• José Vicente Sáiz Tejero
Tiempos de Democracia

 

  • Las corrientes socialistas deben institucionalizar su vida partidista, sin someterse al capricho de sus liderazgos carismáticos
  • Sin una militancia disciplinada, honesta, enterada, y leal a los principios, es imposible mantener unida a la izquierda mexicana
  • Repercusiones del divorcio de MORENA (un movimiento populista radical), con el PRD (un partido social demócrata moderado)

   En el supuesto de que la ideología socialista sea de alguna manera asimilable a la que a su peculiar estilo practican los distintos grupos que militan en eso que en México llamamos izquierda, en ese supuesto, repito, es pertinente atender a las causas que explican su habitualmente azarosa convivencia y que, vale aclarar, no son todas atribuibles -como a primera vista parece- a la mezquindad de sus liderazgos. Pero antes conviene dar un breve repaso a ciertos conceptos básicos de la teoría política que ayudarán a mejor entender el tema.

La geometría política

  El término izquierda alude al espacio que ocupaban los revolucionarios franceses del ala radical en el hemiciclo donde se escenificaban los debates de la Asamblea Nacional. A ese sector se le conocía como el de los jacobinos, y se ubicaba justo enfrente del lugar que a la derecha del dicho anfiteatro tenían los girondinos, identificados como el ala moderada de la revolución. De ahí el uso universal de esos términos -izquierda y derecha- que, desde entonces, sirven para identificar a las corrientes del pensamiento político.

Sangre jacobina…

 Pero el tema es la izquierda; demos seguimiento al concepto. En la actualidad, la palabra jacobino se aplica al izquierdista radical partidario de adoptar medidas revolucionarias y -en el habla cotidiana- a las personas que se caracterizan por su carácter exaltado e irascible. Antonio Machado, en un célebre poema, alude a sí mismo diciendo que había en sus venas “…gotas de sangre jacobina…”. La reflexión de aquel poeta bueno y sabio aludía a que, en lo íntimo de su ser, palpitaba una fuerza moral que le exigía rebelarse ante la injusticia.

 Principios fundamentales

 Mas no todas las izquierdas se manifiestan en forma radical. La izquierda que deriva de la Revolución Francesa abarca un amplio espectro del pensamiento político, y persigue ideales comunes a todas sus variantes, como la igualdad social, el laicismo, el internacionalismo, y la prevalencia del derecho colectivo sobre el individual. Incluso los jacobinos -que eran republicanos en tiempos de monarquías absolutas-, defendían la soberanía popular, creían en la indivisibilidad de la nación y propugnaban por un estado centralista.

Revoluciones sociales pioneras

   La Historia nos muestra que hubo tiempo en el que sólo con la violencia revolucionaria era posible quitar a las oligarquías dominantes el control político y social de sus pueblos. En el México de Porfirio Díaz fue preciso una sangrienta revolución, y en la Rusia de los zares, otra, aún más cruenta. En México, Lázaro Cárdenas creó un régimen socialista y paternalista de vida efímera, y en Rusia -tras mil avatares- Stalin implantó una longeva y feroz dictadura, en lugar de un comunismo fundamentado en las tesis clásicas de Marx y Lenin.

Herencia del socialismo clásico

 Tardó el mundo en convencerse que la utopía socialista, para subsistir, debía ajustar sus propósitos a la condición humana. Pese a que las tesis originarias acabaron cediendo terreno en prácticamente todos los frentes, la parte humanitaria de sus principios permeó hasta en los gobiernos recalcitrantemente conservadores. Los derechos sociales, los laborales y, en general, los denominados derechos humanos, son parte de las aspiraciones socialistas que hoy están plasmados en las constituciones de la mayor parte de los paises del orbe.

Proceso de adecuación a la modernidad

   A la caída del socialismo real, la izquierda tuvo que adaptar sus acciones a las instituciones liberales que rigen la vida social, económica y política de las naciones en un mundo globalizado. Rehacer la ruta obligó a los socialistas a revisar, no tanto los principios de la doctrina como las vías -léase la lucha armada- que en otras épocas hubieron de seguir para llegar al poder. Se multiplicaron entonces los partidos de inspiración  socialdemócrata que aceptaron la vía electoral y reconocen sin reservas las instituciones del estado moderno.

Avance electoral de las izquierdas

   La izquierda latinoamericana se abrió paso, y gracias al voto libre y secreto, hoy es gobierno en varios paises. Cierto que la interpretación que se da al socialismo en Venezuela, Ecuador o  Nicaragua -dictaduras con disfraz democrático- es distinta a la que se le da en Chile, Uruguay o Brasil, regímenes que se distinguen por su pleno respeto a las reglas de la democracia. Entre tanto, en el viejo continente lo normal es que el poder lo alternen -sin sobresaltos- socialdemócratas y democristianos, versiones centristas de la izquierda y la derecha tradicionales.

