• José Vicente Sáiz Tejero
Tiempos de Democracia

 

  • Al servicio del autoritarismo, Jacobo escribió los capítulos más obscuros de su polémica biografía
  • Para bien o para mal, fue un factor que influía en el pensamiento y la vida de la gente común
  • Difícil hallar quien lo iguale como entrevistador, reportero y cronista de los grandes sucesos 

   Es imposible permanecer indiferente ante la noticia de la muerte de Jacobo Zabludovski, figura omnipresente en los hogares mexicanos durante más de tres décadas. Vayamos pues, sin más preámbulos, a repasar algunos antecedentes de su claroscura biografía. El hombre, o mejor, el periodista, supo desde joven ubicarse en los entornos de los magnates de un medio de comunicación emergente -la TV-, predestinado desde su origen a caer en las redes monopólicas de Telesistema Mexicano, la empresa fundada en 1955 por don Emilio Azcárraga Vidaurreta, predecesora de la que luego se convirtió, en 1973, en Televisa, ya bajo la dirección de su hijo Emilio Azcárraga Milmo. Es desde aquellos años cuando, como conductor del informativo que por varios sexenios fue transmisor fiel de las pautas que dictaba desde Los Pinos “el señor presidente”, Zabludovski llevó al cabo con sutil eficiencia la función de moldear las preferencias de la gran masa poblacional, al gusto y conveniencia del longevo, desgastado y decadente sistema político que por aquel entonces todavía imperaba en México.

En la cima de su poder

  Azcárraga Milmo -un “tigre” nada fácil de domar por su irascible carácter- acabó entregado a la notable destreza periodística de Jacobo. El autodenominado “soldado del PRI” sabía que la clave para preservar intocado su imperio era gozar de la confianza del presidente de turno y que, para mejor lograrla, era condición sine qua non la presencia de Zabludovski en sus informativos. Por eso dejó en sus manos la organización del área noticiosa de Televisa, papel que Jacobo desempeñó con excepcional  eficacia, gracias a su habilidad en la creación y manejo de personal apto para la comunicación. La patente que le otorgó Azcárraga convirtió a Zabludovski en el zar de la información y, sin hipérbole, en uno de los mexicanos más influyentes de su tiempo. Desde su noticiario “24 Horas”, Zabludovski supo entretejer una gran entramado de relaciones sociales, políticas y económicas que, entre otras cosas, le permitió irse haciendo de un patrimonio personal considerable en obras de arte, entre las que destaca una selecta colección de cuadros de Tamayo.

Los altibajos de su carrera

  El recién fallecido comunicador transitó a través de dos épocas muy distintas, y más que distintas, de grandes definiciones. En la de la “dictadura perfecta” se entregó sin reservas al sistema, arrinconando sin miramientos a una oposición que halló las puertas de sus informativos cerradas a piedra y lodo. En la segunda, en la del inicio de la transición y la gradual pérdida de poder del PRI, a Jacobo le tocó un tiempo difícil que coincidió con el arribo a la dirección de Televisa de Emilio Azcárraga Jean. El tercer miembro de la dinastía Azcárraga liquidó a Cañedo y a Alemán y, con el respaldo del presidente Zedillo, tomó bajo su control el monopolio televisivo y fue adoptando medidas para acotar el poder que, aunque declinante, aún mantenía Zabludovski al margen de la empresa misma. En 1997, el PRI perdió la mayoría en San Lázaro, y a principios de 1998, el noticiario de Jacobo salió del aire. No fueron hechos inconexos, como no lo fue que el PRI saliera de Los Pinos en el 2000, y que el mismo año Zabludovski dejara Televisa, ya despojado de influencia y sin fuerza para dejar a su hijo Abraham al frente del estelar noticiario nocturno.

