Si bien ha sido un hecho que en las elecciones intermedias como las que se están celebrando a nivel nacional este año disminuye ostensiblemente el número de votantes con relación a una elección presidencial o a las locales en el caso de cada estado; en Tlaxcala en este año a ese desinterés se suma el hartazgo de la ciudadanía por la ineficacia de los gobiernos estatal y muchos municipales para dar soluciones a la problemática económica y social existente, y lo cual ha generado altos costos para obtener credibilidad por parte de los candidatos a las diputaciones federales.
Desde hace varios años ha sido común que los candidatos a obtener algún puesto de elección popular que piden en forma directa a los ciudadanos su voto, se enfrenten a su descontento, malestar, reclamo e incluso en muchos casos al rechazo de los mismos, que ven en la clase política y de gobierno, no un apoyo ante los problemas de desempleo, inequidad, injusticia, pobreza extrema y falta de oportunidades para enfrentar dichos problemas; sino a un grupo de pillos que únicamente buscan llegar al poder para su bien personal.
Ante esta situación, los candidatos a diputados federales se han visto obligados a formular propuestas legislativas más allá del discurso político y contar con respuestas creíbles ante las flechas certeras que envía una ciudadanía; ya no sólo cansada de los malos gobiernos; sino desesperada por la grave inseguridad e incertidumbre contra ellos y sus familias a causa del poco o nulo apoyo de un gobierno “valemadrista”, sin el mayor interés en ayudar a sus gobernados.
El descredito del gobierno lo tiene bien ganado, donde la incapacidad del PRI en el gobierno para incentivar la generación de empleos; para salir de los números rojos en cuanto a crecimiento económico; para brindar seguridad real a la población; para dar números y fechas al menos aproximadas de cuándo van a llegar los “beneficios” de las famosas reformas estructurales.
En la entidad tlaxcalteca, es muy evidente el hartazgo contra los excesos del gobierno marianista por la falta de obras, el desempleo, la mala atención en el rubro de la salud, la falta de medicamentos y de médicos especialistas en el estado, y en general por el desinterés en ayudar a su pueblo.
El divisionismo interno de partidos como el PRD o el PAN; la falta de propuestas viables de todos los partidos chicos y grandes; así como el insulto a la inteligencia de los ciudadanos que representa el hecho de que los candidatos del partido en el poder hagan supuestas propuestas para apoyar a la ciudadanía cuando sólo les ha bastado cuatro años para hundir a Tlaxcala con elevados índices de pobreza, desempleo, inequidad, desestabilidad, etc, etc.
Pero ante esta falta de credibilidad ciudadana, el proyecto legislativo mostrado por los candidatos ha sido muy pobre; el debate ha sido como siempre más en el discurso que en la objetividad; hay esbozos que pueden ser positivos por parte de algunos candidatos pero ha prevalecido el discurso.
Ante esto, será interesante ver los resultados de la elección que se generen el próximo siete de junio, donde varios candidatos le siguen apostando al dispendio de recursos en publicidad, en la compra de votos y conciencias, y no en el convencimiento honesto (tal vez sea mucho que pedir); donde el PRI ha mostrado que le apuesta más a la compra de votos que a ganarlos con propuestas legislativas funcionales, el asunto es que no cuenta con dichas propuestas.
Habrá que ver si la ciudadanía acepta que se lucre con su propia necesidad y desesperación, y a cambio de una despensa, una dádiva, un regalo, otorgue su voto a cambio de seguir teniendo el pie del opresor en su cuello.
En mi opinión creo que los ciudadanos a fuerza de recibir constantemente los embates de una clase política y de gobierno deshumanizada, han ido haciendo conciencia del valor de su voto; habremos de ver esto en unas semanas.
