• José Vicente Sáiz Tejero
Tiempos de Democracia

 

  • Salir airoso en la difícil segunda mitad de su sexenio requiere de una conformación distinta de su gabinete

 

  • El mandatario debe persuadirnos que su gobierno aún puede ofrecer a la nación un rostro renovado y limpio

 

  • Y si lo hace, también tendrá que reconsiderar las bazas con las que definirá su proceso sucesorio

  Desde el momento mismo que se dieron a conocer los nombres de los integrantes de su gabinete, Peña Nieto dejó claro con qué cartas iba a jugar su sucesión. No hubo nombramientos cifrados ni criptogramas difíciles de desentrañar. Semanas antes de asumir el poder, ya se sabía quién iba a conducir las finanzas del gobierno, y quién tendría a su cargo la política interior del país. Ambas carteras han sido -desde siempre- las de mayor responsabilidad, lo que aunado al ambicioso programa reformador con que iba a iniciar su gestión el futuro mandatario, hacía impensable que las pusiera en manos distintas a las de quienes habían probado su suficiencia en anteriores encomiendas y que, además, disfrutaban de la confianza del que sería Presidente de México.

Los puntales del gabinete

 Los nombres los conoce usted de sobra, amigo lector. En la Secretaría de Hacienda, Peña Nieto designó a Luis Videgaray Caso -47 años, capitalino, economista por el ITAM- y en Gobernación, a Miguel Ángel Osorio Chong - 50 años, de Pachuca, abogado por la Autónoma de Hidalgo-. Hay que decir, empero, que en la baraja del presidente hay un tercer nombre que, desde un segundo y más discreto plano, ha venido ganando influencia en forma notoria. Él es Aurelio Nuño Mayer -38 años, del D.F., licenciado en Ciencias Políticas por la Ibero- que, desde la Oficina de la Presidencia, se entera y opina de cuantas cuestiones son del conocimiento del presidente, en estrecha cercanía con el que manda y sin el desgaste que deriva de estar expuesto a los medios. En contraste con las actividades de Videgaray y Osorio -públicas por su propia naturaleza- las de Nuño están en la penumbra, lo que lo hace inmune a la crítica, e impide formarse una idea de su capacidad, la cuál podrá comprobarse sólo hasta que Peña Nieto le confíe una responsabilidad en la verdadera línea de fuego de la política. Mientras eso pase, este opinador se limitará por ahora a comentar la labor que llevan al cabo Videgaray y Osorio Chong.

Finanzas en peligro

   Empecemos por los asuntos de la hacienda del país. Los indicadores económicos internos y externos no es que presagien una tormenta; es que ya estamos dentro de ella. La depreciación del peso no hay quien la pare y, si bien es cierto que al principio el desliz lo determinaron factores externos, hoy existe la presunción fundada de que es la especulación la que empuja la cotización de la divisa verde al alza ante la indiferencia de Hacienda y el Banco de México que ven en la gran devaluación de la moneda -perdió ya una cuarta parte del valor que tenía al inicio del sexenio- la fórmula para evitar que el recorte presupuestal que se avecina sea aún más severo que el anunciado. Con otras palabras: México está en la ruta que Grecia no pudo seguir por estar atada al euro, y si bien es cierto que de esa manera se capotearán algunos de los problemas que acechan, sería pueril ignorar que una devaluación tiene un efecto inflacionario inevitable, aparte, claro, del daño político implícito al presidente en cuyo mandato ocurre la merma del poder de la moneda.

¿Crisis en puerta?

 Ante el riesgo de una fuga masiva de capitales, Banxico no tardará en decidir un alza de interés, incluso antes de que la Reserva Federal haga lo propio en los Estados Unidos. Agustín Carstens prevé turbulencias y se dice listo para tomar las medidas del caso, aunque su dicho no deja de ser inquietante pues trae a la memoria el leve catarrito que pronosticó para el 2008. En el 2016 habrá expirado el seguro petrolero, y la extracción del aceite y el precio del barril seguirán a la baja, abriéndose así un boquete en las finanzas públicas que no podrá taparse, ni con las remesas ni con el sobreprecio que pagamos por la gasolina importada de USA. Por otro lado, la deuda contratada al inicio del sexenio hace inasumible acudir a más créditos externos. No queda más que recortar el gasto, lo que significará a su vez despidos y restricciones e incidirá, a querer o no, en disminución de unas expectativas de crecimiento de por sí modestas.

