Un tema preocupante en la situación actual del país es que pese a la pésima economía que el gobierno priista mantiene; así como la inseguridad, falta de empleos e inversiones y crecimiento de la pobreza, entre otros graves problemas; según los resultados de la pasada elección federal, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) resultó ser el partido con el mayor número de votantes con el 29.10 por ciento, donde según se puede deducir que las personas más afectadas por el sistema priista fueron las que votaron por quien las tiraniza.
Al ver este escenario la opinión que dio hace varios años el escritor Mario Vargas Llosa de que México era la dictadura perfecta parece estar más vigente que nunca; ya que si bien el gobierno no obligó a los electores a través de la violencia física o intimidatoria para que votaran a favor de su partido logró de alguna manera comprar sus voluntades.
Es decir el PRI gobierno a más de ochenta años de existencia mantiene las mismas prácticas añejas que le han generado vergonzosos triunfos electorales a través del lucro con la necesidad de la gente.
Lo lamentable es que sean precisamente quienes sufren con mayor crudeza los embates de un sistema corrupto que no produce, sino cada vez más pobres y se enriquece a costa de ellos, quienes a cambio de una pantalla o de alguna otra dádiva, siguen dando su voto a un gobierno que en adelante les seguirá arrebatando la dignidad.
Un gobierno que luego de beneficiarse con los votos de los más necesitados a favor del partido que lo llevó al poder los traicionan aumentando precisos, subiendo impuestos, orillándolos a condiciones de vida ofensivas, sin siquiera hacer lo mínimo para generar una posibilidad de mejoría en su condición de vida.
Y hoy dos millones de pobres más en el país significan dos millones de votos más para el PRI; dos millones de nuevos pobres que probablemente el día de mañana vuelvan a vender su voto por una computadora de tercera, o una pantalla de cuarta sin importar que esto siga contribuyendo a mantenerlos sumidos en condiciones míseras a ellos y a sus familias.
Si la pregunta es: ¿Le importan a los gobiernos priistas los pobres?
La respuesta es sí; pero no porque quieran ayudarlos; sino porque se siguen vendiendo por nada y siguen votando por ellos.
En Tlaxcala hoy el gobierno marianista del PRI ha generado cerca de treinta mil nuevos pobres de los cuales un buen número ya estará en edad de votar en las próximas elecciones en que se elegirá al nuevo gobernador, alcaldías, diputaciones locales y presidencias de comunidad.
Frecuentemente se ha dicho que Tlaxcala ha sido un laboratorio para el resto del país; y en este sentido Tlaxcala tiene la oportunidad de cambiar las cosas, donde el electorado no venda su voto por dádivas.
En el pasado los tlaxcaltecas ya han revertido esto, y no siempre se ha votado por el PRI gobierno.
Las próximas elecciones en la entidad ya están a la vuelta de la esquina, y los resultados en gran medida también tendrán que ver con el comportamiento y las propuestas de los demás partidos. A ver qué pasa.
