• Enrique Gasga Ventura
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La falta de credibilidad de los ciudadanos hacia el gobierno no es algo nuevo; a través de los años los gobiernos han hecho todo lo posible por ganarse a pulso el rechazo de sus gobernados; hay quienes han mentido, defraudado, saqueado y/o reprimido, y en contraparte muy pocos han ejercido una administración de los recursos públicos digamos regular, pero sin embargo, a la vista de los ciudadanos de cualquier manera su credibilidad ha quedado en entredicho. El actual gobierno de Tlaxcala ha rayado en los excesos, y a dos años de concluir su administración no hay visos de que quiera modificar la imagen negativa que ha amasado para sí mismo.

La situación de los policías acreditables del gobierno estatal inmersos en la delincuencia organizada; no son sino un pretexto que puede develar un texto de fondo de una administración deformada llena de irregularidades y arbitrariedades como lo han acusado diversos actores políticos, partidos, asociaciones civiles, organismos autónomos y ciudadanos.

Sin embargo, para el presente gobierno de la entidad, la indiferencia ante tal circunstancia hace cada vez más grande la falta de credibilidad de la gente; aspecto que no es únicamente del gobierno estatal, sino que ha afectado de tajo a los partidos y a los políticos en conjunto, donde quienes aspiran a ser candidatos en la elección por las diputaciones federales han tenido que cargar con el malestar ciudadano.

El escenario político, económico y social de inseguridad exacerbada, la falta de oportunidades, la falta de empleos y una economía endeble que hoy se vive en todo el país, ha coadyuvado a generar un ambiente difícil para la sociedad civil preponderantemente; y ha contribuido al desánimo, desconfianza y decepción de los gobiernos en mayor o menor medida.

En este plano, Ayotzinapa y Tlatlaya en el momento presente, las muertes de Juárez hace algunos años, el creciente narcotráfico, el secuestro, la extorsión, etc., pero más enfáticamente la penetración del crimen organizado en el gobierno, aspecto tampoco nuevo, pero si en ascenso; han hecho que la falta de credibilidad hacia el gobierno sea un factor lógico entre los ciudadanos.

Superar toda esta madeja de irregularidades y excesos e imagen negativa de los gobiernos, políticos y de la política en general, debió ser un reto para el gobierno tlaxcalteca al inicio de su administración, pero en lugar de esto, y sin un proyecto claro de gobierno, se ha fusionado con dichas prácticas contrarias al bien de sus gobernados.

Y hoy cuando al representante de este gobierno, el gobernador Mariano González Zarur, se le pide una explicación sobre la penetración del crimen organizado en su policía estatal, y cuando a la ciudadanía se le debe una explicación más allá de que se la pida el Congreso del Estado, el silencio da paso a la incertidumbre, y más aún a un cúmulo de conjeturas donde a la vista de los gobernados puede haber más de un funcionario de primer nivel ligado a dicha red delictiva, donde no es creíble que ni la Procuraduría, ni la Segob, ni otros funcionarios de primer nivel, si no estaban enterados de toda esta situación; al menos conozcan algunos indicios que pudieran ayudar a esclarecer el caso de los policías acreditables.

Ejemplos de excesos hay muchos, y ganas de corregir errores por parte del gobierno hay pocas; ante este escenario es insoslayable que la credibilidad en este y en muchos gobiernos penda de un hilo.