Parece que fue ayer, pero ya pasaron cuatro años de que el PRI regresó al poder en Tlaxcala, quedan dos que parecerán uno o menos, por los tiempos electorales que ya se cumplen.

El pueblo de Tlaxcala esperaba ese mensaje de cambio, de una nueva oportunidad para que Tlaxcala despegara rumbo a ese futuro esplendoroso que no llega, por más millones que se gastan en hacer parecer lo contrario.
Retumban y retumbarán en las cuatro paredes de la sala de sesiones del palacio legislativo esas promesas que a estas horas no se han cumplido, como esa de “Tlaxcala para los tlaxcaltecas”.
Otra más de que se acababan los privilegios, que ya no más familias en el poder, lejos de las nóminas, que habría informes cada cuatro meses para saber en qué se gastaba el dinero.
Como olvidar esa “cajita de cristal” en que se iba a convertir Tlaxcala, para que nunca más la opacidad reinara en esta tierra que sigue pareciendo la “Isla de la Fantasía” que en su momento veía Beatriz Paredes.
Nos despertamos con más o peor de lo mismo, con una cantaleta que ha recorrido durante cuatro años lo largo y ancho del territorio estatal, “nos entregaron un tejido social roto y agujerado”.
Pero no se dice que se remienda con la aguja de la simulación y el engaño, que los hoyos de la pobreza y necesidad se hacen cada vez más grandes, ahora con las falsas promesas y con la sangre inocente derramada en nombre del poder.
Son días de informes, pero no para los tlaxcaltecas, quienes una y otra vez muestran su hartazgo, su repudio y con chiflidos y gritos de reprobación lo que sienten de sus otrora queridos mandatarios.
Viene el cuarto informe, como se estila, por escrito y el mensaje político ante los amigos gobernadores y ante un selecto grupo de tlaxcaltecas, ellas ataviadas con una mascada roja al cuello y ellos de riguroso traje con corbata roja, roja como la sangre.
Ya veremos llegar por los cielos de Tlaxcala los helicópteros de los gobernadores amigos, de esa cofradía que ahora es rechazada por el pueblo, por los padres de esos 43 desaparecidos que se han multiplicado por todo el territorio nacional.
Otra vez, vamos a presenciar como al más puro estilos de los que se ´protegen porque tienen miedo, se van a establecer los cinturones de seguridad, para que no llegue la chusma, el pueblo, ese no merece explicaciones.
Por algo es el miedo, por algo ese miedo se ha convertido en terror y la verdad queda muy lejos ese momento tan esperado para ver y enterarnos de lo que han hecho quienes están en el poder.
Nos quedan a deber cuando nos dicen que hay muchos empleos registrados en el IMSS, aunque se guardan de decir que no se obedece, como juraron hacer cumplir la Constitución del Estado Libre y Soberano de Tlaxcala y las leyes que de ella emanan.
Cuestión de enfoques, pero en realidad el gobierno no genera empleos, dice la Constitución de Tlaxcala que debe brindar las facilidades para que lleguen las empresas y los inversionistas, pero pasa lo que en la película de La ley de Herodes.
Ellos interpretan a su manera la Constitución y por arte de magia el gobierno soberano se convierte en patrón, por ejemplo al ser empresario de una televisora y tres estaciones radiodifusoras entre concesionadas y permisionadas.
A cuatro años los resultados de esos entes son tan malos como son sus programaciones, al fin y al cabo que a quienes las dirigen ni es interesan, son parte de la Legión Extranjera de funcionarios que no vinieron por lana, ya se llevan toda la borrega.
Está bien que el gobierno como patrón genere empleos, pero de que nos sirve la televisión y la radio oficial si no le dan entrada a la libre expresión, si cada mes se pagan cientos de millones de nóminas y al pueblo no le dan nada a cambio.
La Constitución tampoco dice que se tiene que mantener con alta nómina a una oficina encargada de mejorar el ganado de toros de lidia, como si los pobres hacendados no ganaran lo suficiente para ellos mismos mejorar sus hatos de ganado.
Por qué no mejor mejorar el ganado de traspatio, los borregos, las gallinas y por qué los toros de lidia, si el pueblo ni tiene para pagar por ver una corrida, mientras los funcionarios de ese lugar se creen hijos de la madre patria.
Se la pasan organizando corridas, tientas, festivales y escuelas taurinas, que no es su función y hasta fomentando esa aberración en que se ha convertido la Huamantlada que a nivel nacional e internacional ha ganado fama como “La Cantina Más Grande del mundo”, al fin es pueblo mágico.
La Constitución tampoco dice que el gobierno debe de ser empresario, mucho menos que organice conciertos y que obligue a los burócratas a comprar boletos para hacer más visible su fracaso, lo malo es que a los responsables hasta los premian con diputaciones.
Prueba de ello fue el desastroso concierto de Plácido Domingo, no por la presencia de ese formidable tenor, sino por los resultados que muy caro le costaron a Tlaxcala, porque tampoco llegaron las parvadas de turistas como se esperaba.
La Constitución tampoco ordena que el gobierno sea promotor de equipos de fut bol, como actualmente pasa y acontece con el equipo “Coyotes” donde la administración estatal ha obligado a todos los empleados de las diferentes dependencias estatales, para que asistan al partido para lo cual recientemente se repartieron poco más de cuatro mil boletos.
Y se aprovecha la situación para llenar de dinero los bolsillos de unos cuantos vivillos, se les pone alfombra roja, y hasta se les entrega un estadio, al fin y al cabo que el dinero va y viene y para eso es, para gastarlo.
No vemos por donde viene el rumbo de la consolidación, obras y más obras que no se concluyen como debiera, ahí está la Plaza del Bicentenario, la Central de Abastos, el parador turístico de San Miguel del Milagro.
Y muchas otras cosas que no dice la Constitución se hacen y se seguirán haciendo, ya que para eso se inventaron los foros 1116, para que los propios tlaxcaltecas se pusieran la soga al cuello.
Porque cual modernos “Varguitas”, se inventaron no su propia Constitución, sino un Plan Estatal de Desarrollo que ahí está, ahí dice y es la pauta para todo lo que se dice y se hace en Tlaxcala, todo legal, todo derecho desde su punto de vista, mientras el pueblo sufre, observa y se dice para sus adentros… ASÍ NO ERA.
