- El caso de Raymundo Fernández ilustra el trato inhumano que se le da al trabajador asegurado
- “…la pensión te la vamos a dar hasta que estés ciego o hasta que te vengas arrastrando…”
- En medicina del trabajo, la ceguera se valora en función de la actividad profesional del afectado
En el más grato de los espacios en los que transcurre mi vida cotidiana en Tlaxcala -La Posada de Apizaco- supe de un caso de desasistimiento social capaz de indignar a cualquier ciudadano con sensibilidad. Considere usted además, amigo lector, que lo que voy a narrarle quizá no sólo sea un suceso aislado atribuible a un irresponsable -de esos que abundan en la burocracia-, sino el inicio de la aplicación de una política sistemática del IMSS. La víctima esta vez ha sido un trabajador cumplido que tuvo la desgracia de perder casi totalmente la vista a causa de una enfermedad que afecta a millones de mexicanos. Pero sin mas preámbulo le cuento a usted lo acontecido.
¿Quién es Raymundo Fernández?
El protagonista de esta historia de deshumanizada indiferencia se llama Raymundo Fernández Lira. Ray -que así es como le conocemos- tiene 47 años, vive en Tepehitec y diariamente iba a Apizaco en su vieja y cien veces reparada tartanita. Él es mesero -siempre lo ha sido-, y a lo largo de los veintiún años que trabajó en el restaurant del hotel La Posada -lugar de referencia y encuentro de paseantes, políticos, taurinos, deportistas y, en general, de la gente de Apizaco y su entorno- supo hacerse de la amistad de cientos y cientos de personas. Ahí, en la Posada de la familia Blanco García Méndez -fundadora y propietaria del establecimiento-, encontró el ámbito propicio para poner en práctica las virtudes que posee como profesional y como persona.
Trabajador ejemplar
Dispuesto, ocurrente y simpático, Ray atendió durante todo ese tiempo a la clientela que acude a degustar los platillos de la cocina -orgullosamente tlaxcalteca- de la señora Anabella, la líder de ese admirable clan familiar. Ray tenía siempre frases amables para los comensales nuevos y comentarios de interés para los habituales. Buen aficionado a la grilla política, en su antena captaba las noticias más frescas del acontecer local y se sabía más chismes que un peluquero de barrio. Y todo eso, sin perjuicio de cumplimentar las órdenes del comedor y del bar, con diligencia y buenos modos.
Amigo de todos
Ese era Raymundo en el servicio de las mesas de La Posada. Con todos sintonizaba y a todos les caía bien. Hasta con Mariano González tuvo una relación cordial. Recuerdo ahora mismo que, entre ambos -entre Mariano y Ray- una noche me escondieron un sándwich que, por atender una llamada, aún no terminaba de comer. De mi desconcierto por la misteriosa desaparición se rieron los dos un buen rato. Entre paréntesis aclaro a quienes esa amistosa relación pueda serles extraña que el episodio aconteció antes de que el actual gobernador protestara su cargo, y antes también de que se hiciera manifiesta la incompatibilidad de nuestros respectivos quehaceres, el del mandatario en la función pública, y el de este opinador en su labor periodística. Pero esta o cualquier otra anécdota no debe distraernos del tema: Ray es un trabajador inscrito en el IMSS al que le ha sido negado el derecho a pensionarse y a ser atendido de sus males.
Via crucis de un trabajador asegurado
Pero… ¿qué le pasó a Raymundo y cuál es el motivo de la queja? Vea usted, amigo lector: un día de marzo del año pasado, Ray faltó a su trabajo; la diabetes mellitus que sufre le había provocado un derrame en ambos ojos que lo dejó sin visión. Ahí empezó su via crucis. En el IMSS, institución en la que tanto la empresa como el trabajador habían cotizado durante más de dos décadas, lo fueron rebotando de un médico a otro, y de una clínica a otra, sin diagnóstico ninguno pero, eso sí, recetándole medicinas que no tenían en el cuadro, y prescribiéndole ¡aspirinas! Nadie le sabía precisar si su daño ocular era susceptible de tratarse con cirugía, y menos aún si su forma de ceguera ameritaba que se le pensionara.
Desaciertos médicos e indecisiones burocráticas
Un año después, el 25 de marzo de 2015, el doctor Gustavo Rubalcaba Zenteno envío el Expediente Médico Integral al doctor Guillermo Sánchez Aranda “…para que sea valorado y determinar (sic) un posible estado de invalidez, ya que ha acumulado 365 de incapacidad temporal…”. En él describe una “…retinopatía diabética coagulada…” y emite al fin un diagnóstico: “…pronóstico reservado a control glucémico para el ojo derecho y malo para la función del ojo izquierdo…”. En palabras comprensibles: Ray perdió por completo la visión del ojo izquierdo, en tanto que la del derecho -de por sí dañada gravemente por la diabetes- está también en inminente peligro tras sufrir un desprendimiento de retina.
Grados de la ceguera
En la medicina del trabajo de cualquier país civilizado, la ceguera observa una gradación variable en función del tipo de actividad del afectado. Doy ejemplos: para un tallador de brillantes, una ligera merma de su agudeza visual lo imposibilita para realizar su delicada labor. De igual forma, no ver con un ojo y sólo percibir bultos con el otro, le impide a un mesero tomar órdenes y moverse con charolas llenas de platos y vasos entre las mesas de cualquier restaurant. Lamentablemente, eso parece no entenderlo el funcionariado del Seguro Social.
Trato indigno
¿Sabe usted, estimado lector, qué decisiones tomó el médico Sánchez Aranda -Coordinador del Departamento de Salud en el Trabajo- el 8 de julio pasado, luego de estudiar (¿) el expediente de Ray? ¡Negó la invalidez, dio el alta médica, suspendió las incapacidades y ordenó al asegurado presentarse en su trabajo al día siguiente! Antes, una Dra. de nombre Xochitl que funge -o fungía- como Coordinadora de Medicina del Trabajo ya le había anticipado que las pensiones estaban suspendidas, y que la suya no sería aprobada sino hasta que “…estés ciego o te vengas arrastrando…”.
¿Política oficial… o estupidez aislada?
Vincular esta historia a la crítica situación económica por la que atraviesa el IMSS es inevitable. Apenas hace tres semanas, el doctor Ariel Leyva Almeida informó que, en Tlaxcala, la delegación a su cargo tiene un déficit de 600 millones de pesos. Y ya hacen mayoría los especialistas que advierten de una inminente quiebra a nivel nacional. Leyva Almeida debe explicar si la solución al caso de Raymundo Fernández es consecuencia de las penurias financieras de la institución, y si refleja una insoslayable realidad: la imposibilidad de responder a las demandas justas de los derechohabientes…, o bien sólo se trata de torpezas -susceptibles de pronta corrección- cometidas por un par de descerebrados con bata blanca.
