Hoy más que nunca cobran relevancia y vigencia las palabras del ya desaparecido politólogo italiano Giovanni Sartori, que en su momento indigestaron e incomodaron a muchos en la partidocracia mexicana.
Se le recuerda con el surgimiento de tres nuevos partidos cuyo nombre no se me queda y sobre todo a los impulsores de la Reforma del Estado, que le toca el turno en Tlaxcala.
Algo hay cierto, ya les preparan sus recursos, más les van a dar para campañas y ahí está ese elefante enorme de los partidos, que en Tlaxcala son significativos por ser cantera de “servidores” que viven del erario y que poco aportan en sus trincheras.
Hace ya siete años el desaparecido Sartori impactó y hasta causó trauma a los políticos de huarache, desde Manlio Fabio Beltrones, pasando por Santiago Creel, convencido apoyador de la propuesta y hasta al perredista Carlos Navarrete, que se mostraba seguro de que no se trataba sólo de buenas intenciones.
Ellos como ahora, debieron sentir el golpe que les envío con dedicatoria Sartori, al poner en duda el compromiso de los tres grandes partidos para sacar en un año un pacto, para hacer cambios de fondo al sistema político e institucional en México.
Poco ha cambiado PRI, PAN y PRD más sus satélites siguen en la misma tesitura de los cabildeos y arrebatingas,para ver quien se lleva la rebanada más gruesa del pastel que se cobra en cuentas bancarias.
La ideología es lo de menos,es anticuada, es cosa delpasado, Ahora las reglas son otras y ya hasta dicen que ganan los candidatos, pero sin partido ya vamos aver hasta donde son capaces de llegar.
Quien sabe si Sartori los conocía o les hablaba al tanteo, pero la duda del estudioso de la ciencia política es compartida por muchos mexicanos que veían, como ahora.
Que en la grandilocuente ley aprobada en el Congreso, se aprecia más una maniobra política, de la que algunos buscan beneficios, que una decisión real y efectiva por ponerse de acuerdo para hacer las adecuaciones y reformas que requiere urgentemente el sistema político.
Porque si de verdad tuvieran la intención de llegar a acuerdos, ¿qué se los impide hasta ahora?
La existencia de la ley, por si misma, no garantiza nada, es cierto que establece un calendario, una agenda y una mecanismos para facilitar y conducir las negociaciones, los acuerdos y su transformación en leyes.
Pero tampoco establece ningún tipo de sanción o castigo para los actores políticos, bueno si pero poco, pero eosí, hay que dar pruebas y tenemos que Congreso, partidos, Poder Judicial y Poder Ejecutivo, se las van a aplicar si no cumplen con la ley y con el plazo de un año al que los obliga.
Al final, Sartori tiene razón cuando dice que la reforma del Estado no son, hasta ahora, más que promesas de los políticos mexicanos.
Ni siquiera les cree que en un año puedan cumplir con los seis grandes temas que se plantearon en la agenda: Reforma Electoral, Revisión del sistema presidencialista, Garantías Sociales, Reforma Hacendaria, Reforma al Poder Judicial y Federalismo.
Y el escepticismo parece fundado.
En la historia del México contemporáneo y de sus reformas políticas, no ha habido ninguna tan ambiciosa como la que plantea la citada iniciativa de Reforma del Estado.
De la reforma de Jesús Reyes Heroles y la LFOPE, que abrió el sistema político a las minorías y rompió la hegemonía priísta, a la reformas electorales de 1991 y 1996 que crearon el IFE, ahora en el 2014 al INE y luego lo ciudadanizaron, ninguna negociación o acuerdo político ha abarcado tanto ni se ha logrado en un tiempo tan corto.
En el primer caso, la ley electoral de 1977, más que un proceso de negociación política, fue una especie de "concesión" del viejo sistema priísta que, aunque supuso intensas negociaciones internas entre la clase política dominante, no requirió de un cabildeo para su aprobación en el Congreso porque tenía la aprobación automática de la mayoría del PRI.
Las otras dos reformas, la del 91 con Carlos Salinas y la del 96 con Ernesto Zedillo, ya requirieron, sobre todo la última, una mesa de acuerdos y negociaciones con los partidos de oposición que fueron parte de los cambios que dieron paso al sistema electoral ciudadanizado que hoy tenemos.
En los tres casos se trató de reformas políticas importantísimas que tuvieron un impacto decisivo en la consolidación de la democracia mexicana, pero ninguna de ellas abarcó temas como la revisión del sistema presidencialista o del sistema federalista y el esquema hacendario que hoy se plantean en la propuesta del Congreso.
¿Es realmente posible lo que proponen los congresistas en su ley de Reforma del Estado?
Aparentemente no y ellos mismos lo saben.
Sabemos que en los grandes temas es muy difícil hacer cambios, realmente no vamos a llegar a cuestiones de fondo como reforma electoral y de partidos, sistema presidencialista, federalismo.
Nos vamos a quedar en algunos cambios cosméticos y que nos den posibilidad de hablar de una reforma.
Así que Sartori, que sabía de lo que hablaba, no se equivocaba cuando ponía el dedo en la llaga y descubre el "teatrito" que quieren montar los partidos políticos en el Congreso. Conste que eso pasaba hace siete años… NO ES COINCIDENCIA.
