- Datos incontrovertibles demuestran que la entidad está en camino de superar el estancamiento económico
- El informe nos presentó la visión de sólo una de las muchas caras que tiene el poliédrico prisma de la realidad tlaxcalteca
- Apertura, visión autocrítica y sensibilidad, actitudes imprescindibles para reforzar aciertos y enmendar yerros
Comienzo este artículo reconociendo que concuerdo con la mayoría de los programas del gobernador González Zarur y que, además, estoy convencido que, si logra llevarlos a buen puerto, Tlaxcala habrá dado un paso trascendental hacia su despegue económico. La admisión de esas coincidencias con seguridad excitará la imaginación de quienes siempre están al acecho de descubrir contubernios censurables. Mas antes de que haga usted, amigo lector, su propio juicio, siga por favor leyendo, porque también expondré discrepancias importantes.
Material para los malosos
Se que lo escrito suscitará opiniones adversas y que habrá malintencionados que verán motivaciones inconfesables en ello. No me importa en absoluto. Se que en ese fenómeno influye, más que mi quehacer como opinador, la reacción que provoca el intenso y polémico estilo personal del mandatario. Esa malquerencia llega al punto de que hay quien duda hasta de la certeza de las estadísticas que manejó en su informe, y que no provienen del gobierno estatal, sino de instituciones reputadas por su autonomía, seriedad y profesionalismo.
De coincidencias… pero también de discrepancias
Las coincidencias que tengo con las medidas tomadas por González Zarur tienen que ver con el afán de mejoramiento implícito en ellas y, obviamente, con la constatación de su efectividad. Pero hay también, como digo, discrepancias, y ellas derivan de la manera en que esas medidas se explican y aplican. En otras palabras: hay acuerdo con el fondo, pero desacuerdo con la forma. No es problema de temas, es de modos; creo incluso que ello explica el rechazo que su partido sufrió en los últimos procesos electorales en los que participó.
Cifras que confirman avance
La conformidad con el fondo de las medidas se sustenta en la irrefutabilidad de los números. Las tendencias negativas se revirtieron y en varios rubros se ha avanzado, si bien de forma modesta e insuficiente. Las inercias del retroceso así como el depresivo y desalentador estancamiento de los últimos años quedaron atrás, aunque debe tenerse presente que el camino por recorrer es todavía largo. No abundo en cifras, porque a ellas me referí el pasado lunes, y porqué con más amplitud y detalle las expuso en su informe el ciudadano gobernador.
Importancia de una buena narrativa
Toca ahora revisar los flancos menos cuidados del trabajo de González Zarur. Empecemos con la narrativa adoptada para describir la situación en que halló Tlaxcala, y las causas a las que atribuyó su rezago. El acento agresivo de su discurso de toma posesión se tornó reiterativo y circular con el transcurrir de los meses, abundando en términos que no se ajustaban a la realidad que la sociedad percibía. Y al definirse como coordinador de los tlaxcaltecas pareció tergiversar la voluntad de quienes votaron por él, pero para gobernador.
Costos de la precipitación
Por otro lado, las primeras disposiciones de su administración se instrumentaron sin una valoración previa de las posibles reacciones sociales. Un caso significativo fue la suspensión de las ayudas a los adultos mayores durante los meses que duró el reordenamiento del programa y la depuración de los listados de beneficiarios. Y aunque los apoyos finalmente se reanudaron, el daño se había causado con el consecuente resentimiento de los afectados. Ahí brotaron los primeros signos de distanciamiento entre la gente y el gobierno.
El misterio de la empatía
Otro factor que afectó la imagen de González Zarur es el tono severo y hasta adusto que el mandatario imprime a sus palabras, incluso en eventos en que entrega beneficios a la población. Apunta también en la misma dirección la tensa relación que mantiene con la prensa local; la tirantez reinante en sus intercambios declarativos con los medios es la causa del ambiente poco cordial que tiene entre el gremio reporteril tlaxcalteca, situación que sin éxito se busca revertir con notas oficiales que parecen todas hechas con el mismo troquel.
El ceremonial del informe
Pero vayamos al informe trienal -que no anual- que ofreció González Zarur a sus invitados al Centro de Convenciones de Tlaxcala. El acto, lucido, bien organizado y montado en un escenario de buen gusto y sumamente cuidado, contó con los recursos que provee la moderna electrónica: pantallas que magnifican el tamaño de las imágenes sin demérito ninguno de su calidad, y un sonido que funcionó a la perfección. Si se me permite el símil, fue un evento concebido y realizado de modo tal que nos hizo regresar a la época del partido único.
