• José Vicente Sáiz Tejero
Tiempos de Democracia

 

  • El resultado de la competencia electoral entre Madero y Cordero definirá el devenir de Acción Nacional en la entidad
  • Madero, un consumado y habilidoso político v.s. Cordero, un tecnócrata uncido a la voluntad del ex presidente Calderón 
  • En irreconciliable pugna, los grupos encabezados por la diputada federal Aurora Aguilar y la senadora Adriana Dávila  

  Dos procesos internos tiene en puerta Acción Nacional. En el primero -que está por arrancar- se dirimirá su liderazgo nacional; el segundo -susceptible de aplazarse unos meses- renovará su mando estatal. Si bien son independientes entre sí y ocurrirán en fechas distintas, es probable que el resultado del primero determine el segundo. Es probable… mas no es seguro. Y vale resaltar que, en ambos encuentros, entrarán en la liza los grupos locales que lucharán por las candidaturas federales del 2015, y por la de la gubernatura estatal el 2016.

En manos de la militancia

  En ambas elecciones participará directamente la militancia. Conforme a sus nuevos estatutos del 2013, el PAN dejó atrás sus métodos tradicionales -democráticos y representativos, sí, pero restringidos a las élites- de selección de dirigentes, y trasladó esa responsabilidad a los 219 mil panistas de a pie -en Tlaxcala son sólo 3 mil- que quedaron en su bien depurado padrón nacional. Se avecina pues una lucha en la que el PAN no tiene gran experiencia; será, sin duda, un enfrentamiento duro entre dos facciones que tienen entre sí muchos agravios.

En pos del liderazgo nacional

    En el plano nacional, la pelea será entre Gustavo Madero -actual dirigente- y Ernesto Cordero -senador con licencia-. Es un secreto a voces que, cualquiera de los dos que sea electo como Presidente del Comité Ejecutivo Nacional -Madero o Cordero-, tratará a su vez -cuando se lleve a cabo el proceso interno en Tlaxcala- de inclinar la balanza a favor de su grupo adepto, y también, por supuesto, cuando se llegue la hora de definir las nominaciones a los cargos de elección popular que estarán en juego, señaladamente el de la gubernatura estatal.

¿Quién es Gustavo Madero?

  Madero tiene 58 años y es de Chihuahua capital. Se tituló en Ciencias de la Comunicación en un instituto de inspiración jesuítica en Guadalajara. Se desempeñó en el sector privado hasta que se integró al gobierno de Francisco Barrio. En el 2001 se postuló a la alcaldía de su ciudad natal, pero perdió la elección; empero, en el 2003, ganó la diputación federal y, en el 2006, un escaño senatorial por su estado. En la Cámara Alta coordinó su bancada y presidió el Senado, cargo que dejó para competir -y ganar- la dirección nacional del PAN.

¿Quién es Ernesto Cordero?

  Cordero tiene 46 años y es del Distrito Federal. Es actuario por el ITAM, institución de educación superior fundada por el empresario Raúl Bailleres. Obtuvo el grado de maestro en Economía en la universidad norteamericana de Pennsilvania, donde también cursó estudios doctorales. En México, y con el PAN en Los Pinos, laboró en Banobras, fue subsecretario en Energía y en Hacienda, titular en Desarrollo Social y luego en Hacienda. Tras su fallido intento por competir por la Primera Magistratura, se le consoló con un escaño en el Senado.

Elección decisiva

 El futuro del partido azul se dirimirá entre dos personalidades opuestas con visiones muy distintas de nación. Madero tiene perfil propio, agudeza política y valor para iniciar acciones que significaron avances para el panismo y el país; sin él, el Pacto por México no habría llegado hasta donde llegó. Cordero es un tecnócrata formado en áreas bancarias y hacendarias, de fría y opaca personalidad, poca sensibilidad social y ligado al ex presidente Calderón, de quien fue su fracasado delfín en la batalla por la candidatura panista presidencial del 2012.

Resbalones inolvidables

  Mientras siga actuando en política, a Cordero le perseguirá la vergüenza de haber sido autor de aquella declaración en la que afirmó que “…hay familias mexicanas que con ingresos de seis mil pesos al mes tienen crédito para una vivienda, crédito para un coche, se dan tiempo de mandar a sus hijos a una escuela privada y están pagando las colegiaturas…”. Por su parte Madero, carga con el penoso desacierto de haber nombrado coordinador panista en el Senado a un pazguato de las siderales dimensiones del ínclito Jorge Luis Preciado.

El fantasma de los “moches”

   Entre los panistas y los demás no hay diferencia ninguna; eso está visto. Ya no hay nadie que se trague el cuento de su incorruptibilidad. El tema de los moches les dio la puntilla. No obstante, es un error atribuir en exclusiva el uso y abuso de ese modelo de corrupción a Luis Alberto Villarreal -maderista que coordina a la bancada azul en San Lázaro- y a sus afines. Esa práctica, estimado lector, data del sexenio anterior y, de profundizar en la indagatoria, se llegaría a Hacienda, y al que programaba los egresos de la federación. ¿Así, o más claro?

