• José Vicente Sáiz Tejero
Tiempos de Democracia

 

  • El reto del gobierno de Peña Nieto: desenredar los hilos con los que se fue tejiendo la compleja urdimbre del crimen organizado en Michoacán
  • Antes de determinar responsabilidades, deberán conocerse las distintas motivaciones de cada una de las facciones participantes en el conflicto
  • La extrema gravedad de la problemática michoacana justifica la excepcionalidad de las medidas que se adopten para resolverla.

  Lo que se vive en Michoacán es -para llamar a las cosas por su nombre- una verdadera guerra civil y, como toda contienda fraticida, un complejo crucigrama difícil de resolver. Discrepo por eso de los que, asumiendo una posición ciegamente simplificadora, piensan que la paz regresará a tierras tarascas sólo cuando las fuerzas del estado reciban la orden de cargar contra los alzados, para eliminarlos o para encarcelarlos, sin distinguir de entre ellos a quienes tomaron las armas por las buenas razones… y a quienes lo hicieron por las malas.

Mal inicio

   Desde que Calderón tuvo la mala idea de disfrazarse de general para presentarse en la entidad que lo vio nacer como el comandante supremo de los ejércitos de tierra, mar y aire, supimos que, para enfrentar al narcotráfico, había optado por la violencia -legal sí, pero violencia al fin-, y que habría de correr mucha sangre. Ochenta mil fueron los muertos en seis años, de los que Michoacán pagó su cuota con amplitud. El cáncer que se quiso extirpar a balazos, se diseminó por todo el estado en virulentas metástasis cada vez más letales.

La solución militar

   Pasadas apenas tres semanas de la intervención militar, se hizo saber que ya se habían detectado ¡14 mil sembradíos de mariguana! De ello pudo colegir Calderón que, detrás de esos cultivos, había un entramado de complicidades y silencios que abarcaba a pueblo y autoridades. Pero no coligió eso; es más, no coligió nada. Y es que Calderón nunca fue buen colegidor. Se produjo en efecto la espiral trágica esperada y, como la mitológica hidra de las mil cabezas, el delito creció y se diversificó, cobrando nuevas y más agresivas formas.

 Desatención federal y desgobierno estatal

   Ya en el actual sexenio, el gobierno federal -ocupado en su tarea reformista-, pareció desentenderse del asunto o, por lo menos, no le dio la importancia que hoy sabemos que tiene. Aprovechando ese descuido, y la inexistencia de la autoridad estatal y la de los municipios afectados, los grupos delictivos -en especial el que se hace llamar “caballeros templarios”- se apoderaron del espacio que le corresponde al estado. En ese escenario de total desgobierno, ocurrió lo esperable: crimen, caos y anarquía se enseñorearon en la entidad michoacana.

Territorio sin ley

   Sin nadie que les obligase a acatar y cumplir la ley, los tales caballeros templarios actuaron con absoluta e indisimulada impunidad, traficando con todo tipo de enervantes, cobrando impuestos -los llamados derechos de piso- y adueñándose de las actividades productivas de esa rica región agrícola y ganadera, amén de cometer todo género de atrocidades en contra de la inerme población civil. Ese fue el caldo de cultivo que propicio el surgimiento y la multiplicación -a atemorizante velocidad- de los grupos comunitarios de autodefensa.

 La intervención

   Para colmo, la endeble salud del mandatario michoacano le obligó a ausentarse, y a ser temporalmente sustituido por un interino -su secretario de gobierno- sospechoso de colaborar con el narco. Esa situación -por muchas razones asimilable a la de un estado fallido cuyas instituciones dejan de funcionar al ser cómplices y/o rehenes del crimen-, en esa situación, repito, el gobierno central no tuvo otra salida que intervenir, y lo hizo saturando la región de Apatzingan y de Tierra Caliente de policías federales y militares para suplir a las corrompidas e inoperantes gendarmerías estatales y municipales.

El Acuerdo de Tepalcatepec

  Que un comisionado federal haya tenido que hacerse cargo del trabajo de un gobernador fantasmal puede que haya sido inconstitucional, pero era indispensable. Puesto de improviso ante la emergencia pero dotado de muy amplias atribuciones, el comisionado tomó decisiones sobre la marcha. La más controvertida de ellas fue la invitación a las autodefensas para sentarse a dialogar y para firmar un acuerdo que, si bien tiene mucho de perfectible, significó una tregua -una especie de alto al fuego- que permite a todos repensar sus términos.

