la alianza no le alcanzaría para competir con el tricolor. Queda la senadora Lorena Cuéllar, atareada en recomponer la retacería perredista y haciendo política para agregar a su frente al orticismo y los grupúsculos seudoizquierdistas sobrevivientes en la entidad, excepto, claro, aquellos que se adhieran a la candidatura pejista a la que se perfila la también senadora Martha Palafox, opción electoral cuyo potencial es un enigma. Concluido este breve repaso, reitero la tesis que hace dos meses expuse en este espacio: si el PRI mantiene a su lado al Verde -a costa de darle la cartera de Ecología- y al Panal -al que podría verse obligado a entregarle la de Educación-, sigo pensando, repito, que un pacto opositor que hipotéticamente congregara a todos los demás partidos -con excepción de Morena- difícilmente podría obtener más del 40% de la votación que, según se ve, sí tiene asegurada el PRI.
