• José Vicente Sáiz Tejero
Tiempos de Democracia

                                                                  

 

  • Más que a la función de informar, la ceremonia estuvo orientada al lucimiento de los políticos
  • Las estadísticas deben servir para saber de los logros, pero también para detectar las carencias
  • Sobre la profusión de datos, destacaron los silencios sobre asuntos de interés general

   México tiene que cambiar. Y Tlaxcala también debe hacerlo. Es imposible que la clase política siga indiferente ante las nuevas realidades y -como si el mundo se hubiera detenido- continue haciendo uso de sus mismos anquilosados y antiguos rituales. Paralizada intelectual y mentalmente, rodeada de incondicionales obsecuentes y aislada en sus burbujas palaciegas, esa casta de políticos dinosaúricos se quedó petrificada en el tiempo, mientras la conciencia social de los pueblos evolucionaba al ritmo de las modernas tecnologías de la comunicación y de la inevitable divulgación instantánea de las noticias. Pese a ello, los políticos -los de la anterior generación y también lamentablemente los de la actual- se obstinan en ignorar las exigencias de una sociedad mejor informada, harta de sus medias verdades cuando no de sus mentiras enteras.  

Montaje obsoleto

  En política, los dogmas de fe ha tiempo tocaron a su fin. Podrán seguirse organizando eventos como el del pasado 14 de enero -Informe Ciudadano del contador González Zarur-, pero sólo valdrán para alimentar el ego de quien los organiza. Inmerso en los humos del autoelogio, el refererido gobernante emitió sus propios juicios de valor, ante un grupo de amigos, de gente con las que comparte intereses, y de burócratas obligados al aplauso. Él, como único ponente, sin dar espacio para la réplica de quienes opinan diferente. La convocatoria era a oirlo, no a dialogar ni a controvertir. No se dirigía a una representación plural ni estaba en el Congreso donde podría ser cuestionado; su perorata la pronunciaba ante una concurrencia invitada para festejarlo, dijera lo que dijera, hiciera lo que hiciera. Sin punto de contraste, el informe ha de aceptarse cual si fuera la verdad revelada. Como cuarenta años atrás, a la ciudadanía sólo le toca escucharla, no discutirla.

Aritmética del empleo

   Quizá el motivo de mayor vanagloria fue la creación de empleos. González Zarur dijo que sus números estaban por encima de la media nacional. Veamos estos datos, consultables en la página de la Secretaría del Trabajo: en los últimos tres años -de noviembre del 2011 al mismo mes del 2014- el trabajo formal creció en México en 1 millón 925 mil nuevas plazas. En Tlaxcala, en cambio, el aumento fue sólo de 10 mil 133 empleos en el mismo periodo. Un avance, sí, pero que no alcanza ni para dar trabajo a los jóvenes que en esos tres años arribaron a la edad laboral. Además, al cotejar ambos crecimientos -el de México en su conjunto con el de Tlaxcala en particular-     se advierte que, para igualar los indicadores nacionales,  se debió tener -en proporción a los habitantes del estado-, no los 10 mil 133 puestos citados, sino por lo menos otro tanto igual. Con esas cifras, no se llega ni a la mitad de la media del país, con lo que el rezago continua creciendo.

Inversiones para el desarrollo

   Otra rubro al que con razón dio importancia González Zarur en su informe fue el relativo a la inversión extranjera directa. Acudiendo a la fuente oficial correspondiente, se puede constatar un incipiente y aún limitado progreso, tal como lo prueban estos datos: del 2011 al 2014 -los cuatro años transcurridos del actual sexenio- a México llegaron 99 mil 162 millones de dólares, mientras que, en el mismo lapso, de ese pastel a Tlaxcala le tocó una rebanadita de sólo 277 millones, en vez de los por lo menos mil millones que, de acuerdo a nuestra población, debimos alcanzar. Otra vez -igual que con el empleo- quedamos por debajo de las cifras promedio nacionales, abriéndose así más la distancia que nos separa de los demás estados. A pesar de los esfuerzos realizados, es cada vez más obvio que, sin un apoyo especial y diferenciado del gobierno federal, Tlaxcala no superará por sí sola el atraso que nos ubica como la entidad más pobre de todo el altiplano mexicano.

