Si la política en Tlaxcala durante mucho tiempo podía calificarse como una caricatura, o como una comedia donde la mayoría de los políticos no hacían sino actuar ante la ciudadanía tlaxcalteca, fingiendo como que sabían hacer política e incluso gobernar cuando se daba el caso; no representaba sino una mofa, una burla de mal gusto para el pueblo; pero conforme ha pasado el tiempo, en estos días, podemos calificar a la política estatal como una tragicomedia donde los hechos violentos y la inseguridad latente más allá de causar risa causa llanto para muchas familias.
Hoy en día, las frases, o las palabras imprecisas, fuera de lugar, e incluso ingenuas en muchos casos que pronuncian presidentes municipales, diputados, presidentes de los partidos políticos e incluso el Ejecutivo estatal y funcionarios de todos los niveles; por una parte en muchos casos, siguen causando la burla de la ciudadanía que no entiende cómo la mayoría de estas personas se dedican a esta labor que en sus manos la política sólo ha representado beneficio para ellos mismos.
Pero, poco a poco para muchas personas esas frases inexactas, esas ocurrencias, ya no son causa de risa, sino de preocupación; ya que detrás de dichas palabras existe injusticia, pobreza, desempleo; y ahora hasta muerte, secuestros, asesinatos, amenazas, intolerancia, rabia, y muchas cosas que afectan directamente a miles de tlaxcaltecas.
El Congreso del Estado vuelto un circo, donde más de un diputado sube a la llamada “máxima tribuna” del recinto de este poder a decir una serie de cosas que están fuera de la realidad, frases idealizadas alejadas de la satisfacción de las necesidades de los ciudadanos, o el clásico doble discurso, donde por un lado se rasgan las vestiduras ante iniciativas que van en contra del bien común; pero que por otro lado apoyan otras doblemente perjudiciales.
Para quienes hemos presenciado las sesiones en el Congreso local, al oír la falta de elocuencia y congruencia de los discursos de muchos diputados, ya no sabemos si reír por la cantidad de barbaridades que expresan, o enfadarnos por todo lo que arrastran al votar las leyes que en poco o nada ayudan a la gente, más bien en muchos casos la perjudican, como en el caso de la aprobación de cuentas públicas producto no de un análisis real y de conciencia social, sino de negociaciones obvias que no sólo faltan el respeto a la inteligencia del pueblo tlaxcalteca, sino que representan el saqueo indiscriminado de los recursos públicos por parte del gobierno.
En el caso del propio Gobernador, que lo mismo ironiza al responder a la gente que se acerca a pedirle algún apoyo, que reta y le grita a los reporteros que se acercan a entrevistarlo.
Y aquí la crítica hacia el Ejecutivo estatal, ya no puede ser fácil, donde se le devuelva simplemente la ironía, o la misma prensa se ponga como víctima, debido a la seriedad de la situación de un gobierno intolerante mal asesorado.
No, la crítica debe ser más seria, no con el afán de destruir la imagen gubernamental, sino de exponer las razones y argumentos que sustentan esa crítica; donde se muestre una y otra vez que miles de familias tlaxcaltecas están siendo perjudicadas por un mal ejercicio del poder, que cada vez más niños y adultos mayores viven en forma indigna con pésimos servicios de salud; que la trata de personas en Tlaxcala no sólo es un estigma, sino una realidad; que cada vez –y son muchas- que vuela el helicóptero del gobierno del estado, esto representa varios miles de pesos que hacen falta para beneficios reales para la ciudadanía.
Que cada vez hay más tlaxcaltecas desempleados; que miles de vendedores ambulantes son barridos debido a la supuesta modernización de las cabeceras municipales, que no significa, sino la instalación de parquímetros, y una entrada extra de dinero para los ayuntamientos, recurso que lo mismo puede ser utilizado en algún servicio que en más viáticos para los alcaldes, o para sus funcionarios.
Los excesos de los gobernantes, son una característica generalizada, cual ofensa a la protesta que hicieron cuando tomaron el poder.
Es así que para nuestra vergüenza hace unos días en la prensa nacional según diversas publicaciones, se calificó al gobernador del estado no como el Ejecutivo de un estado que se encarga de administrar los recursos públicos, sino como el amo de un rancho.
Ante esto, es preocupante el ejercicio que del poder se está presentando en Tlaxcala, una comedia acompañada de una tragedia es lo que menos necesita Tlaxcala, y lo peor es que hoy por hoy, los políticos parecen no darse cuenta de los altos cosos que tienen para mucha gente la toma de sus decisiones; se han deshumanizado, y sólo ven los intereses de su partido, y sobre todo los personales, mientras tanto siguen pisoteando las necesidades de la gente.