 Valoración y diagnóstico

  Además de la rapidez con que proliferaron las autodefensas y de su capacidad para movilizar contingentes numerosos de gente equipada con armamento de alto poder, además, repito, de esos dos factores de por sí preocupantes, el comisionado tiene ante sí el reto de descifrar el origen del financiamiento que hizo posible su existencia. Al respecto caben tres teorías: 1) que se hayan financiados a sí mismos; 2) que lo hayan sido por grupos empresariales locales o, 3) que su patrocinio haya corrido a cargo de cárteles adversarios a los templarios.

      Identificación de las partes en conflicto

  De las tres, la que menos inquieta es la primera, por cuanto la incorporación de sus efectivos a la legalidad no se augura problemática. La segunda es una variante de las llamadas guardias blancas o paramilitares, cuerpos mercenarios que, por su propia naturaleza, son más reticentes a deponer las armas y a aceptar las fórmulas de reinserción que ofrece el gobierno. La más riesgosa es la tercera: que sea otro cártel que busca adueñarse de la zona en conflicto. Sin embargo, lo probable es que se esté ante una mezcla de todas ellas.

 Amnistía y reinserción

   El desafío del comisionado equivale a estar al pie de una montaña más alta que el Everest con la encomienda, o mejor dicho, con la obligación, de escalarla en unos cuantos días y sin tener ningún conocimiento de las rutas menos escabrosas. Aunque el plan de amnistiar a los alzados a cambio de que registren sus armas y se integren a las fuerzas regulares está condicionado a la captura de los cabecillas templarios, creo que es un avance que llevará tiempo consolidar pero que puede conducir a una solución estable y, sobre todo, pacífica.

Va de historia… dos distintas soluciones

  Para controlar un foco rebelde, don Porfirio recurría a la leva, y con los propios reclutas del lugar pacificaba a los insumisos sin merma ni daño de los ejércitos regulares de la República. Corría sangre a raudales, pero el dictador imponía el orden en las zonas insubordinadas. Y hay también el precedente de las novelescas pero reales guardias rurales, hombres armados que hacían justicia por su propia mano en un agro -el del siglo XIX- en constante agitación, a los que Benito Juárez legitimó y organizó con el nombre de Cuerpo de Policías Rurales.

¿Guerra sucia… o reconstrucción social?

  El caso de las autodefensas michoacanas, seguido muy de cerca por el de los guardias comunitarios guerrerenses, son los problemas más graves a los que el estado mexicano se ha enfrentado desde los años setenta. El tema es polémico y genera confusión, no sólo en la opinión pública sino también entre expertos en cuestiones de seguridad. Empero, creo que la vía de la conciliación planteada, junto con una operación que resulte en un acoso constante y eficaz al grupo sedicioso, es la mejor alternativa que tiene el gobierno federal a la mano.

ANTENA INTERNACIONAL

La mariguana y Obama

   El presidente estadounidense, que parecía irreductible en la defensa de la fracasada posición norteamericana respecto de las drogas, ha dicho que fumar mariguana lo ve como un mal vicio, similar al tabaco y no más peligroso que el alcohol, y que observa con interés la evolución de la liberalización de la producción, venta y consumo de la cannabis en los estados de Washington y Colorado, mesurada actitud que contrasta con la exigencia que su gobierno mantiene para que México siga persiguiendo, encarcelando y matando narcotraficantes.

Que México se haga escuchar…

   Nuestro país, siempre a la zaga de lo que ocurre en otras naciones, y pese a ser el más dañado por un prohibicionismo en pleno descrédito mundial, aguarda pasivo su derogación mientras se nos desmorona el orden social en varios estados de la República. En paralelo con los esfuerzos por pacificar  Michoacán y Guerrero, México debía, no sólo sumarse sino ponerse a la cabeza de las voces internacionales que claman por una revisión urgente de políticas obsoletas que han sido causa de perjuicios mayores que aquellos que buscan evitar.

A favor de un acuerdo internacional

  Si la ONU sancionara un nuevo arreglo en materia de drogas consideradas ilegales -v.gr. la mariguana-, el gobierno federal mexicano podría volver sobre su inicial propósito de prestar especial atención a los delitos que verdaderamente afrentan a nuestra sociedad -secuestro, violación, robo con violencia, etc.-, reencauzando hacia fines de carácter social y educativo los recursos que actualmente se destinan a combatir a los que se enriquecen traficando con la yerba. Esa es la punta de la madeja que hay que jalar para desbaratar el embrollo.   

LA FRASE

  Mas que una frase, es una cita del semanario británico The Economist, en referencia a la pionera legalización de la producción, distribución y consumo de mariguana promovida en su país por el Presidente de Uruguay, don José Mujica.

“…la regulación de todo el ciclo comercial de la cannabis es un cambio tan claramente razonable, que arrincona a los delincuentes y permite a las autoridades concentrarse en delitos más graves…”

   Son reformas -añade The Economist- que no se limitan a mejorar un país sino que, si se imitan, beneficiarían al mundo.