- Propaganda abusiva, ignorancia, desencanto y calendario inadecuado, causas del abstencionismo
- Oposición desintegrada contra un partido gobernante cohesionado y con recursos
- Moderación, el nuevo signo del quehacer político del gobernador Mariano González Zarur
¿Padeció mucho su entendimiento, amable lector, tras haber sido sometido durante varias semanas a la poco grata experiencia de escuchar una catarata insufrible de spots que le ofrecen feliz solución a todas sus carencias, siempre y cuando tenga a bien darle su voto a tal o cual partido, o a tal o cual candidato? Mas consuélese: en sólo tres días ese fastidio habrá acabado. Y pese a tal abundancia propagandística, pocos somos los que formamos en el exiguo contingente -no más del 35% de la lista nominal en Tlaxcala- que acudiremos a la cita con las urnas para cumplir, este 7 de junio, con el deber de sufragar por la que creamos mejor propuesta o -si no halláramos ninguna que merezca esa calificación- por la que nos parezca menos mala. Pero si usted decide no votar por ser uno de los muchos desencantados con las imperfecciones de nuestra democracia y con la perversa interpretación que de ella hacen los políticos, su enojado repudio podrá entenderse, pero no creo que se justifique si pensamos que, este país, para edificarse sobre bases justas, precisa del concurso de todos sus ciudadanos.
Causas de la indiferencia ciudadana
Menester es admitir que algo hay mal en un sistema electoral en el que, para elegir a un legislador federal, se llama a votar a una ciudadanía desinformada que ni siquiera sabe cual es la función de un diputado en San Lázaro. Demostrado está que el elector sólo muestra interés cuando se trata de escoger alcalde, gobernador o presidente y que, mientras no se tenga un calendario que combine inteligentemente los comicios federales con los estatales y los municipales, la gente seguirá desairando estas convocatorias. En esa indiferencia ciudadana mucho influye la reticencia oficial para incluir en los planes educativos de niños y jóvenes al civismo, materia a la que no se da la importancia que tiene para el sano desarrollo de la democracia. El hecho a su vez incide en la falta de conciencia de lo nacional. Y es que los mexicanos propendemos a desdeñar los problemas que atañen al país en su conjunto, sin advertir que esa actitud acaba por afectarnos en lo individual.
Realidad incontestable
Viene al caso, estimado lector, contarle a usted la siguiente anécdota: con cruda pero objetiva visión de la realidad, un gobernador de Tlaxcala en funciones puso a pensar a los opinadores que con él conversábamos, al decirnos que “…si no fuera por el acarreo y las dádivas que ustedes tanto critican, ¿cuántos votantes creen que espontáneamente irían a votar en una elección federal intermedia?...”. Al margen de consideraciones de índole moral, ha de reconocerse la incuestionable lógica de la reflexión, teñida de cínico realismo. Y es que, de no ser por los recursos extralegales que, en distintas medidas, casi todos los participantes en este tipo de contiendas ponen en juego para “incentivar” el interés ciudadano, ¿cuántos votos legitimarían la presencia de un legislador federal tlaxcalteca en la Cámara de Diputados?
Mayoría priísta en San Lázaro
En nuestro esquema bicameral, la llamada cámara baja -la de diputados- se renueva cada tres años, a diferencia de la alta -la de senadores-, que lo hace cada seis. El propósito de estas elecciones es integrar una legislatura de la que dependerá la orientación -progresista, centrista o conservadora- de las leyes que regirán a la sociedad y, consecuentemente, de la concreción de las políticas del Ejecutivo Federal. Su composición definirá el tipo de pactos que veremos en el siguiente trienio, segundo y último del mandato del presidente Peña Nieto. Por lo pronto, y de acuerdo a la mayoría de las encuestas, todo apunta a que el PRI será otra vez la primera minoría a nivel nacional, con opción -junto a sus partidos satélites Verde y Panal-, a arañar la mayoría relativa -la mitad más uno de los 500 diputados-, con la que podrá aprobar las reformas que no exijan mayoría calificada.
