en las elecciones del primero de julio en la entidad; sino por un lado el efecto de López Obrador y su poderosa campaña mediática de manipulación con énfasis especial en el control absoluto de las redes sociales lo que logró impactar positivamente en el electorado respecto a la imagen de Amlo, y cuyo efecto fue más que suficiente para hacer ganar a los candidatos ex priistas y personajes desconocidos que abanderó este instituto político pese a su mínimo esfuerzo.
Qué viene un cambio en la forma de gobierno en México y en Tlaxcala a partir del triunfo de MORENA; sí, pero al no verse claridad sobre el rumbo que tomará el país y el estado, más bien –y ojalá me equivoque-, el único cambio que se mira será el de un tirano por otro.
Y es que ni en México ni en Tlaxcala los candidatos morenistas son personas de una clase política nueva o diferente con ideas nuevas a la altura de las circunstancias; sino personajes más que conocidos y más que identificados con la misma clase política que ha gobernado en el mejor de los casos, o de plano personajes desconocidos; pero sin propuestas identificados con las malas costumbres de la clase política tradicional.
Sin embargo, el bombardeo mediático y en redes fue determinante para que el electorado viera en López Obrador una opción de cambio; y mucha gente cree que este cambio pudiera ser para bien; pero a ciencia cierta no hay garantía que así sea.
El domingo uno de julio prácticamente el electorado entregó un cheque en blanco a los candidatos de MORENA al darles a partir de que entren en funciones como legisladores lo que necesitan para controlar el congreso y para aprobar las leyes que se les antojen.
Ante esto los candidatos Lopezobradoristas no tendrán ningún pretexto para crear, impulsar y aprobar una legislatura que ayude a la entidad; no tendrán ningún pretexto para sacar de la congeladora los centenares de leyes pendientes, o al menos las que buscan un beneficio real para los tlaxcaltecas; no tendrán ningún pretexto para hacer un congreso que sea un contrapeso ante los excesos y deficiencias del gobernador priista Marco Mena. Pero ¿lo harán?, quién sabe, no hay garantía.
Y es que lo que se mira a nivel nacional es el inicio de un amasiato entre López Obrador y Enrique Peña Nieto, Salinas de Gortari y toda la mafia del poder que tanto criticó el Peje todos estos años; pero ante quien hoy se doblegó con tal de llegar al poder con el pretexto de buscar la paz.
Hoy llegan al triunfo para ser los nuevos legisladores federales y locales en el estado y el país, verdaderos “ninis” de la clase política; candidatos que ni propusieron ni trabajaron, a quienes se les dio el triunfo casi regalado.
Legisladores electos de MORENA que no llegarán al congreso, sino a levantar la mano cuando López Obrador se los indique; legisladores sin un proyecto legislativo; sin sensibilidad hacia los problemas de los tlaxcaltecas; ya que si tuvieran dicho proyecto lo hubieran mostrado en las campañas; pero no lo hicieron, y no lo hicieron porque para ellos no era necesario, lo importante era y es obedecer las instrucciones del ahora jefe de la mafia del poder, Andrés Manuel; por él y sólo por él están donde están.
El PRI ya casi quedó enterrado, y si bien le va se mantendrá en los siguientes años y quizá décadas como un instituto político satélite; cómo llegó a eso… ya lo sabemos.
Pero la sustancia del PRI no se va; ahí están los ex priistas bueno ex sólo de nombre, empezando por su líder y ahora presidente de la República electo López Obrador, Esteban Moctezuma, Manuel Bartlet, Elba Esther Gordillo, sólo por citar algunos nombres más que conocidos por su oscuro pasado; así como muchísimos candidatos a algún cargo de elección popular que contendieron y en la mayoría de los casos ganaron en las presentes elecciones.
En Tlaxcala quienes representan a MORENA (que no a los tlaxcaltecas), son ex priistas como el ex gobernador Antonio Álvarez Lima, Lorena Cuellar Cisneros y una larga lista de políticos de la mafia del poder hoy redimidos por el simple hecho de pasarse a este instituto político.
Y quienes no son conocidos como luchadores sociales ni como buenos gobernantes ni como gente muy preparada ni como brillantes profesionistas ni como impulsores de leyes de avanzada; etc., no, simplemente son conocidos como parte de la clase política acaudalada que aprovecharon esta coyuntura para continuar viviendo del erario público.
Sin embargo y pese a todo, hoy la clase política de “ninis” de MORENA podrán controlar el Congreso del Estado, y no tendrán pretexto para reivindicarlo.
Muchos tlaxcaltecas que votaron por esos candidatos realmente creen que los morenistas con López Obrador al mando van a cambiar a Tlaxcala y al país para bien; que van a dar solución a los graves problemas de inseguridad, mala economía, malos servicios, pobreza, y muchos otros problemas más.
Pero que ni siquiera están en su mano resolver; que crearon expectativas razonablemente inalcanzables como acabar con la corrupción y la impunidad; que al estar en funciones estarán obligados a cumplir, y hay que exigirles que lo hagan, se comprometieron y tendrán que hacerlo, o la caída será tan fuerte como las inalcanzables expectativas de su jefe.
Y repito, ojalá me equivoque por el bien de Tlaxcala y de México; pero que el verdadero pacto de impunidad hecho por Obrador con Peña para perdonarle Ayotzinapa, Tlatlaya, los miles y miles de secuestros, narcotráfico, el saqueo de recursos, la extracción de huachicol, los costos de las reformas estructurales, y tantas cosas que sostienen la silla presidencial de Amlo; deja muchas dudas de que los morenistas vayan a cumplir.
