- La vía tlaxcalteca: demandar a la Federación la promoción de un desarrollo regional equitativo
- Desanconsejable, acudir a cifras que desvirtúan el limitado crecimiento de nuestra economía
- De plena vigencia, el ejemplo de aquel gran gobernador que fue Emilio Sánchez Piedras
Políticamente, México está organizado como una república representativa, democrática y federal… en cuyo regazo mal conviven las treinta y dos entidades que lo integran. Y digo mal conviven porque sus grados de desarrollo son muy, pero muy distintos y, por consecuencia, el abismo que las separa es enorme. Para atenuar esa disfuncional y socialmente injusta disparidad sólo hay un camino: hacer que se cumpla el sistema de planeación nacional cuya finalidad es -según la idea del legislador- conferir “…equidad al crecimiento de la economía…”. Ni invento ni hablo de algo imposible o inexistente: lo anterior lo dispone clara y contundentemente el artículo 26 de la Constitución General de la República.
La visión de González Zarur
El tema viene a cuento en vísperas del evento que servirá de marco social al cuarto informe de labores del Ejecutivo Estatal, el cual, a juzgar por la propaganda de que viene precedido, adoptara el tono triunfalista habitual en este tipo de actos. El contador González Zarur nos ofrecerá cifras para que asumamos que “Tlaxcala está de pie”, y que los aciagos tiempos del reciente pasado quedaron atrás. En vez de evidenciar nuestras limitaciones y el abandono relativo en que nos tiene la federación, nos pintará -no lo dude, amigo lector- una semblanza virtual que apenas si se asemejara a la dura realidad que vive Tlaxcala, y se solazará ante sus invitados de sus aciertos personales, aciertos que tienen al estado -nos dirá- enfilado hacia el progreso y la abundancia.
Los tiempos de Sánchez Piedras
Nunca me ufané de haber colaborado en la administración que encabezó Emilio Sánchez Piedras. Me pareció de mal gusto y oportunista hacerlo, como es el caso de otros que no pierden ocasión para asumirse discípulos de aquel maestro de la política. Pero es el caso que sí trabajé a su lado como su representante ante Banobras, el organismo financiero que durante su gestión hizo posible la materialización de muchas obras estatales y municipales. En esa condición, le acompañé varias veces en la ciudad de México a algunas de las entrevistas que con frecuencia sostenía con diferentes funcionarios y secretarios de estado de los dos distintos gabinetes presidenciales con los que le tocó trabajar, el de Luis Echeverría y el de José López Portillo.
Lecciones inolvidables
Cierto es que a Sánchez Piedras sus contempóraneos en la política lo trataban con gran respeto y eso, claro, ayudaba a que puertas cerradas para otros a él se le abrían sin previa cita. Pero no toca hacer una remembranza del personaje; esa grata tarea tendrá el espacio que merece en otro sitio y momento. De lo que se trata ahora es de destacar que los apoyos extraordinarios que obtuvo del gobierno federal para impulsar a Tlaxcala los consiguió describiendo, sin ambages y con toda crudeza, su crítica situación así como la causa a la que, a su juicio, debía atribuirse. Convencía a todo el que le escuchaba de la existencia de la deuda histórica que el federalismo tenía -y tiene todavía- con la entidad. Y lo hacía con voz clara y fuerte, sin recurrir a estribillos lisonjeros.
Gestor excepcional
Don Emilio tenía el don de la persuasión. Gracias a él pudo obtener respaldo económico para dotar de servicios a las principales ciudades del estado, y para iniciar su desarrollo industrial. Como mandadario rehuía la vanagloria y los actos de reconocimiento a su persona. Jamás asistía a eventos banales y distribuía su valioso quehacer de modo tal que, sin desatender la gobernación de Tlaxcala, se daba tiempo para analizar los factores que definían las políticas del gobierno federal y el carácter de sus altos mandos. A todos conocía y todos le conocían, y por mor de su vasta experiencia, sabía siempre cual tecla pulsar, cual llamada hacer, cuándo actuar y con qué argumento convencer. Y cuando se topaba con un funcionario renuente, vencía su reticencia aduciendo el injusto castigo impuesto a Tlaxcala por una historia mal escrita y peor interpretada por los gobiernos revolucionarios.
Logros inigualados
Sabedor de las carencias del estado que gobernaba y de su dependencia casi absoluta de la hacienda federal, orientó sus afanes a captar recursos para su desarrollo. Consiguió, por ejemplo, que Francia y México coinvirtieran en la fábrica de bienes de capital -Clemex- más adelantada y moderna de América Latina, y que Fundidora de Monterrey construyera una acería filial -Atlax- por San Cosme Xalostoc, amén de otras plantas de menor tamaño que se asentaron en la ciudad industrial -Xicohtencatl- que él levantó en terrenos del municipio de Tetla. Aquellos no eran tiempos de números ni de estadísticas, pero tengo para mí que nunca -ni antes ni después- llegaron tantos capitales a la entidad ni se crearon tantos empleos en tan corto tiempo. El avance cuantitativo y cualitativo fue notable y, de haberse mantenido, hoy no nos contaríamos entre los estados más pobres e improductivos.
La realidad actual -1-
Vuelvo al presente. Rechacé la exigencia de los que ya querían ver fábricas extranjeras operando cuando ni siquiera había trancurrido el primer tercio del sexenio. La demanda era absurda y malintencionada. Mas ahora, cumplidos cuatro años de gobierno, es tiempo de revisar lo alcanzado en esa materia. Infortunadamente, los datos con los que se cuenta acusan un muy magro avance. Vea usted, amigo lector: a falta de cifras del último trimestre de ese cuatrenio -2011, 2012, 2013 y 2014- se sabe que al país llegaron 99 mil 178 millones de dólares, en tanto que a Tlaxcala -en ese mismo periodo- arribaron sólo 277 mmdl., cantidad inferior a la que debió captarse -por lo menos un mil mmdl- para no quedar, otra vez, muy por debajo de la media nacional.
La realidad actual -2-
Según el último Censo Económico, el Producto Interno Bruto de Tlaxcala creció al 0.4 por ciento en 2013, en tanto que el país lo hizo al 1.4%. Dos estados en permanente conflicto, como Michoacán y Oaxaca, tienen números (2.3% y 2.8%) bastante mejores y es a ellos, paradójicamente, a los que apoyará con su plan de emergencia económica el gobierno de Peña Nieto. Y al medirnos con entidades de tamaño similar se advierte que Aguascalientes creció al 4.7%, y Colima al 0.9% y. Y lo más inquietante: la actividad industrial -única posibilidad de desarrollo que tiene Tlaxcala- ¡decreció un 3.8 %! Terminó, amigo lector, con este dato: Tlaxcala es el estado que menos contribuye al PIB nacional.
Conclusión
Con tantos pendientes, no cabe hablar de consolidación. ¿Consolidar qué? Más bien hay que discurrir estrategias novedosas para reducir los rezagos. Y de otro lado: el 4º Informe es ocasión propicia para que -en un gesto que sus gobernados sabrían valorar- el Ejecutivo Estatal hiciera pública su declaración patrimonial. Con ello, quizá evite que Tlaxcala se contamine del descrédito generalizado que afecta a la estructura del poder político del país.
P.D. Las vacaciones decembrinas nos da, a usted a mí, amable lector, un descanso. Aquí estaré de nuevo el próximo lunes 5 de enero.