A la izquierda de la izquierda

   A esa normalidad democrática a veces la amenazan, aquí y allá, posturas extremas de derecha -imitadores de Pinochet, Franco o Hitler- o de izquierda -émulos de Castro, Stalin o Mao-. Pero excluyamos los fundamentalismos y quedémonos sólo con las expresiones que, pese a que ostensiblemente se apartan del centro político, lo hacen en perfecta observancia de la ley y el orden. Pongo ejemplos: en España, a la siniestra del PSOE está Izquierda Unida, y en México, a la izquierda del PRD pronto se podrá hallar la propuesta de Morena.

El caso mexicano

  Hasta hoy, el PRD era el único partido que representaba a la izquierda. El sol azteca reunió, hace casi veinticinco años, a la Corriente Democrática -una escisión del PRI- con distintas formaciones progresistas que actuaban en forma dispersa. La fusión nunca cuajó; pronto surgieron tribus que, manejadas autónomamente, hicieron imposible la concreción de un frente estable que funcionara sin necesidad de líderes carismáticos de tipo caciquil que, por su propia naturaleza, impidieron el desarrollo de una militancia joven, preparada y sin prejuicios.

Ruptura anunciada

  En nuestro país produce repeluzno la perspectiva de ver a la izquierda en Los Pinos. Esa sensación, patente en el despojo del que fue víctima el moderado Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, se acendró en la derrota que la publicidad empresarial infligió al radical López Obrador en 2006. Las dos corrientes, la moderada y la radical, han reconocido ya que les resulta imposible coexistir bajo las mismas siglas. (Algo análogo acontece en el partido de la derecha, y aunque la decisión todavía no se toma, también se encamina a su rompimiento.)

Divorcio inevitable

 Ni el tema petrolero logró que marcharan juntos. En realidad, López Obrador busca aniquilar al PRD para asumirse, primero, como líder único del movimiento que abandera a la izquierda auténtica; luego, como el defensor por antonomasia del pueblo, y por último, como candidato a la Presidencia en el 2018. La elección federal del ya no tan lejano 2015 dará un adelanto de la verdadera fuerza de MORENA, el instituto político cuyo registro ha solicitado el tabasqueño ante el IFE. Ahí se verá quien es quien en la dividida izquierda mexicana.

La nueva alineación

   Consumada la ruptura, varios personajes significados de la izquierda -Encinas, Pablo, Amalia, y otros ex militantes del viejo Partido Comunista- deberán definir su posición. Nueva Izquierda, la fracción de Zambrano, Navarrete y Ortega, domina en el PRD, y quedará dueña del partido, aunque con la incómoda presencia de Izquierda Democrática Nacional, la tribu de Bejarano y la Padierna. Mancera se ha marginado de los reacomodos, y Marcelo Ebrard flota sin rumbo, declarado persona non grata por todas las corrientes del sol azteca.  

El PRD y MORENA en Tlaxcala

  Y si incierto se ve el panorama a nivel central, más confuso lo está en los estados de la República en los que el PRD -no obstante sus errores y divagaciones- aún tiene presencia. En Tlaxcala, la situación es difícil de entender, pues pese a tener una dirección desideologizada e inestable, le alcanzó para tener representación en el Congreso local. El problema es que, ahora que reaparezca López Obrador con su MORENA, afronta el peligro de registrar deserciones y una significativa merma de votantes que podría convertirlo en partido moralla.

¿Revivirá Sánchez Anaya?

   El efecto López Obrador siempre se dejó sentir con fuerza en la entidad tlaxcalteca. Basta recordar la derrota que aquí sufrió Peña Nieto en la presidencial pasada, y el hecho de que, montadas sobre la cresta de la ola lopezobradorista, llegaron al Senado de la República Lorena Cuéllar y Martha Palafox. No hace falta pues poseer el don de la clarividencia para apostar por la resurrección política de Alfonso Sánchez Anaya y de sus latentes obsesiones dinásticas. Su reaparición agregará interés al proceso sucesorio en Tlaxcala del 2016.

ANTENA ESTATAL

La defenestración del diputado Santiago Sesín

  En el yermo páramo de la política local surgió un tlaxcalteca joven al que bastaron unos días para destacar con fuerza y personalidad. Al Congreso del Estado llegó como diputado del PRD y, de entrada, se hizo -con el voto de sus homólogos- de la Comisión de Administración. Mas el ejercicio independiente de su desempeño provocó que la aplanadora tricolor -con la complicidad de la bancada amarilla- le cayera encima y le quitara del puesto. Victimizar a Santiago Sesín lleva implícito el reconocimiento a su potencial de crecimiento. Al tiempo.

LA FRASE

   El autor de la frase es un filósofo. No es precisamente el de Güemes, pero es de ahí cerca, concretamente de Matehuala, San Luis Potosí. El pensador en cuestión se llama Silvano Garay Ulloa, y tiene dos chambas: trabaja como diputado en el Congreso local, y como Comisionado Político Nacional del Partido del Trabajo en Tlaxcala. Esto fue lo que dijo:

“…primero es la masa y luego la tortilla…”

  Semejante profundidad merecería eternizarse en piedra. 

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