Otra vez nuestros diputados locales fueron vergüenza para Tlaxcala a nivel nacional, las y los diputados locales fueron víctimas de penosa agresión por habitantes de San Andrés Ahuashuatepec, sembraron vientos y cosecharon tempestades.
Es una humillación para los tlaxcaltecas, no solo para los diputados locales lo que hicieron algunos agremiados del sindicato 7 de mayo, junto con las huestes perredistas de Tzompantepec.
La lluvia de huevos en la sala de sesiones es prueba del repudio social, es causa del comportamiento disipado de los legisladores, que algunos medios de comunicación pomposamente llaman “congresistas”, es de pena ajena.
Piden y exigen respeto, cuando han sido ellos los que no muestran respeto a los tlaxcaltecas o para su investidura, sus actitudes revanchistas, de enfrentamiento y de chismes de lavadero que han llevado a la más alta tribuna de Tlaxcala.
Por otro lado cobran elevadísimos salarios, no rinden cuentas, solapan a los alcaldes tranzas y por si fuera poco su comportamiento en las sesiones es una ofensa para los tlaxcaltecas.
Van a las sesiones a tomar café, se la pasan en el chisme que llaman cabildeo y las llamadas por celular y sus ausencias de la sala de sesiones son una constante.
Incumplen con las agendas de trabajo y en verdad son un ejemplo a nivel nacional de lo que no debe de hacer una legislatura, lo de este martes es una muestra del hartazgo de los tlaxcaltecas.
Es evidente que mientras altos funcionarios viven en su “isla de la fantasía”, Tlaxcala y sus municipios poco a poco se vuelven ingobernables, lo principal es la inseguridad y la grilla de quinto patio.
Por ejemplo, si analizamos lo que ocurrió en el palacio legislativo, nos daremos cuenta que un grupo de perredistas de Tzompantepec, que no toda la población, se manifestó ante los diputados.
Tras este “movimiento” se encuentra una diputada local perredista que no ha dado una, primero que sus regidores fueron víctimas de una injusticia por parte de la alcaldesa.
Pero no dice los motivos por lo que no han ido a cobrar esos cuatro regidores sus salarios que van a cobrar o que pretenden sin trabajar, se van a embuchacar casi cien mil pesos, por no hacer nada.
El problema de la presunta venta del cerro, no es más que otro caso de paracaidismo, como el que se vive en San pablo del Monte y en ese lugar se dio la batalla histórica de españoles contra tlaxcaltecas.
Tuvo que intervenir el INAH, para frenar los asentamientos humanos irregulares, en el caso reciente del agua potable. lo que no se dice es que los administradores del comité de San Andrés, también son del PRD.
Que les cortaron la energía eléctrica por falta de pago, que quemaron la bomba y que amenazaban con agresiones físicas a los deudores, que no son capaces de administrar lo que recibieron por usos y costumbres.
Total que dependiendo de lo que ocurra en los próximos días, seguramente va a pasar lo que vieron los perredistas el siete de julio, cuando hicieron un escándalo mediático, por la aparición de un tráiler cargado de cemento.
Es diputada que en ese momento se desgarro las vestiduras y casi se corta las venas, tuvo que reconocer que al final simplemente el chofer del tráiler se había perdido y que el cemento y varilla no fueron a cambio de votos.
No se duda de la empatía con los burócratas que llegaron a meterse por la fuerza a la sala de sesiones, juntos y revueltos agredieron a nuestros diputados, les aventaron huevos.
Lo que llama la atención fue que mansamente obedecieron al llamado del perredista Gelacio Montiel Fuentes, quien los llamó al orden y como corderitos se calmaron y dejaron de agredir.
Esto nos recuerda los tiempos de doña Beatriz paredes, cuando las presiones de pequeños grupos servían para obtener prebendas y dinero, pero el pueblo tiene memoria y no olvida.
No será que ahora esas enseñanzas del pleito ratero, de las agresiones y los insultos van a regresar a Tlaxcala, ahora que el gobierno se va a convertir otra vez en empresario de la feria…A VER QUE PASA.