Pobreza al acecho

 Los beneficios de la apertura energética tardarán varios años. Y cuando por fin se implemente a fondo la reforma educativa, el progreso se notará, cuando pronto,  en una generación. Mientras tanto, el largo impasse ya arroja sus primeras consecuencias: según Coneval, hay en México dos millones de pobres más que hace dos años. La cifra total es de 55.3 millones, equivalente al 46.2% de la población del país. En Tlaxcala, los números son peores: la proporción sube a un pavoroso 58.9%. Para la OCDE, México es el único país latinoamericano con una tendencia regresiva en la reducción de la pobreza, fenómeno que atribuye a la baja tasa de crecimiento, la desigual distribución del ingreso y la gran disparidad del desarrollo regional. La percepción ciudadana culpa al raquitismo de la economía y, en concreto a Videgaray, en razón de que sus fallidos  vaticinios se han tenido que corregir uno tras otro. A estas alturas, son pocos los que dan crédito a sus dichos, y eso, en una materia tan sensible la financiera, podría desaconsejar que siga al frente de la Secretaría de Hacienda.

El que mucho abarca…

 En lo que toca a los asuntos que son a cargo de Osorio Chong, las cosas no van mejor. Como antecedente vale citar que -a propuesta del hidalguense- a las funciones que de siempre correspondieron a Gobernación, se le sumaron las que -en los dos sexenios precedentes- se encuadraban en la hoy extinta Secretaría de Seguridad Pública. Así, como titular de la nueva supersecretaría asumió la rectoría del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que incluye las políticas de información e inteligencia, de prevención del delito, de organización penitenciaria, de migración, de vigilancia fronteriza, de protección civil y de asuntos religiosos. Y en lo cotidiano, dirige a la Policía Federal y a la Gendarmería Nacional.

El naufragio de la seguridad

  Tamaña acumulación de responsabilidades excedieron la capacidad de control de Osorio Chong. Imagino que tuvo que delegar multitud de funciones en colaboradores que, o no poseían el nivel de competencia que exigía su desempeño eficiente, o no compartían las aspiraciones políticas del secretario. El caso es que al tema vinculado a la criminalidad se le aplicó al inicio una tupida cortina informativa que hizo creer a la sociedad que su habilidad operativa ya había logrado encauzar por caminos menos violentos el trasiego de las drogas. La realidad, empero, echó por tierra la optimista suposición, al tiempo que se multiplicaban las evidencias de que el crimen seguía cometiendo atrocidades. Ni las aprehensiones de capos importantes, ni la difusión de índices pretendidamente tranquilizadores consiguieron aplacar la inconformidad social, agravada por la inconcebible evasión del Chapo. La credibilidad descendió a menos de cero, y la gente se burla cuando oye al secretario afirmar que, para prevenir el escape del prófugo ¡blindó la frontera sur! El tren que por Apizaco a diario vemos pasar repleto de inmigrantes centroamericanos da razón al pitorreo generalizado.

¡Urge recuperar la confianza!

  El presidente Peña Nieto tiene ante sí la obligación de afrontar el reto de recobrar la confianza de la gente en su gobierno. Debe adoptar decisiones que contribuyan a restablecer la credibilidad perdida de los mexicanos, no en las instituciones, sino en los funcionarios que las encabezan. No habrá actos de adhesión partidista a su persona capaces de mitigar el daño acumulado. Precisa tomar determinaciones que persuadan a la ciudadanía que su gobierno aún puede ofrecer a la nación un rostro renovado y limpio. No le será fácil, es cierto, y así hay que entenderlo, pero es ineludible que lo haga, y que lo haga en serio. Si la intervención federal en Oaxaca tuvo la motivación sólo de restaurar el crédito de Osorio, creo que se eligió la estrategia equivocada. No, no es por ahí.

 

Para la Primera Plana:

 

El presidente Peña Nieto precisa adoptar decisiones que contribuyan a restablecer la credibilidad perdida de los mexicanos, no en las instituciones, sino en los funcionarios que las encabezan