- Tlatlaya, caso testigo para evaluar el compromiso de Peña Nieto con el imperio de la ley: (HRW)
- Medidas drásticas contra los culpables si se llega a comprobar que ocurrió una ejecución sumaria
- Juicio político -o renuncia- para el inoperante ombudsman nacional, Raúl Plascencia Villanueva
Con la tranquilidad que da la lejanía física -y la relativa paz que en Tlaxcala se disfruta-, raramente nos soliviantarnos al saber de hechos que tienen que ver con la violencia criminal. Nos sobresaltamos, es verdad, con la noticia de los primeros decapitados -Uruapan, Mich.-; de los primeros colgados - Monterrey, N. L.- , y de las primeras ejecuciones masivas - San Fernando, Tamps.; La Marquesa, Edomex., y Boca del Río, Ver.-. Mas el paso de los años y la constante reiteración de eventos macabros nos fue curtiendo la piel, a cada uno en lo individual y al colectivo social en su conjunto. Y es que, a estas alturas, es difícil que algún hecho de sangre altere el pulso a los mexicanos. Es duro afirmarlo…, pero es cierto.
Los hechos de Tlatlapa
En un pequeño municipio de los 125 que tiene el estado de México, hace tres meses fueron muertas 22 personas en un choque con el Ejército. El suceso no se juzgó relevante y, en pocos días, la noticia pasó a las páginas interiores de los diarios. A nadie le extrañó que, un encuentro a balazos entre una veintena de delincuentes, y un partida de apenas ocho soldados, terminara con la vida de todos los malhechores y con sólo un herido leve en el grupo militar. Haya sido por negligencia de la autoridad investigadora o por conveniencia política, al asunto se le dio el clásico carpetazo. Mas a la AP -Associeted Press-, la agencia de noticias norteamericana, le llamó la atención el caso, y le dio seguimiento periodístico.
¿Con licencia para matar?
La matanza de San Fernando -la primera, pues luego hubo más en el mismo lugar- registró un saldo de 72 ejecutados. ¿Por qué entonces habría de llamarnos la atención la de Tlatlapa, si tuvo menor cuantía? Por una razón fundamental, amigo lector: tanto en Tamaulipas, como luego en Edomex. y en Veracruz, la autoría se atribuyó al crimen organizado; en Tlatlapa, en cambio -si se prueba la hipótesis de que las muertes no ocurrieron durante la refriega- se trataría de una ejecución extrajudicial llevada al cabo por el Ejército, lo que configuraría una grave violación de los derechos humanos, y un severo golpe para la confianza de que tradicionalmente han gozado entre todos los mexicanos las fuerzas armadas.
Ante la barbarie…¿indignación o indiferencia?
Muertos están los veintidos y, como no se les enjuició, nunca sabremos su grado de culpabilidad. Pero a lo que voy, amigo lector, al tema que le plantee al inicio del artículo: la indiferencia con que mentalmente procesamos un hecho como el de Tlatlapa. Verdad es que ninguna de las víctimas eran familiares o amigos, mas imaginemos por un momento que sí lo fueran, y que debemos identificarlos de entre una pila informe de cuerpos en la que asoman rostros, manos y piernas. La impresión y la pena nos sobrecogerían; después vendría la indignación. Nos preguntaríamos ¿cómo, porqué, y quien? Pero no, por fortuna, no eran parientes ni amigos; eran sólo unos desconocidos y, para nosotros, la vida sigue.
La denuncia vino de fuera…
En Nueva York, Humans Rights Wacht -HRW- hacía saber que “…han pasado más de dos meses desde que un grupo de soldados mató a 22 civiles, y todavía hay más preguntas que respuestas con respecto a lo que sucedió ese día…”. El director para América del organismo dijo que, de probarse la ejecución, “…estaríamos frente a una de las más graves masacres ocurridas en México…”. Y sólo hasta que la AP y la revista Esquire divulgaron detalles del exterminio, fue que la PGR atrajo el caso que ya había sido dictaminado y archivado por la procuraduría mexiquense. A su vez, fiel a su conocida docilidad ante el poder, el ombudsman nacional dio con rapidez por buena la inverosímil versión del Ejército.
Tlatlapa… ¿prolegómeno de una nueva guerra sucia?
El presidente Peña Nieto exigió revisar lo acontecido en Tlatlapa, precisando que se llegará a la verdad, sea esta la que fuere. ¿Se trató de un combate o de un ajusticiamento ¿de una acción valerosa o de una despiadada venganza? ¿de un enfrentamiento o de un fusilamiento? ¿de soldados valientes o de soldados homicidas? Hay quien no da mayor valor a la diferencia, y cree que el bárbaro procedimiento tiene un sentido práctico, justificable y hasta elogiable; si los mataron en caliente le ahorraron tiempo y dinero al estado y a la sociedad. Lo verdaderamente preocupante es que no son pocos los que se inclinan por esas prácticas represivas.
Peña Nieto y el Estado de Derecho
Por lo pronto, la autoridad presidencial ya se dejó sentir. El viernes amanecimos con la noticia de que la Sedena había detenido a los soldados bajo sospecha, incluyendo al oficial al mando. A raíz de esa aprehensión, Kenneth Roth, director ejecutivo de HRW, dijo que las atrocidades presuntamente cometidas por una fuerza regular castrense en Tlatlaya se constituirán “…en caso testigo para evaluar el compromiso de Peña Nieto con el imperio de la ley…”. Apenas el pasado lunes escribí que la presión del exterior hará que el gobierno de la República sea el mejor garante de la plena vigencia del Estado de Derecho. De cumplirse esa premisa, el primer beneficiado será el siempre respetado Ejército Mexicano.
Por una sociedad vigilante
Ojalá que el caso Tlatlaya sea un parteaguas que marque un antes y un después en la defensa de los derechos humanos en el país. Y que lo sea también en la recuperación de los valores humanísticos de la sociedad mexicana y de su extraviada capacidad de indignación. La ciudadanía debe ser la primera y más eficaz denunciante del uso abusivo del poder, y de que lo establecido en la Constitución no sea letra muerta sino mandato vivo de cuyo vigencia es el pueblo su principal vigilante. Y, finalmente, que la tragedia vivida en ese pequeño poblado mexiquense suponga la renuncia de un ombudsman que nunca acreditó poseer las virtudes que se necesitan para el desempeño de tan elevado cargo.
LA FRASE
Es del Secretario de Gobierno, Ernesto Ordoñez Carrera, y la incluyó en el llamado que hiciera a las autoridades municipales de las 60 comunas tlaxcaltecas. Los exhortó a que:
“…se pongan a trabajar…”
La idea no es mala… ¿no cree usted, amigo lector?
