- Contra lo que se piensa, las leyes reglamentarias de las reformas darán viabilidad a su aplicación
- El PRI de Peña Nieto no es -ni puede ser- el mismo partido autoritario e impositivo del siglo pasado
- Imprevisión y lenidad, factores desencadenantes del conflicto transportista en Tlaxcala
En círculos intelectuales y en columnas periodísticas rondan con insistencia dos ideas que, a fuerza de repetirse, empiezan a tener eco en la opinión pública. Una de ellas -y hay quien la sostiene con satisfacción difícil de explicar- es que el avance reformador logrado gracias al Pacto por México es una utopía irrealizable que se revertirá en cuanto las fuerzas regresivas impongan su ley en el Congreso de la Unión. La otra idea es que el PRI de Peña Nieto es una calca exacta de aquel otro partido autoritario que conocieron anteriores generaciones.
Tergiversación de la realidad
No concuerdo con ninguna de las dos hipótesis. Es más: mi pensamiento es totalmente opuesto a ambas. Y me explico. Al lograr acuerdos inéditos con la oposición de la derecha y de la izquierda, el PRI depuso sus viejas e irreductibles posturas y se mostró como un partido negociador insólitamente flexible. Negarlo es negar la realidad. Ya lo he dicho, y lo repito, amigo lector: el Pacto por México fue una obra de orfebrería política que se tradujo en reformas constitucionales fundamentales que van a cambiar para bien las perspectivas del país.
Necesidad de renovación
Por otro lado, suponer que el actual PRI no entiende que los antiguos formatos tricolores de hacer política son obsoletos, y que los esquemas autoritarios con los que gobernó en el siglo XX carecen de aplicabilidad en el XXI, suponerlo, repito, es un error que no concuerda, ni con la pluralidad política del pueblo mexicano ni con los tiempos de democracia que vivimos. Democracia ciertamente imperfecta y expuesta a los embates de los sectores retrógradas enquistados en todos los partidos políticos… pero suficientemente enraizada para resistirlos.
Objetividad extraviada
Me causó estupor leer expresiones como esta que sigue, vertida por mi muy querido Lorenzo Meyer. “…el PRI prepara ya su proyecto para seguir en el poder muchos sexenios más…”. Yo pregunto: ¿acaso sabe el respetado historiador de partido político alguno que, una vez en el poder, prepare en seguida un proyecto para entregarlo al término de su primer mandato? Lo lógico, lo que está en la naturaleza de todos los partidos del mundo, es mantenerse en el mando político, sin contravenir -obviamente- las reglas básicas de la democracia.
El juego democrático
Tan se está ante un PRI consciente de esa nueva realidad que, lo que hoy se discute en el Congreso, es precisamente un nuevo Código de Procedimientos Electorales así como una Ley de Partidos Políticos y otra de Impugnaciones también electorales. La oposición exige normas tendientes a evitar los abusos de antaño, y el PRI -en su calidad de primera minoría- se resiste a abandonar sus viejas parcelas de poder. Es comprensible que así sea; lo diferente es que hoy los asuntos se discuten, se negocian… y se votan democráticamente.
Los impacientes
No quiero desconsiderar una tercera clase de críticos de las políticas que impulsa Peña Nieto: la de los impacientes. Su posición se entiende, pues hubo muchos que de buena fe pensaron que las reformas les traerían inmediatos beneficios. Culpa es de la ingenuidad en la que viven amplios segmentos de la población, pero culpa también la tiene una propaganda que indujo esa equivocada creencia. Ahora hay que andar el camino de vuelta, explicando que los cambios requieren de un tiempo de maduración… para luego poder recoger sus frutos.
Normal, la confrontación de intereses
Las discusiones en el Congreso de las leyes reglamentarias están siendo acres, y su aprobación tomará un tiempo mayor al que inicialmente se supuso. Lo estimo normal, así como también lo es que, en ese espacio -el parlamentario- se oigan todas las voces. ¿Acaso se pensó que los sectores afectados por las reformas permanecerían pasivos? Se moverán, pero sus márgenes de maniobra son menores que antes, y están constreñidos a los límites impuestos por las modificaciones constitucionales que emanaron del Pacto por México.
Democracia y Libertad vs autoritarismo y arbitrariedad
México va por buen camino. El refrán dice que “…Zamora no se hizo en una hora…”. Y es verdad. Pero ello no significa que la sociedad no deba seguir atenta a identificar y refrenar las pulsiones regresivas presentes en estados gobernados por priístas que no aceptan que autoritarismo y arbitrariedad dejaron de tener cabida en este país y, además…, están mal vistas en Los Pinos. En este sentido, el ejercicio de la libertad de expresión en los medios de comunicación juega un papel fundamental en la defensa de la democracia mexicana.
