• Enrique Gasga Ventura
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La corrupción es una práctica que lamentablemente se ha metido hasta el tuetano del sistema político mexicano, donde el gobierno como cabeza de este sistema entrampa las normas y ejerce una política permisiva ante este problema, donde la política simplemente  se ha vuelto un negocio en todas y cada una de las entidades del país.

El famoso proyecto de nación del que se hablaba en l os partidos políticos, en foros y en las universidades en la década de los sesentas, setentas y ochentas del siglo pasado, se quedó en eso en un proyecto; pero la realidad es que en la actualidad los partidos sólo tienen una escueta plataforma que les pide la autoridad electoral como un mero requisito, pero nadie revisa si dicha plataforma se cumple.

Hoy los proyectos se han convertido en una competencia por el poder mismo en el que los ciudadanos estamos a expensas de las decisiones de los gobernantes las cuales mayormente nos afectan con el aumento de los precios, con la falta de empleos y empleos bien remunerados; así como con una delincuencia organizada que está presente en varias esferas de la política y de los gobiernos.

Las condiciones económicas son pésimas para la mayoría de los ciudadanos, quienes además tenemos que pagar altos impuestos, multas y salarios elevados de los funcionarios públicos de alto nivel quienes en los tres o seis años que gobiernan poco o nada hacen para cumplir con su responsabilidad en la administración pública.

El colmo de los colmos es que incluso personajes relacionados con los cárteles de la droga se metieron a competir por un puesto de representación popular en las pasadas elecciones como en el caso de Michoacán.

Las elecciones cobraron la vida de varios candidatos en diferemntes partes del paìs; así se está dando la lucha por el poder, mientras los ciudadanos estamos obligados a acatar las leyes que promueven los gobiernos.

En el caso de Tlaxcala, por ejemplo, el grupo de diputados del partido en el poder y una camarilla de aliados se apuran por votar lo que conviene al gobierno y no a los ciudadanos; donde la política social es algo que parece no interesarles; donde las pocas iniciativas que se han presentado encaminadas a brindar más apoyo social son relegadas y olvidadas.

Las llamadas reformas estructurales son el gran negocio del gobierno federal priista, donde el presidente Peña Nieto está convertido en el farol de las empresas extranjeras y en la oscuridad de los mexicanos; al menos de los millones que no hemos visto beneficio alguno con dichas reformas, y al parecer no los veremos, porque dicho proyecto está hecho a la medida de los grandes consorcios económicos y no a la medida de las necesidades de la ciudadanía.

Que vamos por buen rumbo…, es una de muchas frases al mero estilo del fabricador de imágenes de los gobiernos priistas Carlos Alazraqui, de la propaganda salinista que no es sino un insulto a la inteligencia del pueblo.

Sin embargo, hoy vivimos un regreso gradual a ese priismo arcaico y corrupto; donde el ex priista Andrés Manuel López Obrador conduce la debil y mal llamada izquierda mexicana, mientras el PAN sigue sin poder reorganizarse tras los añicos que dejó Felipe Calderón, y el sistema electoral sigue aceptando a más partidos políticos que cuestan muy caro a la ciudadanía, y sólo han servido para fragmentar más a la oposición.

Quisiera ser más optimista, pero conociendo como se las gasta el PRI en el gobier no, y de no haber alguna opción viable, en unos años podrían regresar las devastadoras crisis económicas que bajo los gobiernos priistas sufrimos millones de mexicanos en decadas pasadas. Ojalá esté equivocado.