Su resurrección periodística… y su adiós

 Expulsado sin miramientos del que por más de cuarenta años fuera su mundo laboral, y zarandeado a fuerza de votos el régimen bajo cuyo cobijo actuó a sus anchas, Zabludovski se quedó en una suerte de limbo por un periodo que no finalizó sino hasta que Francisco Aguirre hijo lo devolvió a la locución en Radio Centro en el 2001, y Francisco Ruiz Healy en el 2007 a la prensa escrita en El Universal,. En esos medios y pese a su avanzada edad, Jacobo cobró renovado vigor y, merced a su gran oficio y maestría, y a la ductilidad de su carácter pudo poco a poco adaptarse a los usos de esa democracia mexicana cuyo alumbramiento tanto obstaculizó. Ya sin el yugo que lo mantuvo sojuzgado la mayor parte de su vida productiva, pudo al fin, en su plena madurez, dictar apreciables lecciones de periodismo libre. Y tras doce años de conducir “De una a tres”, un noticiario radial de alto rating, y de ocho de publicar “Bucareli”, un espacio de opinión semanal que tuvo numerosísimos lectores, Jacobo Zabludovski acudió a esa cita a la que todos vamos a ser algún día convocados. Descanse en paz.

Valoración final

   No se puede hacer una valoración equilibrada de un personaje tan complejo como Zabludovski si lo juzgamos sólo por su función de personero a las órdenes de un régimen antidemocrático que basaba su permanencia en el poder en mantener a la sociedad en la desinformación y la ignorancia. En mi concepto, hay pasajes del trabajo de Jacobo imposibles de perdonar, como aquel en el que presentó a un vástago natural de Lázaro Cárdenas, con el mezquino propósito de desprestigiar la figura del ex presidente y afectar la campaña electoral de su hijo Cuauhtémoc de 1988. Mas no obstante ese episodio, y otros aún peores, como su oprobioso silencio ante la matanza de Tlatelolco y ante el golpe del echeverriato contra el Excélsior de Scherer, eventos reseñados por Zabludovski de manera totalmente alejada de la verdad, no obstante todo eso, repito, creo que en aras de la más estricta objetividad, debe reconocerse que Jacobo fue un entrevistador excepcional, un reportero oportuno en permanente estado de alerta para detectar las noticias que acabarían siendo parte de la historia y, además y sobre todo, el gran cronista de su tiempo. Amigo de políticos, banqueros y luminarias del espectáculo, nunca olvidó que era hijo de exiliados ni las limitaciones que vivió en su infancia y adolescencia. Por lo demás, y a diferencia de la arrogante soberbia del actual conductor del noticiario de la noche, el estilo sencillo, coloquial, afable y sin afectaciones de Jacobo lo acercó a la gente que lo aceptaba como una indisociable parte del día a día en la vida de la ciudad de México. Esa es la verdad.  

ANTENA INTERNACIONAL

Radiografía del drama griego

  Hay cinco veces más dinero -en billetes y papeles- que bienes y servicios en el mundo. En otras palabras, toda la riqueza del planeta equivale sólo a la quinta parte del dinero depositado en los bancos. Esto da una idea de la virtualidad fantasiosa en la que nos hacen vivir los amos de las finanzas mundiales. Así las cosas, el único uso que le pueden dar a esas fortunas es prestarlas a países que lo precisan para desarrollarse y crecer, siempre y cuando tengan garantías de que les serán devueltas con sus correspondientes y suculentos réditos. El problema es que quienes precisan de esos créditos son países que, como a Grecia, la usura internacional los exprimió ya hasta el límite y han por tanto agotado su capacidad de pago. La amenaza de que el gobierno de Atenas se declare insolvente aterra al FMI y organismos afines. Por tanto, amigo lector, tenga la seguridad que le volverán a prestar, suavizando las exigencias que iban a imponerle, sobretodo tras el rechazo que a ellas opuso el pueblo griego en el referéndum de ayer. De lo que se trata es que la rueda siga girando, girando y girando…

 

Para la Primera Plana:

 

En aras de la objetividad y pese a las muchas sombras que oscurecieron su polémica ejecutoria en la televisión,  ha de reconocerse que Jacobo Zabludovski fue un maestro del periodismo cuyo talento trascendió las fronteras mexicanas.