- En el penoso episodio de las clausuras de sus obras, MGZ hubo de cargar con culpas ajenas
- Los reclamos de transparencia en la adjudicación de la obra pública deben atenderse a la brevedad
- En previsión de futuras dificultades, el gobierno tendría que revisar con lupa a la Secoduvi
Cuando un particular inicia alguna obra sin los permisos y licencias correspondientes, las autoridades con competencia en el tema -son varias, quizá demasiadas- enseguida acosan al infractor en reclamo de su regularización, y del pago de los derechos omitidos, de las multas a que se hizo acreedor y, en su caso, del resarcimiento del daño causado. Y bien está que así sea, porque para eso están las leyes y reglamentos de la construcción que se redactan y aprueban con el propósito de evitar la anarquía urbanística y los perjuicios ambientales.
Iglesia en manos de Lutero
Habrá adivinado, amigo lector, que me referiré a la clausura decretada por la Procuraduría Federal del Medio Ambiente (Profepa) de las obras de la Ciudad Judicial -en el municipio de Apizaco- y de la Ciudad de la Salud -en el de Apetatitlán-, trabajos que realizaba la Secretaría de Obras, Desarrollo Urbano y Vivienda del Estado de Tlaxcala, a cargo de Roberto Romano Montealegre, un turbio personaje que ha fungido en su vida profesional indistintamente como funcionario de esa dependencia en unos sexenios… y como contratista en otros.
Burlador de disposiciones
Ignorancia no puede alegar el citado sujeto acerca de la normatividad establecida por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnap), y de los requisitos que deben satisfacerse para obtener un cambio de uso del suelo. La tramitación de esos permisos demanda la elaboración de un estudio de impacto ambiental, y de medidas de mitigación proporcionales al daño infligido a la naturaleza por la obra de que se trate. Resulta paradójico que el primer obligado en cumplir con la norma… haya sido el primero en transgredirla.
Distintas varas de medir
Cabe aquí traer a cuento el caso de la Central de Abastos. El motivo por el que -según la versión oficial- lleva tres años clausurada la obra, fue la falta de un permiso de la SCT para construir una zona de desaceleración que facilitara el ingreso y egreso seguro de los vehículos de carga al inmueble. Quien revisó la documentación y detectó la ausencia del permiso es el mismo funcionario -Romano Montealegre- que, en las obras que son a su cargo, no se siente obligado a cumplir con lo dispuesto por la ley de la que debiera ser celoso guardián.
Intervención insólitamente drástica
El episodio tiene una vertiente política en la que es necesario reparar. Mi memoria no registra casos en que una autoridad federal… ¡exhiba y ponga en orden a una estatal! Y es que el mecanismo habitual para zanjar anomalías es una sencilla llamada telefónica entre secretario, procurador y gobernador, conminando al infractor a rehacer el procedimiento… antes de recurrir a una clausura de alto impacto mediático. ¿Por qué no se produjo esa comunicación? ¿cuál es la causa por la que la omisión del secretario Romano no se subsanó sin escándalo?
Sin ningún control de daños
La respuesta balbuceante de un funcionario de la Secoduvi de modesto nivel -el ciudadano secretario no se dignó dar la cara- no hizo más que aumentar la intensidad del oprobio. No hace falta ser un observador agudo para advertir que, si Romano sigue tan campante en su cargo, la responsabilidad de haber ordenado la ejecución de las obras sin los permisos correspondientes recae directamente en el gobernador. Así las cosas, llama la atención que, tras lo ocurrido, MGZ no haya procedido a sustituir de inmediato el fusible inservible.
Demandas ignoradas de información
A este señor Romano le está lloviendo sobre mojado. Ahora resulta que, en tanto titular responsable de la Secoduvi, se ha negado sistemáticamente a entregar -según reza la nota del Leonel Tlalmis de El Sol de Tlaxcala- la información pública que le han solicitado varios constructores de la entidad. Javier Mena Corona, presidente de la Comisión de Acceso a la Información Pública, reveló que, por la razón apuntada, el funcionario “…enfrenta al menos 18 recursos de revisión…”. Como se ve, la transparencia no va con este señor Romano.
Caja de cristal… empañada
Pero ya que sigue firme en su cargo, quizá valiera la pena que salga al paso de esos y otros reclamos que seguramente se le van a venir en cascada, publicando la lista de obras contratadas por la dependencia, los contratistas beneficiados, el procedimiento seguido para licitarlas, así como las causas por las que deshechó propuestas presupuestalmente menos onerosas para el estado. Si lo hace, contribuirá a airear esa área de la administración sobre la que pesan innumerables suspicacias en este cuarto año de su cuestionada gestión.
