- El PAN juega con un sujeto políticamente impresentable, y el PRI, con una joven de muy incipiente trayectoria
- Las postulaciones de los partidos mayoritarios allanan el camino a Sánchez Anaya, abanderado de Morena
- Reyes Ruiz Peña, del PT, podría captar buen número de votos de la ciudadanía inconforme
Hora es ya de trasladar a la realidad política local las disquisiciones, generales y un tanto teóricas, que puse a su consideración, amigo lector, los dos lunes anteriores. Giraban -si usted las recuerda- en torno a la elección del 7 de junio, y a la posibilidad que ofrece al electorado de reconfigurar el escenario político de la nación de los tres próximos años. Como debe haberse enterado, ayer se iniciaron las campañas, cuya duración estará limitada a sólo dos meses. Tras muchas semanas de especulación y espera, por fin los partidos eligieron a sus candidatos y podemos ya hacer referencia a ellos -por lo menos a los más significados- por su nombre y apellido. Y cabe aquí mencionar que el INE los invitó -con acierto, a mi juicio- a que ingresen en el portal de esa institución sus datos biográficos y curriculares, a efecto de que el ciudadano interesado pueda conocerlos, e incluso comprobar su frecuentemente dudosa veracidad. Dicha información no es ociosa; ya se ha visto el costo de llevar a cargos de representación a sujetos de oscura reputación.
Promesas de limpidez ética
El PRI quiere ir más lejos, pues pidió a sus candidatos hacer pública su declaración de intereses y, si resultan ganadores, también la patrimonial y la fiscal. Su líder nacional César Camacho, dijo que “…están listos para honrar el compromiso con la transparencia y la rendición de cuentas…”. Y luego añadió, para dar contundencia a su aserto que “…más allá de que sea una regla legal, es un asunto de ética política y estamos listos para jalar…”. Por su parte, Carlos Navarrete, dirigente nacional del PRD, solicitó a la Procuraduría General de la República que certificara a todos y cada uno de los aspirantes amarillos. Y del PAN y su presidente nacional Gustavo Madero no tengo noticia de que hubiera adoptado una postura análoga a la de sus homólogos, pero se supone que sí lo hizo, pues el tema formó parte importante de su agenda de los últimos meses. Pronto se verá si tales declaraciones de intención son sólo palabras al viento, o si hay en ellas un afán real de no postular maleantes.
El PAN… ¿suicidio electoral premeditado?
Pero vamos de una buena vez al punto. En el Distrito I, el que tiene su cabecera en Apizaco, hay elementos de sobra como para pensar que la elección no discurrirá sin que los ánimos lleguen a caldearse. Y de muestra basta un botón: ¿cómo explicar que, a contra corriente de lo dicho en el párrafo anterior, el PAN postulara a Orlando Santacruz, persona sobre la que pesan imputaciones de irregularidades en el manejo de fondos públicos cuando ejerció de alcalde apizaquense? La prensa se ocupó en distintos momentos de reproducir informes del OFS (Órgano de Fiscalización Superior del Estado) y de la ASF (Auditoría Superior de la Federación) que dejaron al descubierto las anomalías perpetradas. Su sucesor en el cargo, Jorge Luis Vázquez, confirmó el daño inflingido al erario de la comuna rielera así como de sus muy graves consecuencias, entre las que destaca la supensión de partidas federales asignadas al municipio. Ducho en argucias de barandilla, Santacruz quizá pueda eludir la acción justicia, pero no se ve cómo escapará del cúmulo de negativos que arrastra…, y del voto de castigo con que los electores de la cabecera desquitarán su coraje.
Rosalinda, la tricolor sustituta
Lo que no hizo el PAN, si lo hizo el PRI, aunque por otras razones. El tricolor retiró de la contienda por la candidatura al hijo del contador Mariano González Zarur. Debió hacerlo antes; Rosalinda Muñoz, la aspirante sustituta, irrumpió tardíamente en escena de la mano del defenestrado Mariano González Aguirre. Pudieron ser tres las causas de su claudicación: 1) las argumentadas en su carta renuncia, esto es, por las implicaciones éticas derivadas de su cercano parentesco con el mandatario estatal; 2) por una eventual imposibilidad de cumplir las exigencias de transparencia impuestas por su líder nacional o, 3) por que las encuestas acusaran rechazo a su postulación. En alguna de ellas, o quizá en su combinación, se hallan los motivos del inesperado retiro de una precandidatura largamente acariciada y que tenía meses trabajando. Pero esa es agua que pasó bajo el puente y ya no precisa de espacio; la actualidad hoy la representa la ex presidenta municipal de Tlaxco, que recién dejó la dirección organismo que otorga créditos a empresas pequeñas (Fomtlax) y a cuyo frente estuvo menos de un año. Contará, como es de suponer, con toda suerte de apoyos oficiales, lo que la convierte en una competidora a tener en cuenta.
Morena con Sánchez Anaya
De algo debe servirle haber sido gobernador a Alfonso Sánchez Anaya. Hay quienes piensan que puede influir para mal, pero me inclino a creer que hacen mayoría los que asumen que esa condición le ubica -cuando menos de arranque- como favorito en la contienda, sobre todo si López Obrador se da un par de vueltas por el Distrito I durante su campaña, y gracias además al hecho fortuito de que el azar de una tómbola lo haya librado de la sombra -la política, me refiero- de su esposa, mejoró sus expectativas, si bien no lo exime de su responsabilidad por haber consentido aquel monumental acto fallido de pretender que fuera su sucesora en el gobierno. El caso es que Alfonso inicia en punta, como lo prueba el interés de los escribas oficialistas en destacar el problema que hace tiempo arrastra en sus rodillas. Olvidan que aspira a legislar, no a correr 100 metros más aprisa que Usaín Bolt; será suficiente con que la cabeza le funcione bien.
Reyes Ruiz, en pos del voto de los indignados
En el elenco de aspirantes a la diputación del Distrito I figura Reyes Ruiz Peña, un personaje genuinamente popular que ya fue alcalde de Apizaco, y que cuenta con una cauda de fieles simpatizantes que lo han seguido en pasadas aventuras electorales. Por su forma de ser y de actuar, y por su manera claridosa de opinar, la gente lo siente como uno de los suyos. Reyes les da certeza de que, si llegara a ganar la curul en disputa, en el recinto parlamentario federal se dejaría oir una voz que no se vale del lenguaje “políticamente correcto”. Para dejar de ser el paraiso de la simulación, sería sano que quien llama a las cosas por su nombre y denuncia sin miedo las carencias ciudadanas, pudiera llegar a San Lázaro. No obstante, sería iluso perder de vista que -aunque se habla de que hay en gestación una interesante alianza de facto en torno a su persona- a Reyes formalmente lo abandera el PT, un partido que no se caracteriza por darle apoyo económico a sus candidatos, circunstancia que -por lo menos de entrada- lo coloca en desventaja respecto de sus demás adversarios.
Los demás…
El PRD, con una candidata sin renombre, está destinado a un papel de modesta comparsa. Lo mismo acontece con el Verde y el Panal, cuyos votantes no conocen ni el nombre de su candidato. Y con escasas probabilidades de jugar un rol de importancia, hay que citar al conocido César Carvajal, postulado por Movimiento Ciudadano.