La lectura del mensaje
El discurso de González Zarur no fue extenso y lo pronunció a velocidad de trabalenguas. A causa de esa celeridad tuvo tropiezos de dicción que hicieron difícil seguir el hilo de sus ideas. Sin embargo, merced a la agradecible concisión del documento y al énfasis con que fue leido, la alocución no cansó a un auditorio seleccionado cuidadosamente y siempre dispuesto al aplauso. En ese sentido, los invitados especiales -entre los que había algunos personajes impresentables- se deben haber llevado una excelente impresión del evento.
Los contenidos
Los informes de antaño tenían todos un halo triunfalista, y el del pasado martes no fue la excepción. Eran también punto de encuentro y celebración para la clase política en el poder, como lo fue este al que nos referimos. En ese escenario -más social que formal- es entendible que el informante destaque sus logros y evite hablar de sus pendientes. Empero, sí hubo una omisión importante: la política interior. Creo que se perdió una ocasión propicia para invitar a la oposición a trazar un camino consensado de crecimiento y progreso para Tlaxcala.
Entre el halago y la crítica…
El aplauso y los abrazos inevitablemente ejercen un efecto distorsionante en la visión y el ánimo del gobernante. Se necesita temple y carácter para que la capacidad autocrítica no naufrague en ese océano de porras, halagos y sonrisas. Es en esta etapa del sexenio cuando los frágiles de espíritu cierran sus oídos a la crítica y atienden sólo a la lisonja, pero es también el tiempo en que el político maduro y seguro de sí mismo resiste la adulación, reconoce sus errores, y se abre a escuchar ideas y opiniones distintas a las suyas.
El encuentro con el embajador norteamericano
Imposible no mencionar un pasaje que improvisó a la mitad de su comparecencia el gobernador González Zarur. El mandatario abordaba el penoso tema de la trata de personas cuando apartó la mirada del texto que leía para referirse a la entrevista -informal y fuera de programa- que sostuvo, aquí en Tlaxcala, con el embajador estadounidense Anthony Wayne. Lo que pretendió ser una explicación del nebuloso encuentro acabó enredando más su interpretación. No se supo quien era el que ofrecía las disculpas… y quien era el que las recibía.
La prospectiva
El proceso declinante de la economía tlaxcalteca se detuvo y se percibe una cierta claridad en lo que pudiera ser el final del túnel en que deambulábamos extraviados. La superación del status deprimente en que por años nos hundimos está en vías de aliviarse. Pero antes de que prematuramente se hable de consolidación de los incipientes avances y conscientes de que el camino por recorrer es aún larguísimo, hay que acelerar la cadencia del trabajo y -mediante actitudes verdaderamente incluyentes- incorporar a los escépticos al esfuerzo colectivo.
Los factores humanos
Cierto es que la política no es -ni debiera ser- un concurso de popularidad. En rigor, la ciudadanía tendría que juzgar a su gobernante sólo por los resultados de sus políticas públicas, que son, en última instancia, las que repercuten en un mejoramiento o en un empeoramiento de su calidad de vida. No obstante, hay otros factores -amabilidad, sencillez y buen trato- que tambien influyen en el aprecio de la gente hacia su mandatario, y que son, a la postre, los que determinan -como recien acaba de suceder- la conducta del elector en las urnas.
ANTENA NACIONAL
Los polis michoacanos
En conferencia de prensa en Morelia para informar de los avances de la estrategia de seguridad federal implementada en la entidad, se dio a conocer que 388 elementos de las policías de varios municipios de la Tierra Caliente han sido enviados al centro de adiestramiento (¿) de Tlaxcala para ser sometidos a exámenes de evaluación. Esos exámenes suenan más a interrogatorios en los que -simple precaución- debería contarse con la presencia de alguna visitaduría de Derechos Humanos. Y además… ¿por qué aquí, en Tlaxcala?
LA FRASE
Es de Fausto Vallejo, el mandatario de la entidad tarasca, y la pronunció en entrevista posterior a la ceremonia en que se anunció que Alfredo Castillo sería el Comisionado Federal para la Seguridad en Michoacán. Esto fue lo que dijo:
“…no soy un pelele ni un títere ni una persona que sus valores le permitan entregar la sobernía del Estado…”
Conmueve la figura y la palabra de un hombre que, en buena lógica, debiera ocuparse antes de su deteriorada salud que de enfrentar a las organizaciones criminales que por años han campeado a sus anchas por tierras michoacanas.
