- Una elección difícil que tendrá lugar en un clima entendiblemente hostil hacia la clase política
- ¿Qué tanto influirá la manifiesta inconformidad popular en la participación de la ciudadanía?
- Serán comicios normados por una nueva ley electoral cuya aplicación va a generar tensiones
En homenaje a don Julio Scherer,
paladín del periodismo independiente
Todo análisis pre-electoral que aspire a ser oportuno y medianamente certero ha de considerar una combinación de conceptos que deben interpretarse por separado y con la antelación debida. Dicho de otro modo: los resultados de una consulta en urnas -que no otra cosa es una elección- obedecen a múltiples factores y, por ende, no basta sólo atender a la personalidad del candidato. En una votación como la del primer domingo de junio próximo influirá, y mucho, el clima político-social -tanto el nacional como el estatal- y, por supuesto, la solidez y disciplina de las dirigencias y de las militancias de los partidos. En ese entendido, y no siendo llegado el tiempo de conocer las postulaciones definitivas, lo que procede es considerar las demás circunstancias que habrán de incidir en la decisión del ciudadano cuando a solas se halle en la casilla ante la boleta electoral.
Sin alicientes para votar
Hay que subrayar que el actual ánimo colectivo no es el mejor. El pasado lunes repasaba con usted, amigo lector, los sucesos que tienen abatida a la sociedad. Desbocada violencia y desconfianza en sus gobernantes son causas conocidas de un desaliento extendido que desincentiva la participación de la sociedad, máxime en una elección -como es ahora el caso de Tlaxcala- que no tiene por objeto definir alcaldías ni gubernaturas. De ahí que puede anticiparse que les costará mucho trabajo a partidos y candidatos convencer a la gente para que salga a votar por quienes serán sus representantes en San Lázaro, a sabiendas de que, por lo general, son políticos a los que se estiman distantes y ajenos a sus problemas cotidianos.
Confesión de parte…
Todos los institutos políticos son un acabado compendio de agravios, desaciertos y corruptelas. Si bien la mayor inquina popular se carga a la cuenta del gobierno federal, ninguno de los demás partidos se salvan del descrédito con que la gente -con sobra de razón- tiene conceptuada a la clase política. Deshonestidad, inepcia, insensibilidad y, en no pocos casos, cinismo, son motivos más que suficientes para que la ciudadanía se niegue a prestar oídos a sus mentirosas arengas. Una joya declarativa que ilustra lo dicho la ofreció el titular del Ejecutivo Estatal tlaxcalteca al aceptar paladinamente que : “fui populista… pero sólo porque lo necesité para ganar”. (El Sol de Tlaxcala, 01-08-2015). Y lo confesó justo al iniciarse un proceso en el que su partido -el partido en el gobierno- no las tiene todas consigo. El líder nacional del PRI, César Camacho, deberá hacer milagros para evitar que se reflejen en las urnas los tropiezos presidenciales y los deslices declarativos de algunos de sus gobernadores.
Partidos embrollados
En el espacio nacional, es el PRD el instituto político que confronta problemas internos más graves, pese a que superó con nota su habitualmente difícil renovación de la dirección nacional. Dos son sus conflictos más notorios: la falta de escrúpulos para elegir a sus candidatos -torpeza que abrió la puerta a los llamados narcocandidatos-, y la escisión que sufrió a raíz del registro oficial como partido del Movimiento de Regeneración Nacional que patrocina López Obrador, lo que ya le ha causado -y le seguirá causando- una importante disminución de adeptos. Por su lado, el PAN, afectado por el escándalo de los moches, no ha logrado superar la división -disimulada pero latente- entre el calderonismo y las corrientes que apoyan a su ex presidente nacional Gustavo Madero. No será nada fácil, ni para el líder amarillo Carlos Navarrete ni para el azul Ricardo Anaya, atemperar, aquel, a sus indisciplinadas y mermadas huestes, y este, a las enconadas ambiciones en pugna.
Morena, la novedad
Cómo andarán los tres partidos mayores que el Verde Ecologista registra una tendencia al alza, lo que habrá de traducirse en un incremento al precio que cobra por sus alianzas. El Panal sin Elba Esther pinta poco, al igual que el Partido del Trabajo y el Movimiento Ciudadano, ambos ya sin el apoyo del carismático mesías tabasqueño. De los tres nuevos partidos -Humanista, Encuentro Social y Morena- sólo sobrevivirá el que lidera Andrés Manuel, y aquí cabe resaltar que, en algunas entidades -Michoacán, Tabasco, Oaxaca, Morelos, Tlaxcala, por supuesto el Distrito Federal, y, pese a todo, también Guerrero, si es que se celebran elecciones en ese incendiado estado- la nueva formación política obtendrá triunfos significativos.
Mediocridad local
En Tlaxcala, los partidos están totalmente dislocados. No se salva ninguno. El PRI lleva cuatro o cinco presidentes, a ninguno de los cuales -por una u otra razón- se les dejó llevar a buen término su encomienda. Ya con la elección encima, se acaba de designar, mediante el consabido dedazo, a una persona de la que poco se sabe, excepto que organizaba las giras del gobernador. Sobre el tricolor y sus candidatos pesarán los cuatro años de arrebatos del mandatario, y un discurso hueco, cansino y repetitivo que ya demostró su ineficacia en pasadas elecciones. Por su parte, el PRD, está por el estilo: tras un proceso pleno de jaloneos llegó a su presidencia estatal una fórmula que duró en su encargo unos días, impugnada que fue por una tribu rival. Acéfala la dirección, Navarrete envío a tres señoras -una diputada y dos obscuras burócratas del partido- a poner orden en el sol azteca tlaxcalteca. Y en el PAN siguen presente las irreconciliables diferencias entre Aurora Aguilar y Adriana Dávila, en obvio perjuicio de las expectativas electorales del partido blanquiazul.
Obligado impasse
En los próximos días se sabrá quienes finalmente abanderarán a los partidos en la disputa por las tres curules federales de mayoría relativa que le tocan a Tlaxcala. Y también conoceremos los nombres de los que aspiran a llegar a San Lázaro por la vía de la representación proporcional, así como los lugares que cada uno de ellos ocuparán en las listas de la competida cuarta circunscripción. Será hasta entonces, completo el elenco de los competidores, el momento de hablar de sus trayectorias -los y las que las tengan- y, si cabe, incluso aventurarse en el resbaladizo terreno de los pronósticos.
El reto del INE
No quiero cerrar este artículo sin mencionar el elevado grado de dificultad que entrañará para la Junta Local Ejecutiva del INE la aplicación de la nueva ley electoral, sobre todo en lo concerniente al rubro del control de los gastos de campaña, punto central de la reforma político-electoral. Por fortuna, la Vocalía Ejecutiva del organismo en nuestra entidad está a cargo de Marcos Rodríguez del Castillo, escrupuloso funcionario con amplia experiencia en la materia que ha mostrado competencia, autonomía y absoluta probidad en todos los procesos comiciales que le ha tocado organizar y arbitrar. Su actuación, y la de sus principales colaboradores, ha sido y es garantía de certeza y confianza.
