• José Vicente Sáiz Tejero
Tiempos de Democracia

 

  • Nunca antes mandatario ninguno tuvo tanto que informar… y tanto que aclarar a sus gobernados
  • Afrontar el desafío electoral sin menoscabo del respeto a las disidencias, el reto de Peña Nieto
  • Moralizar y eficientar el servicio público, puntos álgidos de la agenda nacional de pendientes 

    “A la apertura de sesiones ordinarias del primer periodo del Congreso asistirá el Presidente de la República y presentará un informe por escrito, en el que manifieste el estado general que guarda la administración pública del país". La exigencia del texto constitucional -artículo 69 de la Carta Magna- puede sin embargo expresarse, en palabras más sencillas y más acordes con la realidad, diciendo que hoy es el día -1º de septiembre de cada año- en que el Primer Mandatario de la Nación da documentalmente cuenta de lo realizado por su gobierno. Un país, por cierto, cuya reformada estructura normativa marca un auténtico hito en su historia reciente.

Aclaraciones indispensables

  No recuerdo otro informe en el que se tuvieran tantas y tan diversas cuestiones que explicar a la sociedad. Por esa razón, conviene seguir con atención el discurso del presidente de mañana martes cuando nos hable de las expectativas que aguardan al país bajo su conducción política. Sí, lo sé, amigo lector, hemos oído muchos mensajes que ofrecían avances y progreso… y acabaron en retrocesos y depauperación. Mas no es este el caso, o por lo menos, espero no lo sea; difícil resultaría entender que, un esfuerzo de concertación política como el llevado al cabo para lograr los cambios, se hubiera concebido… ¡para dañar a México y malbaratar sus riquezas!

Paciencia… y nos amanecemos

 Hay artículistas que critican a las reformas por la tardanza en la llegada de sus beneficios. Pero pregunto, ¿habrá de verdad quien pensase que despertar al país de la terrible modorra social y económica en la que languidece desde hace lustros iba ser cosa de meses? ¿acaso en serio creían que el escaso tiempo transcurrido -desde el inicio del  mandato de Enrique Peña Nieto a la fecha- era suficiente para ver resultados? No, no creo que hubiera nadie que racionalmente lo pensara. Aceptémoslo pues, y hagamos conciencia de que: 1) ningún país puede cambiar de la noche a la mañana, y 2) México está, por fin, ante la real posibilidad de crecer y desarrollarse.

Difusión de la obra gubernamental

 Por ser tantos y tan profundos los cambios realizados en este primer tercio del sexenio, se entiende la dificultad de la gente para calibrar en toda su dimensión la forma en que influirán en su vida futura. De ahí la necesidad de divulgar de manera accesible, y a través de los medios de comunicación masiva, el alcance y significado de las reformas. Discrepo de quien cree que el gobernante no tiene derecho a difundir la bondad de su obra; sí lo tiene, si lo hace en los tiempos que fija la ley, y cuidando no incluir datos que falseen la situación del país. Lo contrario, esto es, encriptar el informe y sus contenidos para satisfacer a los quejosos de siempre, no tendría sentido.  

  Diálogo abierto y permanente

  Lo que requerimos es una elucidación, lo más amplia y clara posible, de lo que el presidente pretende con su actividad política. En vez de pedir que reduzca su presencia en medios, deberíamos solicitar que fuese aún más extensa y que tuviera en cuenta todas las voces discrepantes. Verdad es que a la discusión de las reformas se puso punto y definitivo final en el Congreso; sin embargo, de ningún modo sobraría responder a quienes tienen opiniones distintas. Hacerlo despresurizaría tensiones, y complementaría la atinada decisión de franquear el acceso a la dirección de las mesas directivas de ambas cámaras, a sendos representantes de la izquierda moderada.

Espacios para la discusión

 Los sistemas presidencialistas no contemplan la interpelación directa al mandatario; los parlamentarios, en cambio, someten a sesiones de control al jefe de gobierno en su calidad de líder del partido mayoritario. No obstante, sería bien visto que Peña Nieto -en ese marco de respeto a la oposición que hasta ahora ha sido sello distintivo de su estilo de gobernar- creara instancias en las que se sigan intentando conciliar todos los criterios. Al tema de la corrupción y la impunidad, por ejemplo, podría abrírsele un espacio de discusión que recoja las ideas de la ciudadanía organizada, e incluso pusiera en sus manos el organismo que se instituyera para supervisar su combate.

Cambios sin sobresaltos

  Pese a que persiste una reticencia generalizada a valorar los cambios constitucionales que derivaron de la suscripción del Pacto por México entre los tres principales partidos políticos del país, nadie puede negar -con argumentos razonables- que las trabas que impedían la modernización de las instituciones quedaron atrás, y que el hacerlo no provocó -a diferencia de lo sufrido en pasadas experiencias- ni cismas sociales ni crisis económicas. Por fortuna, todo el proceso se desahogó en un clima de inesperada civilidad política, y ahora toca al Ejecutivo Federal hacer que funcionen las reformas, cuanto antes y de la mejor forma. Ese desafío, amigo lector, no es cosa menor.

Tiempo de acuerdos… y tiempo de elecciones

  La implementación de los cambios hallará en su ruta muchas minas sembradas. Y es que, materializados los acuerdos en los que los partidos priorizaron sus coincidencias, sigue ahora una elección en la que los aliados de ayer son los adversarios de mañana…, y se esmerarán en exaltar sus diferencias. Es normal; trátase de la lucha por el poder, y el triunfo se logra poniendo de relieve ante el electorado que no son iguales los proyectos tricolores, que los azules, o los amarillos. Y ahí se verá, en ese ríspido escenario, si el presidente conserva ese ejemplar respeto hacia los que piensan distinto, así como su disposición al diálogo y a la resolución justa de los diferendos.

Agenda de pendientes

   Razones hay que justifican el escepticismo. Popularmente se dice que la gente “…no cree ni en el bendito…”. Y cómo habría de hacerlo si ante sí tienen el fantasma del desempleo y, si bien le va, aspira a un salario infame por insuficiente; si tienen ante sí las evidencias del atroz latrocinio que al erario y a los bienes públicos perpetran quienes debían administrarlos con honradez y transparencia y si, por último, ante sí tienen una violencia cuyos indicadores, si bien empiezan a ceder, lo hacen imperceptiblemente. Las reformas ponen a México en camino del crecimiento, pero no garantizan gobiernos justos, eficientes y honestos. He ahí los motivos de la desconfianza.

   

LA FRASE

   Es de Enrique Peña Nieto.

“…quiero cumplir a cabalidad a los mexicanos…”

   Tíldeseme de inocente, pero me siento inclinado a creer en la palabra del presidente.