
Hasta principios del dos mil, hasta antes del surgimiento de los medios digitales, reinaba la prensa escrita en Tlaxcala, parte de los periodistas de la vieja guardia procuraban ajustarse a las directrices románticas de la prensa de aquel entonces.
“Darle voz al que no la tiene”, esa fue la mística que se dictó a través de la línea editorial de El Universal, eran tiempos en que surgían las organizaciones no gubernamentales.
También de los otrora llamados “luchadores sociales”, como Rosalía Peredo o Luz Rivera, otros más se arrimaron a la ubre del sistema, con la cantaleta de los nacientes oficialmente derechos humanos.
Pero desde antes, ya en tiempos mozos de Beatriz Paredes ya comenzaba la organización de grupos inconformes, primero fueron ejidatarios, luego habitantes de los municipios mal gobernados.
Era común que en tiempos de elecciones, quienes aspiraban a un cargo de elección popular o para obtener algún beneficio juntaban a un grupo de inconformes, los adoctrinaban y preparaban para “la lucha”.
Esta consistía en tomar alcaldías, para poner a su gente, también para espantar a los alcaldes y obligarlos a repartir los dineros de las arcas del municipio y claro el beneficio era para los “luchadores sociales”.
Al amparo de esta lucrativa práctica, estos seudo líderes le tomaron la medida a los gobernantes, la sociedad tlaxcalteca ha sido testigo mudo de cientos de marchas, plantones y manifestaciones, podrían ser miles.
Van desde las luchas justificadas, hasta las que no se comprenden como la que hizo el obispo de Tlaxcala Francisco Moreno Barrón, quien también sucumbió ante los demonios de los falsos liderazgos terrenales.
Así la cosas, en tiempos de Alfonso Sánchez Anaya los integrantes de las O´ngs hicieron su agosto, se llenaron la panza y los bolsillos y de esta forma tuvieron a fiesta en paz.
El sexenio pasado también existieron estos vividores de las manifestaciones y las marchas, al final los convencieron de que mejor se fueran a crear sus redes y de esta manera “bajar recursos” para lo que fuera y con cualquier pretexto.
Pero eso ya es historia, como el paso fugaz del Subcomandante Marcos, cuyo remedo aparece de vez en cuando, mientras que los luchadores sociales viven del producto de su esfuerzo y del sudor de las masas.
Ahora son propietarios de unidades de transporte, de propiedades y de esta forma, como en el caso de los ex líderes del Movimiento de Bases Magisteriales, aseguraron un retiro con un cochinito bastante gordo del retiro.
En estos tiempos, los líderes sociales están de capa caída, ya no les hacen caso, y de vez en cuando gente como la de Antorcha Campesina y de otras similares hacen movilizaciones, solo para decir que no han desaparecido.
Ahora la lucha social es del magisterio, los integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) quieren a toda costa por no ser evaluados, examinados pues, para ver sus capacidades.
Este viernes ya se anuncia otra movilización en contra de lo que ellos llaman “evaluación punitiva”, pero tarde que temprano van a tener que demostrar que se trata de maestros capacitados, para merecer estar frente a grupo.
La otra lucha de estos días es a la de las alumnas de la Normal Rural de Panotla “Benito Juárez”, que desde su creación ha sido un lugar en donde existe una caja de resonancia de inquietudes sociales, para su beneficio.
Es curioso que cíclicamente se activan, aparte es lo de Ayotzinapa, porque en Tlaxcala se recuerda que en tiempos de Tulio Hernández, no paraban en sus demandas para vivir y estar mejor.
En esos tiempos como ahora se analizaba que estas normalistas si bien es cierto que provienen de cuna humilde, en su mayoría no son de Tlaxcala y la institución la acoge para darles casa, comida, sustento y educación.
Cuando gobernaba Tulio, igual que ahora no paraban las manifestaciones, y como nadie las paraba, pintaban edificios públicos e históricos, la ciudad era un cochinero.
El Mandatario en rueda de prensa en el Salón Rojo, trataba de dar los pormenores del ofrecimiento gubernamental a las demandas de las estudiantes, de pronto recibió una llamada telefónica.
Su rostro se puso rojo, dio un manotazo en la mesa y dijo “ya se pasaron de la raya, han tomado con violencia la XETT, y a quien le llamaba le dio tajante la orden, que casi nunca se escucha…pártanles su madre.
Y así fue.
Con Alfonso Sánchez Anaya sucedió algo similar, recordamos que incluso pasearon al secretario de educación, lo humillaron y lo mostraban como trofeo de guerra y vino la orden para someterlas.
En esta ocasión, otra vez se activaron las normalistas para celebrar el aniversario de la agresión de que fueron objeto por el entonces gobierno perredista, al ver la tibieza del gobierno, de paso aumentaron a 70 sus demandas.
Como ya aprendieron el camino y con el duelo de Ayotzinapa, quisieron vestirse de gloria y han llegado estudiantes normalistas de 17 entidades e igual número de planteles.
La tarde del 15 algo pasó, cerraban y abrían las normalistas el acceso principal de “El Trébol” hacia el centro de la ciudad, en un momento dado ya no se quisieron quitar y vino el enfrentamiento.
En el cumplimiento del deber profesional se lograron captar imágenes y videos, que dieron cuenta de lo que efectivamente ocurrió en ese lugar, estallaron las bombas lacrimógenas y las normalistas fueron desalojadas.
No se puede juzgar, ni ser juez y parte para decir quien comenzó el enfrentamiento, lo rescatable es que la presencia de cámaras y de reporteros de alguna manera frenó el exceso de fuerza.
Este hecho y la difusión profusa de los hechos en la prensa nacional y en la red de Internet, fue reconocida y agradecida por las alumnas, quienes pidieron fijar su postura, para aclarar que ellas no fueron las provocadoras.
Incluso pidieron el auxilio de la prensa el miércoles por la noche, estaban temerosas de ser desalojadas de su plantel, también recibieron el amparo de los padres de familia y de la gente noble de Panotla.
Cubrir los acontecimientos malos y buenos que ocurre en Tlaxcala es tarea de los periodistas, para dar cuenta fiel de lo que pasa, aunque las normalistas deben de reconocer que no todos los reporteros están a su disposición o simpatizan con su movimiento.
Hay quienes las critican y hasta se alegrarían por lo que les pasa cuando interviene la fuerza pública, la prensa seria, la que no está vendida se ocupa y preocupa, sin pedir nada a cambio.
No se puede generalizar, pero llama la atención lo que deriva en un gesto de arrogancia e intolerancia de unos cuantos normalistas, lo mismo de maestros que gritan “prensa vendida cuéntanos bien”.
Es lamentable que quienes apoyan con su trabajo y cobertura profesional las luchas sociales, que reciban el gas lacrimógeno a la par que las normalistas reciban un “nosotros ya no los necesitamos, ni los queremos ver… VÁYANSE A LA CHINGADA”
