En Tlaxcala, con la rendición del II Informe Ciudadano, queda claro que además de una “división de poderes”, también esta se refleja con fiereza en la división de clases sociales, no se mezcla la clase política en el poder, con la representada por el pueblo.
De esta forma, durante el informe realizado en el Centro de Convenciones, la organización hizo evocar tiempos que supuestamente se habían remontado, pero que siguen más vivos que nunca.
Como en los tiempos de Don Porfirio, la ahora llamada “indiada” por funcionarios y políticos, tras lograr su voto, no son dignos de pisar el mismo suelo o de escuchar, salvo de lejitos, lo que se les informa.
Esto nos lleva a recordar situaciones que como en esos tiempos vivían los tlaxcaltecas a manos de los hacendados, amos de vidas y de todo, hasta donde alcanzara la vista.
Organizaban sus fiestas a toda pompa, la entrada era restringida, pura gente bonita, las mujeres vestían a la moda, perfumados y con amplios vestidos, sombreros y ellos, los varones, se creían franceses o españoles.
Los nativos, la indiada estaba destinada para servir, no podían sentarse a la misma mesa, como ahora, no tenían derecho a participar en los bailes de salón.
Al final la peonada le agarró el gusto a estas fiestas, comenzaban con mucho caché, pero al final los señores amos se ponían hasta la madre, hacían desfiguros y eran la pura diversión de los criados y peones.
Por eso, el carnaval en Tlaxcala nace por la burla de los indígenas, como respuesta a las fiestas de los hacendados españoles, ya que se les negaba el acceso a estas.
Entonces bailaban en atrios, plazas y calles, imitando de manera sarcástica la fiesta de sus patrones, con extravagantes trajes y movimientos.
Cubren sus rostros para que sus patrones no descubran quiénes son los burlones, de ahí que las máscaras de los "huehues" sean de ojos claros y detalladas tratando de figurar el rostro del español colonizador.
Curiosamente, en esta ocasión al frente pusieron a una bola de viejitos, eso si en lugar de caballos llegaron en helicópteros y hasta traían a su jefe, los ex parecían como espantados, al ser enfocados por un momento con los reflectores.
No hay que olvidar que los reflectores alumbran, pero también queman.
Dos tlaxcalas afloran, una de los bien informados y la otra, la que de los que no son invitados y no puede entrar a la fiesta, no la dejan y solo le queda imaginarse como son las cosas, que no entenderlas.
Por ejemplo en el asunto de la pobreza, que dicen ha bajado cinco por ciento, a ver, si en Tlaxcala hay un millón de habitantes, ese cinco por ciento que ya no son pobres seguramente son ni más ni menos que nuestros servidores públicos.
Hay que sumar a los que integran los tres poderes, sus satélites como la Cedht, Caiptlax o IET, a los federales, y recientemente a los que llegaron a las 60 presidencias municipales y de comunidad, sin duda son ese cinco por ciento.
En eso del empleo, se nos dice que son cifras oficiales, la gente se imagina que ese es el resultado de tantos viajes al extranjero, no sabemos cuánto nos cuestan pero debemos de estar agradecidos.
Baste saber que si bien es cierto que no se crean físicamente los empleos, se dan, con el resultado de estos viajes las condiciones para la inversión, eso cuesta sueldos, hoteles, comidas y hasta sacrificio, por eso debemos estar agradecidos.
Ya para no hacer más elucubraciones, nos dijeron que se han pintado un montón de escuelas, esas con sus grecas, seguramente quienes pintan y los que surten de miles y miles de litros de pintura están más que felices.
Hay de estilos a estilos, eso es personal y ahora los remanentes son enormes promocionales como en tiempos de ASA, las sesudas entrevistas en algunos medios de comunicación.
En fin que vivimos a plenitud las bondades de un sistema de gobierno que para algunos es lo máximo, ahí no hay errores, no hay preocupación, todo está bien, es bonito y solo los necios son quienes todo lo critican y todo lo ven mal.
Debemos sentirnos orgullosos de que nos quieran tanto, de que nos manden abrazos y su corazón figurado, de que nos hagan el favor de comprar y regalarnos sarapes para el frío, al fin y al cabo los compran con nuestro dinero.
La vida sigue, las familias deben enfrentar la lucha diaria, tronándose los dedos porque ha subido el pasaje, los impuestos al comercio alguien los tiene que pagar, siempre ha sido el pueblo el consumidor, sube la gasolina.
Los niveles de inseguridad espantan, pese a todo las familias están más unidas que nunca, en la adversidad el calor del hogar calienta más que las palabras, que las falsas promesas, que la arrogancia, altanería y el poder efímero.
Mientras el frío arrecia, este invierno viene caro y más crudo que nunca, pero la madre naturaleza es sabia, este frío nos libera de plagas, no hay moscas, los chapulines ya se helaron, no hay mosquitos.
Por eso en estas dos tlaxcalas, hay una cosa que no se puede negar, el tiempo y el frío nos libran de plagas de dos o más patas, solo es cuestión de que avance inexorablemente el reloj de la sucesión, porque no hay mal ni sexenio que dure cien años… TIC, TACK, TIC, TACK.