Panorama local
Mas si en el escenario nacional ese tema dejó de ser un acertijo sin solución, las tres curules que se disputan en Tlaxcala si son, en cambio, de más difícil pronóstico. Elementos hay que influyen en ello. Veamos: el primero lo constituye los pobres números del tricolor en pasadas lides electorales y, el segundo, que sus candidatos pertenecen a una nueva generación de políticos y están, por tanto, en los albores de su carrera. Sin embargo, hay tres argumentos que, a mi juicio, pesan más que los anteriores y que me hacen pensar que el PRI sí podrá esta vez alzarse con el triunfo en los tres distritos en juego. Las cito: primera, la quiebra política y moral del PAN y el PRD, lo que inevitablemente los distancia del elector; segunda, la fragmentación de la escasa votación que se registre, dividida entre los otros siete partidos en pequeñas cuotas, y tercera, que el gobernador González Zarur haya escogido la moderación como el sello que distinguirá su quehacer político en el último tercio de su mandato, actitud esta que lógicamente disminuirá el voto negativo que tanto pesó en pasados pulsos electorales.
El gobernador González Zarur
Apaciguar resentimientos y aparcar rencillas -reales o imaginarias- son señales inequívocas de un acertado cambio de estrategia. Es la curva de aprendizaje por la que pasa todo gobernante y del que no todos obtienen el necesario provecho. Cumplidos cuatro años en el mando político del estado, el discurso abandonó el dicterio, dejó atrás el tono crispado, y empezó a sonar más sereno y ordenado. Se acotaron las declaraciones improvisadas que tantos riesgos conllevan y las apariciones públicas, sin dejar de ser frecuentes, son cuidadosas y medidas. Y si bien meramente representativa, la presidencia de la Conago no deja de ser un escaparate nacional bien iluminado del que pueden obtenerse beneficios, para sí y para Tlaxcala. Por ese y por otros varios motivos, hoy hay más ojos que nos escrutan; dejamos, por fin, de ser invisibles. Concluyo, estimado lector: de ser acertadas estas percepciones -y no sólo buenos deseos del opinador-, la moderación a que aludo redundará en una distensión que, a mi entender, debe ser positiva.
¿Carro completo tricolor en Tlaxcala?
Es evidente que, en Tlaxcala, los principales partidos de oposición no aprovecharon su paso por el poder. Ni el PRD ni el PAN construyeron -cada uno a su tiempo- una estructura eficaz para afrontar eventos electorales. Además, tanto su militancia como sus cuadros directivos están siempre enfrentados y divididos, lo que provoca la dispersión de sus simpatizantes. En nuestra entidad, los principios que dieron vida a esos dos institutos yacen en sus archivos muertos. Y si no, ¿cómo se explica que una senadora panista -aspirante a repetir como candidata a la gubernatura - apoye a un ex alcalde impresentable sobre el que pesan múltiples acusaciones o que quienes tuvieron cargos de dirección en el PRD hagan campaña por otros partidos sin ningún sonrojo? La bancarrota ética de la oposición configura un panorama propicio para el triunfo de un PRI cohesionado que dispone de recursos ilimitados, que compite con candidatos jóvenes sin tacha conocida en materia de honestidad y que transparentaron su patrimonio y sus intereses. Incluso uno de ellos, Ricardo García Portilla, que compite en el complejo tercer distrito, no rehuyó un debate que a la postre se frustró por la deserción de sus adversarios. Termino: hay elementos suficientes para creer que, esta vez, el tricolor navega en Tlaxcala con el viento a su favor, pese a que como partido aún dista mucho de ser -todo hay que decirlo- un paradigma de rectitud política.
Para la Primera Plana
La bancarrota ética de la oposición configura un panorama propicio para el triunfo de un PRI cohesionado que dispone de recursos ilimitados, que compite con candidatos jóvenes sin tacha conocida en materia de honestidad y que transparentaron su patrimonio y sus intereses.
