• José Vicente Sáiz Tejero
Tiempos de Democracia

 

  • Aristegui, y el fantasma de la Casa Blanca, seguirán al mandatario hasta el fin del sexenio
  • El libre acceso a la información que posibilita la democracia, principal adversaria de la opacidad
  • Desconfianza y austeridad, dos factores que presagian tiempos sumamente complicados

 Al revelar la trama de la Casa Blanca, Carmen Aristegui perdió su trabajo, pero a cambio de su cese dejó tatuado a fuego un estigma indeleble en la biografía de Enrique Peña Nieto. Luego de su fallida y muy poco convincente justificación en torno a lo descubierto por la excepcional periodista, el mandatario tendrá que remar el resto de su sexenio a contracorriente de la desconfianza del pueblo que gobierna. El pasado 3 de septiembre, en Palacio Nacional, se pudo comprobar que la palabra presidencial ha perdido su fuerza persuasiva, sin que importe que la dirija en exclusiva a auditorios cuidadosamente elegidos. Nótese, por ejemplo, el efecto contraproducente que en el humor ciudadano tienen sus arengas cuando hacen referencia a la transparencia que debe prevalecer en la conducta de los servidores públicos. Y a ese clima de exasperación social ha venido a sumarse el ruido que -a querer o no- ha metido la forma en que, en Guatemala, se retiró la inmunidad a Otto Pérez Molina, el ahora ex presidente de la nación chapina.    

 Nostalgia por otras épocas

   No obstante su relativa juventud, y que es miembro de una generación diferente a la de sus antecesores, estoy inclinado a pensar que el mexiquense habría preferido gobernar en la época en que, para rendir su informe a la soberanía popular, los presidentes se trasladaban a Donceles -o Bellas Artes, o San Lázaro, según el estilo y parecer de cada mandatario- en un imponente automóvil descapotable, circulando entre vallas que a duras penas contenían a multitudes que los aclamaban entre nubes de confeti y serpentinas. Luego de cumplido el trámite constitucional, volvían a los suntuosos salones del Palacio Nacional a recibir los parabienes de un México diverso, en un larguísimo besamanos que se prolongaba por horas, culminando de esa versallesca manera el que con el tiempo dio en llamarse eufemísticamente el Día del Presidente. Mas para su mala fortuna, a Peña Nieto le tocó la era del pluralismo político, del periodismo de investigación, de las encuestas, de la revolución de la informática, del crecimiento exponencial de las redes sociales, y de esa incómoda globalidad que de continuo lo tiene sujeto al escrutinio internacional.

Pendiente descendente

   Enrique Peña Nieto inició su mensaje reconociendo la indignación de la sociedad. Incluso citó las razones de esa falta de confianza, pero sin aclarar con qué medidas concretas intentará recuperarla. En un momento crucial para su gobierno, circunscribió su discurso a conceptos difusos y a generalidades varias apartadas de la esencia de la problemática y que, por tanto, no calan en el ánimo fatigado de la gente. La oratoria del presidente ya no emociona ni motiva; el descrédito que pesa sobre su persona -y sobre varios de sus colaboradores- lo venció, y será poco lo que pueda hacer en el largo camino que aún le falta por recorrer, excepto el intentar llevar a buen puerto las reformas que promovió. Es de lamentar que, quien arrancó su mandato rompiendo con fina destreza política las ataduras que impedían el desarrollo del país, no haya sabido desvincularse de prácticas que -legales o no-, ensombrecen el quehacer del primer obligado a ser ejemplo de rectitud y transparencia.

Realidad adversa

  Llevando a rastras un bajísimo índice de aceptación, el presidente tendrá que hacer frente a tiempos difíciles. La economía no marcha bien en lo interno, y en lo externo no se perciben señales que permitan mirar al futuro ni siquiera con moderado optimismo. Se nos anuncia una etapa de severa austeridad presupuestal, lo que no es ciertamente algo que vaya a incidir en atenuar las tensiones sociales ni en la mejoría de la popularidad de Enrique Peña Nieto. Habrá que ver qué programas y qué partidas específicas serán las afectadas en el tan traído y llevado presupuesto base cero; ojalá que se actúe con sensatez y no se cometa el desatino de castigar el gasto social en beneficio de obras que pueden esperar tiempos mejores. Mañana martes se entregará en la Cámara de Diputados el proyecto de presupuesto, y sólo hasta entonces sabremos si es real el apretón de cinturón a que se someterá el gobierno, con la supresión de organismos inútiles, de erogaciones superfluas y de ofensivos  despilfarros en los que tan pródiga ha sido la administración peñanietista.

Tres ideas de interés -1-

  De entre el fárrago de cifras que poco dicen a quien las escucha, y del lanzamiento de un decálogo más de entre los varios que en la primera mitad de este sexenio se han dado a conocer -y de cuyos innumerables puntos por cierto son pocos los que se recuerdan-, pueden por novedosas ser dignas de análisis tres ideas: los Bonos para la Educación, el Inglés Obligatorio, y la Secretaría de la Cultura. Vamos pues a ello. Con independencia del noble destino que piensa darse al dinero que se capte con los tales bonos -remodelación y equipamiento de las decenas de miles de escuelas en estado ruinoso que existen en el país- hay que subrayar que, contrariamente a lo que sostiene Aurelio Nuño -el nuevo secretario de Educación-, detrás de esa suerte de alquimia financiera se esconde una forma peligrosa de endeudamiento que, tarde que temprano, habrá de sumarse a la inquietante suma de compromisos ya adquiridos por este gobierno.

Tres ideas de interés -2-

  Mas vale tarde que nunca. Eso es lo que en principio sugiere el excelente proyecto de hacer del Inglés una materia obligatoria en el sistema escolar del país pues, hoy por hoy, esa lengua es por antonomasia el idioma universal. Mas surgen varias dudas: ¿cuántos maestros hay que lo hablen? ¿cuánto tiempo llevará capacitar a los que lo desconocen? ¿querrán y estarán dispuestos a aprenderlo los que están actualmente en las aulas? ¿o habrá que aumentar aún más la nómina magisterial con la inclusión de nuevos profesores? En lo que hace, por último, a la Secretaría de la Cultura, se sabe que fue, de siempre, una aspiración de los creadores de México; sin embargo, en esta época que ya se dijo será de duras restricciones presupuestales, la idea apenas bocetada por el presidente seguramente se reducirá a agrupar bajo un solo mando a las diversas dependencias que se dedican a su fomento y difusión, sin que ello obligue a la hacienda pública a canalizarle más recursos. En este, como en los otros rubros, habrá que esperar a conocer en detalle las propuestas del ciudadano presidente.

 

 

Para la Primera Plana:

 

Es muy de lamentar que el presidente Enrique Peña Nieto, que arrancó su mandato rompiendo con fina destreza política las ataduras que impedían el desarrollo del país, no haya sabido desvincularse de prácticas que -legales o no-, ensombrecen el quehacer del primer obligado a ser ejemplo de rectitud y transparencia.