Oposición desdentada

   Cuando la oposición rebate al gobierno generalmente lo hace sin datos duros suficientes para integrar expedientes acusatorios sólidos. Sólo recuerdo la denuncia que hizo el diputado Ángelo Gutiérrez, informando de la existencia de prácticas irregulares en la licitación de la obra pública y evidenciando el trato discriminatorio con que la Secoduvi trata a los constructores locales. La habitualmente cauta Cámara de la Industria de la Construcción ya se sumó a la indignada protesta, aunque sin llevar todavía el caso al ámbito de lo penal, dado que los presuntos amaños son difíciles de probar. Empero, la lista de agravios continúa creciendo y no es remota la posibilidad de que las quejas se lleven a una instancia superior. Ya la senadora Lorena Cuéllar pidió al gobernador -en la Comisión Permanente del Congreso de la Unión- que aclare todo lo relativo a la adjudicación de contratos, tras afirmar que se favorece a empresas foráneas, poblanas casi todas, y a empresas vinculadas, directa o indirectamente, con el titular de la Secoduvi. La legisladora dio las razones sociales de las compañías así como el nombre sus dueños. El tema está ahí, y podría ser dilucidado por el Congreso del Estado si los diputados eliminaran de la Constitución el absurdo de que deba solicitarse permiso al gobernador para que sus secretarios puedan atender un citatorio de la Cámara que sólo tiene por objeto aclarar asuntos de su competencia.

Lluvia de halagos

   ¿Qué fue lo que oímos en el informe que no se hubiera repetido hasta el cansancio en estos últimos cuatro años? Una colección de frases manidas entre las que recuerdo: “…tenemos rumbo…, “…somos referente nacional…”, “…Tlaxcala está de pié…”, “…avance inédito…”, “…sin precedente histórico…”, etc. Eso en boca del mandatario, y en la de los invitados: “…recuento extraordinario …”, “…grandes perspectivas…”, “…claridad y precisión…”, “…informe realista…”, etc. Tópicos vertidos por personas ajenas a la realidad de Tlaxcala, cuya presencia puede ser grata para González Zarur, pero que a la ciudadanía que quiere saber de la situación del estado le resulta vana e intrascendente. No serán ellos -políticos y funcionarios afines- lo que con sus palabras lisonjeras calificarán la labor del mandatario; será en su momento el pueblo, con su voto, el que aprobará, o no, la gestión del gobernador.

Omisiones del informe

  Ajeno al problema de credibilidad que afecta a la clase política, González Zarur no disipó las dudas que hay en torno a varios casos de los que la opinión pública lleva tiempo hablando. Por ejemplo, no dijo ni media palabra acerca de la inconclusa Plaza del Bicentenario, por cuyo usufructo tanto litigó su gobierno. Evitó, sí, que se consumara el comodato a favor de la UAT, pero sólo para que la inconclusa obra -ya en su poder- permaneciera como un monumento al despilfarro y a la rivalidad insana. Algo similar pasa con la suspendida construcción de la Central de Abastos, sin que bien a bien se sepa el motivo por el que no fue reanudada ni qué desenlace tendrá el diferendo judicial implícito, ni lo que podría costar al erario un fallo adverso. Y nada dijo de la multa de 7 millones de pesos que impuso a su gobierno la Secretaría del Medio Ambiente, ni si esa sanción es la única a que se hizo acreedor. Ignoró también las suspicacias generadas por una bien documentada nota periodística acerca de la propiedad de unos terrenos aledaños a la Ciudad Judicial, cuestión que apunta a un posible conflicto de intereses que presuntamente involucra al propio gobernador. Hacer pública su Declaración Patrimonial -como lo hizo Enrique Peña Nieto- habría dado luces sobre ese y otros asuntos.

Conclusión

  Aminorar el retroceso no es avanzar. Y si bien es verdad que la nueva Ley de Pensiones y el haber moderado la obesidad de la burocracia estatal facilitará la gestión de próximas administraciones, es prematuro hablar en tono triunfal de una etapa de consolidación cuando apenas empiezan a tenerse leves indicios de recuperación.

 

 

Para la Primera Página:

 

En Tlaxcala, el cuarto año marca el cénit del poder sexenal del gobernante; en el quinto inicia su descenso, que puede ser moderado y políticamente ordenado si consigue buenos números electorales…, o caer en picada en caso contrario.