Madero, amplio favorito para reelegirse

  Valido de encuestas poco confiables y hasta inventadas, Cordero declaró que va adelante de Madero. Dias antes hizo lo mismo Josefina, al informar que renunciaba a competir por la presidencia panista, pese a tener una amplia ventaja sobre sus dos competidores. Es decir: iba a ganar de calle… pero prefirió no competir. ¿Creerán ambos que los panistas son todos tontos? El hecho cierto es que Cordero -solo o asociado con el yunquista Oliva- no tiene el menor chance de ganarle a Madero…, aunque Calderón y sus viudas trinen. Al tiempo.

Las lideresas azules en Tlaxcala

   Las cabezas notorias del panismo local, aquí, en Tlaxcala y allá, en el ámbito congresional federal, son, del lado de Madero, la diputada Aurora Aguilar, y del de Cordero -que es decir del de Felipe Calderón-, la senadora Adriana Dávila.  Una y otra son próximas a los dos candidatos, con la ventaja para Aurora de que ella trabaja en la amistosa cercanía de Luis Alberto Villarreal, su líder parlamentario, y Adriana, en cambio, está -como todos los demás corderistas-  en pugna abierta con el suyo, el ya mencionado Jorge Luis Preciado.

Balance equilibrado entre Aurora y Adriana

   En Tlaxcala, ambas legisladoras tiene tras de sí -y en muy parecidas proporciones- a panistas bien ubicados, tanto en alcaldías importantes como en el Congreso del Estado. Así mismo, las dos gozan de similares simpatías -o antipatías, según se vea- en el Consejo Estatal de su partido. La paridad de sus influencias quedó de relieve en la reciente elección de delegados nacionales, en la que cada una jaló a su grupo la mitad de los cuatro espacios en disputa. Todo pareciera indicar que las fuerzas de una y otra están muy igualadas.

Del amor al odio…

  Pese a que Aurora y Adriana fueron solidarias compañeras en el apoyo a la improbable candidatura de Felipe Calderón, y pese también a que el triunfo coronó aquella aventura que parecía sin destino, lo que apuntaba para fraterna y duradera alianza se transformó en encono y rivalidad. El desencuentro era previsible, dada la intensidad de sus protagonismos, sus contrastantes personalidades y la semejanza de sus metas. Sus proyectos son excluyentes en el PAN tlaxcalteca; es una o la otra, pero no las dos juntas. El duelo es a vencer o morir.

El peso de los alcaldes panistas

   Aunque también entre los grupos panistas es frecuente el trasiego de simpatizantes, y este se reduce o aumenta según la dirección e intensidad con que soplan los vientos políticos, está más o menos claro que, en principio, con Aurora está el alcalde de Tlaxcala -Adolfo Escobar- y el de Huamantla -Alejandro Aguilar-, y con Adriana, el de Apizaco -Jorge Luis Vázquez- y el de Calpulalpan -Vicente Hernández-. Por lo que se puede apreciar, los ediles alineados con Aurora tienen mucha mayor experiencia política que la de los adrianistas.

Las diferencias

  Entre ambas panistas hay una diferencia fundamental: Aurora no aspira a la gubernatura -o por lo menos hasta ahora no se ha manifestado en ese sentido-, y trabajará a favor de quien mejor se posicione en su grupo. Adriana, en cambio, piensa que nadie del suyo debe disputarle el derecho a abanderar al panismo en la lucha por suceder al mandatario actual. Y otra cosa las distingue: Aurora dejará sus tareas legislativas como diputada el año próximo, en tanto que Adriana, como senadora, dispondrá de tres años más.

Conclusión

   Está pues cantado que el futuro del PAN dependerá en Tlaxcala casi totalmente de lo que acontezca en la elección de su presidente nacional. Si gana Madero, Aurora tendrá un espacio en el equipo del chihuahuense y podrá influir en la elección del líder estatal y en las candidaturas del 2015 y el 2016. Pero si acaso venciera Cordero, Adriana se enfilaría sin oposición a su segunda candidatura, y manejaría a su antojo las postulaciones. La clave azul está en la fórmula de Madero-Aurora…, o en la de Cordero-Adriana. Esa es la cuestión.

LA FRASE

   Es de Thomas Jefferson, y tiene que ver con el extravío que de sus principios hizo el PAN cuando fue gobierno. Es, en todo caso, un recordatorio de vigencia permanente. Dice así:

“…la clave de un buen gobierno se basa en la honestidad…”

  ¿Lo volverán a olvidar? Usted, amigo lector…, ¿que cree?