Conductas desfasadas
Los tiempos son otros…, y hay quienes no se percatan de ello. Llevado por su propia y natural altanería, y sintiéndose -a saber porqué- inamovible en su puesto, Romano ignora que la discrecionalidad y el capricho ya no son atribuciones de las que los servidores públicos puedan impunemente seguirse valiendo. Hoy dia, la ciudadanía dispone de mecanismos que permiten escrutar sus conductas y, cuando el caso lo amerita, existen las vías legales para exigir el respeto a sus derechos y, por supuesto, la aplicación de las sanciones que procedan.
El “oso” del sexenio
Pero volvamos a la política… y a las consecuencias de los actos en que la torpeza y arbitrariedad del titular de Secoduvi comprometió la figura del mandatario estatal. No se sabe si la visita a Tlaxcala de don Guillermo Haro Bélchez -titular de la Procuraduría Federal de la Protección al Medio Ambiente- estaba programada de tiempo atrás, o si obedeció al incidente de la ausencia de permisos en las obras de la Ciudad Judicial y de la Ciudad de la Salud. No se sabe…, pero el caso es que, el gobernador tuvo que abordar el tema y ofreció que...
…y prometo ser bueno
…y ofreció que “…su administración atenderá cuanto antes los requerimientos administrativos solicitados por la Profepa para reiniciar a la brevedad los trabajos en las ciudades de la Justicia y de la Salud…”. Y dijo también que “…estamos dispuestos a hacer un gran esfuerzo para convencer a la gente de la importancia de trabajar en apego a la norma por sus beneficios al medio ambiente…”. Pues al primero que tendrá que convencer es a su Secretario de Obras, Desarrollo Urbano y Vivienda, don Roberto Romano Montealegre.
El mal ejemplo cunde…
De paso supimos que sólo el 5% de las fábricas instaladas en Tlaxcala cumplen con la ley ambiental. Patético. Me pregunto qué es lo que han hecho -¡y qué hacen!- las dependencias de los tres niveles de gobierno a cuyo cargo está proteger la Naturaleza. Discursos van y discursos vienen, pero bosques, montañas, barrancas, ríos, arroyos y lagunas siguen siendo objeto de continua y brutal depredación. Lo que conocí hace 50 años años no se parece a lo que hoy tengo ante los ojos. ¡Triste herencia la que dejamos a las generaciones venideras!
ANTENA ESTATAL
La prepotencia de doña Gisela
Otra funcionaria que es fuente inagotable de conflictos para el gobernador es Gisela Santacruz Santacruz, secretaria de Comunicacioners y Transportes. Tanto ella como el señor Romano actúan cual si fueran validos del mandatario. Vea usted, amigo lector: en una reunión con diputados celebrada en sus oficinas, la señora Santacruz se reservó el derecho de admisión al encuentro, e impidió el acceso a miembros de la comitiva congresional. Geniuda les espetó: “…estoy en (mi) institución y… ¡estas son las reglas!…”. Más claro, ni el agua.
ANTENA NACIONAL
Elena Poniatowska
En estos últimos días homenajeamos póstumamente a dos figuras egregias de las letras españolas. Tanto el centenario del nacimiento de Octavio Paz como el deceso de Gabriel García Márquez nos hizo tomar revitalizado contacto con la maravillosa obra de ambos. En inevitable contraste, la de la recién premiada Elena Poniatowska parece limitada y carente de relevancia literaria. Que me perdonen los simpatizantes de la señora, pero no hallo en ella -ni en sus libros- méritos suficientes para ser galardonada con el Miguel de Cervantes.
ANTENA INTERNACIONAL
Juan XXIII, un papa bueno y sabio
Profeso admiración -a más de gran simpatía- por Juan XXIII. Giuseppe Roncalli -que tal era su nombre- abrió las puertas de la Iglesia y la acercó a la gente sencilla. Posó su mirada en África, Asia y América y tendió puentes de entendimiento con otras confesiones religiosas. El Concilio Vaticano II rectificó desviaciones y planteó la necesidad de repensar dogmas y disciplinas obsoletas. Y su encíclica Pacem in Terris es de obligada lectura para todo gobernante tentado a recurrir a la violencia para imponer a los demás su visión del mundo.
Juan Pablo II, un papa de claroscuros
Respecto a Juan Pablo II tengo sentimientos contradictorios. Y es que me resulta imposible disociar la figura del papa Wojtyla de la sombra demoníaca de su dilecto Marcial Maciel. Simplemente no puedo entender la protección y el cobijo que dio a aquel monstruo de fingimiento y maldad. Por otra parte, tengo presente la imagen de indecible sufrimiento del anciano papa en los años postreros de su pontificado. Sólo si el dolor llevado hasta el sacrificio fuera virtud que todo lo purifica, entonces entendería su elevación a la santidad. Empero...
LA FRASE
Es del notable pensador mexicano Gabriel Zaid:
“…la corrupción como sistema político fue una solución histórica que debe ser comprendida…, pero no continuada…”
Reflexión que viene como anillo al dedo para quienes creen que el sistema -particularmente en Tlaxcala- no está ya sujeto a una evaluación cada vez más rigurosa de la sociedad.
