- Los estímulos económicos para el desarrollo del decálogo de Peña Nieto excluyen a Tlaxcala
- Nuestra circunstancia -entidad pobre pero no violenta- paradójicamenrte nos hace inelegibles
- Es enorme la distancia que separa a Tlaxcala de la media que observa el crecimiento de México
Me preguntan -y me pregunto yo también- si la crisis social, política y económica por la que atraviesa México repercutirá en Tlaxcala. Respondo: sí, creo que sí, por desgracia, y de forma nada positiva. La propuesta del presidente Peña Nieto para enfrentar el cúmulo de contingencias que se le vinieron encima los dos últimos meses nos relegará -aún más- en su atestada lista de prioridades. En otras palabras: la atención que se dará a los estados que viven una situación extrema de pobreza e inseguridad se traducirá, a querer o no, en desatención para los demás. Más coloquialmente: la cobija no alcanzará para todos, y los que más lo resentirán son los que, como Tlaxcala, sufren de agudas carencias.
Balanza en desquilibrio
Si en algo coinciden los observadores al analizar los puntos enunciados por el mandatario en su plan Por un México en Paz con Justicia y Desarrollo, es que su operación -aparte de ser sumamente compleja- significará una extraordinaria sangría a una hacienda pública que no pasa por su mejor momento. Trátase de dos asuntos que marchan en dirección opuesta: de un lado se plantean gastos cuantiosos, y del otro, la economía no despega, debido a que las expectativas de crecimiento que se tenían demoran en concretarse y, por tanto, el superábit que habría de servir para “mover a México” no aparece por ninguna parte.
Perspectiva poco halagüeña
¿De dónde pues saldrán los recursos para concretar, por ejemplo, el corredor industrial interocéanico del Istmo de Tehuantepec que beneficiará a Oaxaca y Chiapas? ¿cómo se podrá financiar el plan integral de rescate económico y de impulso a la producción en Guerrero y Michoacán? ¿con qué se cubrirá el gasto del operativo policíaco de Tierra Caliente, y los que siguen en Jalisco, Tamaulipas y demás áreas en conflicto? ¿cómo, en fin, podrá cumplir el gobierno con todas las ofertas incluidas en su programa si es obvio que el erario no da para tanto? Sólo hay dos salidas: a) acudir a más empréstitos; b) revisar a la baja el presupuesto. Cualquiera de ellas, o las dos combinadas, supondrán recortes que acabarán afectándonos severamente.
¿Podremos solos…?
No ha mucho exprese mi opinión de que, para que Tlaxcala superara su triste condición de ser la entidad federativa más homogéneamente pobre del país, el gobierno de Peña Nieto debería inscribirnos en algún programa especial de fomento a la precaria economía local. Sin ese apoyo veía -y veo- muy difícil que, con los limitados recursos de que disponemos y con el atraso acumulado que arrastramos, podamos aspirar a igualar nuestro desarrollo con el del resto de los estados. Mas, por mala suerte o por falta de una atinada gestión, las tres zonas económicas especiales del plan del presidente de la República no incluyeron a Tlaxcala.
Desfavorable coyuntura
Pero no sólo el programa no supondrá beneficio directo alguno para Tlaxcala; lo peor es que, a invitación del propio presidente, la inversión privada fluirá preponderantemente hacia los estados mencionados, atraida por las exenciones fiscales y por las demás subvenciones ofrecidas. Si de por sí aquí muy poco se ha logrado en materia de atraer capitales, ahora la cuesta arriba se hará más pronunciada. Los ajustes presupuestales están a la vuelta de la esquina, y restringirán aún más la posibilidad de paliar la pobreza de las mayorías. Y sin los excedentes petroleros que llegaban a los estados en años pasados, la situación será todavía más crítica.
El rezago laboral en números
Bien está que a los estados que padecen extrema pobreza les lleve auxilio la federación, pero entonces… ¿a Tlaxcala dónde se la encuadra? Otra vez nos quedamos al margen de los planes del gobierno central, pese a que, más allá de las voces que nos hablan de avances y de consolidación, las cifras confirman las insuficiencias del desarrollo tlaxcalteca. Vea usted este dato revelador: México, con una población de 120 millones, tiene 17 millones 352 mil trabajadores en el IMSS. Si Tlaxcala rondara la media nacional, deberíamos haber alcanzado 173 mil plazas con seguro social. Empero, sólo tenemos 83 mil, lo que significa que, ni doblando ese número nos pondríamos a la par del resto del país. El rezago es pues enorme y, lo que es peor, sigue creciendo.
Ahondamiento de la brecha
Peña Nieto reportó hace un mes que, entre enero y octubre de este año, se dieron de alta en el IMSS 827 mil 166 nuevos trabajadores. Aquí en Tlaxcala, en el mismo periodo, sólo se registraron 6,486 nuevas plazas, cantidad que, en proporción al millón 250 mil habitantes que hay en la entidad -el 1.1 % del total nacional- tendría que haber sido del orden de 8 mil 300 nuevos puestos de trabajo formal. No obstante pues que la planta laboral creció, otra vez quedamos abajo del crecimiento medio del país. En otras palabras: la brecha, en lugar de disminuir su profundidad, continua aumentando.
Conclusión
El plan Por un México en Paz con Justicia y Desarrollo del presidente, por lo menos en su vertiente de impulso al crecimiento, no coadyuvará a mejorar los pobres números de Tlaxcala en materia de generación de empleo y de atracción de capitales para el desarrollo. Habrá pues que seguir luchando con nuestras propias fuerzas.
ANTENA ESTATAL
La multa de la Profepa
Fue el propio gobernador de Tlaxcala quien confirmó que se pagaron siete millones de pesos a la Tesorería de la Federación por la multa impuesta a su administración por la Procuraduría Federal de Protección al Medio Ambiente. La causa de dicha multa es conocida: el titular de la Secoduvi había violado por sus pistolas la normatividad, causando un daño ecológico a Tlaxcala. Sin embargo, antes de “…darle vuelta a la hoja…” al costoso asunto, ¿no se debieron hacer cargos al funcionario responsable? A este opinador le asiste una duda: cuando un ciudadano común infringe la ley y la autoridad le impone una sanción por su falta… ¿quién debe pagar la multa? ¿el infractor o la beneficencia pública? En el caso de la Profepa: ¿el pagano de los platos rotos no debe ser quien causó el daño? Hay un funcionario, con nombre y apellidos, que tendría que dar la cara. Pero no lo hace…