ANTENA ESTATAL
El servicio de transporte en Tlaxcala
La gente sin transporte público… y el gobernador de viaje. ¿Cómo es posible que -en ausencia de MGZ- las instancias políticas del estado no previeran un conflicto de tal magnitud? ¿acaso ninguna tenía antecedentes del problema? ¿no pudo hacerse nada para evitar su estallido? ¿no se valoró el daño que se inflingiría a los usuarios? ¿por qué no se prepararon alternativas para el traslado de las muchas miles de personas afectadas? ¿nadie midió las consecuencias? ¿dónde estaba el secretario de Gobierno? ¿no estaba enterado? ¿y la SCT?
Otro conflicto más…
Es esta la segunda ocasión que, con diferencia de días, se registran en Tlaxcala dos eventos -diferentes, pero ambos con consecuencias- que debieron manejarse con mayor cuidado. Primero -lo recordará usted- fue el conflicto con la Semarnat y la Profepa, provocado por un secretario de Obras Públicas proclive a actuar de espaldas a leyes y reglamentos. El segundo, el vinculado al transporte, habla de desconocimiento de lo que está ocurriendo en el estado, y de la manifiesta falta de coordinación del gobierno con las instancias federales.
Operativo cuasi militar
La interrupción del servicio de combis -en la ciudad capital y en poblaciones circunvecinas- paralizó la vida laboral, escolar, económica y comercial de Tlaxcala. Y fue la Secretaría de Seguridad del estado la que se encargó de hacer efectivo el embargo de los vehículos de la empresa USU; por tal razón, la autoridad local no puede argumentar desconocimiento de la orden de la justicia federal ni de que no fuera notificada con antelación suficiente para adoptar las medidas de mitigación mínimas indispensables. En suma, no hay justificación válida.
¿Y quien mira por la gente….?
En casos parecidos, esas medidas de mitigación pueden ir desde la implementación de servicios alternos de emergencia hasta la requisa por causa de fuerza mayor de las unidades disponibles. Nada de eso ocurrió; nadie intercedió por la ciudadanía; según la prensa, los pasajeros fueron bajados de las combis sin explicación y sin mayores contemplaciones. En verdad increíble. La policía estatal se enfrentó con choferes y usuarios, sin que nadie entendiera bien a bien que estaba pasando. ¿En verdad no había otra forma de proceder?
El del transporte, un sector caótico
No se entiendan estas palabras como un alegato que exculpa de responsabilidad a la empresa Urbanos y Suburbanos de Tlaxcala. Bien sabemos del desorden y la anarquía que priva en ese sector, responsable de innumerables accidentes en los que frecuentemente pierden la vida personas inocentes. Que la empresa USU desatienda sus obligaciones con el IMSS -es decir, con sus trabajadores- es por supuesto punible y debe serle reclamado. Pero si la coordinación de la que se presume hubiera estado presente, el daño habría sido mucho menor.
¿Y la intermediación gubernamental?
Se trata, en efecto, de un conflicto entre una empresa privada -la transportista USU-, y una institución del gobierno federal -el IMSS-, de carácter autónomo. De acuerdo, pero entonces ¿de qué valen las instancias intercesoras del gobierno? Si, es cierto, la autoridad estatal ha de cumplir con las disposiciones dictadas por el Poder Judicial, pero… ¿acaso no hay tiempos y modos distintos para lograr el pago del débito sin perjudicar a la gente? En fin, ahí está servido un conflicto más que pudo evitarse… si se le hubiera prestado la atención debida.
¿Quiebra real… o simple mala administración?
El tema de fondo es saber si realmente está en quiebra el sistema de transporte en Tlaxcala. Y, de estarlo, habrá que ver si las circuntancias en que opera -tarifas, trámites, falta de créditos, exceso de unidades, etc.- impiden que la explotación de esas concesiones pueda ser económicamente rentable. La otra posible causa quizá sea atribuible a una administración empresarial de baja calidad, originada a su vez, o por simple y llana incompetencia, o por manejos fraudulentos de quienes por sus manos pasan los cuantiosos ingresos del transporte.
Hora de intervenir
El incidente ofrece al gobierno la oportunidad de poner orden en una área en la que ha estado ausente desde hace tiempo. El Ejecutivo no puede ser espectador pasivo de la inoperancia y desorganización de un servicio indispensable para que los desplazamientos de las personas -de sus casas a los lugares de trabajo, de estudio o de recreo, y viceversa- se lleven al cabo con seguridad y márgenes aceptables de comodidad. Y también ha de tenerse en cuenta que el transporte urbano da, en buena medida, la imagen de una sociedad... y su gobierno.
LA FRASE
Cito otra vez a Lorenzo Meyer.
“…no veo un proyecto de Nación…”
Discrepo de nuevo. Peña Nieto llegó a la presidencia de la República con un plan de acción bien definido y con metas por alcanzar absolutamente claras. Su proyecto -hasta donde entiendo- no es otro que cumplir con los postulados del Pacto por México…, aunque haya a quienes eso les disguste.
Nota: Toca al autor de Tiempos de Democracia tomar sus vacaciones bianuales. La nueva cita, amigo lector, es el lunes 15 de junio. Hasta entonces.
